La contaminación electromagnética comenzó en 1882 con la instalación de las primeras redes eléctricas y ha ido aumentando con el desarrollo de tecnologías como la radio, televisión, radar, telefonía móvil y redes inalámbricas. Estos campos electromagnéticos pueden afectar la salud humana, alterando el ADN y afectando glándulas como la pineal, relacionada con el cáncer. Es recomendable limitar el uso de dispositivos móviles, especialmente entre los jóven