Los creyentes, como ciudadanos celestiales, deben vivir conforme a los principios bíblicos, enfocándose en lo espiritual y no en lo terrenal. Se enfatiza la importancia de mantener una vida pura y en paz, mientras se actúa dentro de la autoridad divina establecida. La esperanza reside en la redención y transformación prometida por Jesucristo, quien ejercerá su dominio sobre todas las cosas.