El documento habla sobre la diferencia entre tener una fe genuina y una fe muerta. Explica que una fe verdadera no se basa solo en lo que decimos, sentimos o pensamos, sino que se demuestra a través de obras como ayudar a los necesitados. Usa los ejemplos de Abraham y Rahab para mostrar que la fe se perfecciona y se justifica por las obras. Concluye diciendo que los cristianos auténticos no solo hablan de su fe, sino que la demuestran a través de sus acciones.