Durante la Edad Media, los burgos eran poblaciones de cierta importancia donde se celebraban mercados. Los burgos dieron lugar a las ciudades medievales, que se organizaron en torno al comercio y la artesanía. Las ciudades, despobladas desde la caída del Imperio Romano, se convirtieron en centros de intercambio de productos agrícolas y lugares desde los que los artesanos retomaron la producción textil, cerámica y de herramientas.