Dios es
AMOR
DEUS
CARITAS
EST
ENCÍCLICA
BENEDICTO XVI
25 DICIEMBRE2005
Benedicto XVI
• Benedicto XVI, de nombre secular
Joseph Aloisius Ratzinger, ha sido el
265.° papa de la Iglesia católica y
séptimo soberano de la Ciudad del
Vaticano.​Resultó elegido el 19 de abril
de 2005 tras el fallecimiento de Juan
Pablo II, por los cardenales que
votaron en el cónclave.
Encíclicas escritas por Benedicto XVI
• Deus caritas est (Dios es amor),
sobre el amor y la caridad
eclesiástica;
• Spe salvi (Salvados en la
esperanza), sobre la esperanza
cristiana;
• Caritas in veritate (Caridad en la
verdad), de carácter social
Renuncia
• El papa Gregorio XII
• El papa Benedicto XVI
Dios es
AMOR
DEUS
CARITAS
EST
ENCÍCLICA
BENEDICTO XVI
25 DICIEMBRE2005
Una encíclica en 2 partes
“Deus Caritas Est” tiene dos partes
claramente diferenciadas:
 La primera reflexiona sobre el
significado del amor cristiano y su
relación con el “eros”.
 La segunda presenta orientaciones para
fortalecer en la comunidad cristiana la
práctica del mandamiento del amor al
prójimo.
1ª
2ª
PARTE PRIMERA
EROS Y AMOR CRISTIANO
Amor, una palabra usada y abusada, con múltiples
significados.
¿Hay algo que unifica todos esos sentidos tan diversos, o
con la misma palabra hablamos de realidades
completamente diferentes?
Los autores del NT para expresar el amor debían elegir
entre varios términos griegos: “eros” (amor entre
hombre y mujer); “philia” (amistad), desarrollado en el
Evangelio de Juan; finalmente la palabra preferida fue
“agapé”, hasta entonces poco utilizada.
Agapé: la novedad cristiana
El amor cristiano descentra, invita a superar el
egocentrismo y hacer espacio para la preocupación por
el otro. En vez de buscar la embriaguez de la felicidad
personal, ansía el bien del amado.
Agapé aspira a ser “definitivo”: de ahí la exclusividad
(sólo esta persona) y su carácter estable (para
siempre).
Este amor también es “éxtasis” pero no como arrebato
momentáneo, sino como liberación del sí y salida
permanente hacia el otro: “El que pretenda ganar su
vida, la perderá (Lc17,33).
Eros y Agapé,
¿opuestos o complementarios?
A menudo se simplifica el
antagonismo:
 Eros sería: amor mundano,
vehemente, posesivo.
 Agapé: amor fundado en la fe,
sereno, oblativo.
En realidad ambas realidades nunca están completamente
separadas. El “eros,” cuando no es pura exaltación corporal, se abre
ordinariamente al “agapé”. Por otra parte, nadie tiene un amor
puramente oblativo; también necesita recibir.
En conclusión, el amor es una única realidad, con dos dimensiones
complementarias.
Cristo, imagen unificada
del amor
El Dios del AT es pasión y es también entrega generosa.
En Cristo la pasión por el ser humano lleva a Dios a
entregar a su hijo, a salir a buscar la “oveja descarriada”,
la humanidad doliente y extraviada.
La cruz es la expresión más dramática de unidad entre
pasión y entrega radical. A partir de ella, el “amor” debe
ser redefinido.
Eucaristía: unidad del
amor
El sacramento eucarístico subraya la unidad entre la
dimensión vertical y horizontal del amor: la unión con
Cristo es inseparable de la apertura a la humanidad.
La comunión nos hace salir de nosotros mismos, hacia Dios
y hacia los hermanos. No hay amor a Dios sin amor al
prójimo. No hay pasión por Dios sin pasión por el
servicio.
Esta unidad entre culto y compromiso explica por qué a la
Eucaristía se le llama agapé.
Parábolas del amor
descentrado
Tres parábolas reflejan esa unidad entre fe y apertura a los
que sufren:
 El rico Epulón (Lc 16,19-31);
 El Buen Samaritano ( Lc 10,25-37);
 El Juicio Final (Mt 25,31-46).
Amor a Dios y al prójimo se funden. En el más humilde
encontramos a Jesús y Jesús es el único camino hacia
Dios.
Amor a Dios y amor al
prójimo
La fe y el amor a Dios no son solo un sentimiento. Implican
también, como toda relación humana, una voluntad de
compromiso.
La historia entre Dios y el ser humano es justamente una
comunión de voluntad que crece en la relación, de modo que
nuestros deseos se van identificando con los de Dios.
En ese proceso la “ley de Dios” deja de ser algo extraño,
impuesto, y se hace ,cada vez más, convicción y voluntad
propia. De pronto, el abandono en Dios es fuente de una
profunda alegría.
Una fe que potencia el
amor al prójimo
En Dios y con Dios es posible amar a la persona que no me
agrada o que ni siquiera conozco.
La comunión de voluntad con Dios puede lograr lo
humanamente imposible: mirar a los demás con los ojos
de Cristo y ofrecerle, más allá de apariencias o
sentimientos egoístas, el reconocimiento de quien está en
ante algo sagrado.
Si en mi vida falta el contacto con Dios, no podré ver en el
otro rasgos de su imagen divina. Y, al contrario: solo el
servicio al prójimo purifica mi relación con Dios y la hace
auténticamente cristiana.
PARTE SEGUNDA
LA IGLESIA, “COMUNIDAD DE
AMOR”
Decía San Agustín: “Ves la Trinidad si ves el amor”.
El Padre, movido por el amor (Jn3,16) envía a su Hijo para
redimir la humanidad. Este, cumpliendo la voluntad del Padre,
“entregó el Espíritu” (Jn19,30). Tras la resurrección, ese
Espíritu armoniza nuestros corazones con los de Cristo y nos
mueve a amar como El nos ha amado.
El Espíritu actúa en cada creyente y en la comunidad eclesial.
Toda la actividad de la Iglesia tiene solo un sentido: expresar
un amor que busca el bien integral del ser humano.
La Caridad, tarea de la Iglesia
El mandato del amor es tarea para cada creyente pero
también para el conjunto de la comunidad.
Para que poner en práctica el amor se necesita
organización, es decir ordenar este servicio
comunitario.
En los Hch 2,42 se enumeran los elementos constitutivos
de la Iglesia primitiva: adhesión a “las enseñanzas de los
apóstoles”, a la “koinonia” (comunión), a la “fracción del
pan”, y a la “oración.” En los v. 44-45 se concreta el
significado de la koinonia: “vivían todos unidos y lo
tenían todo en común.”
El servicio a la caridad se
consolida
En Hch 6,1-6 se nos narra el origen del ministerio diaconal.
Un grupo de “varones” se encargarían de atender a las
viudas. Pero estas personas no eran “técnicas” sino
creyentes llenos de Espíritu y de sabiduría.
Así el ejercicio de la Caridad se confirmó como uno de los 3
ámbitos esenciales de la misión de la Iglesia, junto con el
anuncio de la Palabra y la vida sacramental. No se puede
descuidar el servicio a la caridad, como no se pueden
omitir los Sacramentos ni la Palabra.
Caritas “ad intra” y “ad
extra”
La caridad supera los confines de la comunidad. La
parábola del Buen Samaritano expresa la universalidad
del amor que se dirige al necesitado encontrado por
casualidad, quienquiera que sea.
Salvada esta exigencia, también se da otra específicamente
eclesial, expresión de nuestra responsabilidad para con
los miembros de la familia de Dios. Ningún hermano
debe sufrir necesidad.
En palabras de Gálatas: “Hagamos el bien a todos, pero
especialmente a nuestros hermanos en la fe” (6,10).
Justicia y Caridad
La objeción desde el pensamiento
marxista: “los pobres no necesitan
caridad, sino justicia.” Lo importante
es crear un orden social justo.
No le falta algo de verdad. El Estado
tiene como misión la creación de ese
orden social justo. A la Iglesia le ha
costado percibir la importancia de
esta tarea, aunque en el último siglo
la conciencia cristiana ha
evolucionado mucho.
La justicia, tarea
de la política
El orden justo de la sociedad y del Estado es
una tarea principal de la política. La
construcción de la justicia aquí y ahora es
un problema que concierne a la razón
práctica, que debe ser purificada
constantemente.
Aquí es donde fe y política se encuentran. Y
esta es la función de la DSI: contribuir a la
purificación de la razón, aportando
inspiración para que lo que es justo, aquí y
ahora, pueda ser reconocido e
implementado.
Iglesia y justicia
• En ámbito temporal, la Iglesia contribuye ayudando a
purificar la razón y formando éticamente las conciencias.
No es su responsabilidad directa construir la sociedad
más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado.
Pero tampoco puede quedarse al margen de la lucha por
la justicia.
• Contribuye a la argumentación racional y despertando
necesarias fuerzas espirituales para que prospere la
justicia. Específicamente lo hace formando las
conciencias políticas, clarificando las exigencias de la
justicia y motivando el deseo de actuar conforme a ellas.
Amor que será siempre
necesario
El amor será necesario incluso en la sociedad más justa.
Siempre habrá soledad, siempre habrá sufrimiento,
siempre habrá situaciones en la que el amor cercano de
otro ser humano será indispensable. Todos necesitamos
entrañable atención personal.
La afirmación según la cual unas estructuras justas harían
innecesaria la caridad, esconde una concepción
materialista del hombre, el prejuicio de que puede vivir
“solo de pan” (Mt4,4).
Acción social de la Iglesia
El deber inmediato de actuar a favor de un orden justo es
propio de los fieles laicos. La caridad debe animar este
compromiso político y ser vivida como “caridad social”.
Sin embargo la Iglesia, como tal, no puede renunciar a
tener acción social específica. Esta acción eclesial en
sus múltiples manifestaciones, le compete
directamente, y es algo que corresponde a su
naturaleza.
Rasgos de la acción social eclesial
El actuar de la Iglesia es ante todo respuesta a una
necesidad inmediata: saciar al hambriento, vestir
al desnudo, visitar al preso… Caritas y el resto de
organismos, deben ser siempre competentes. Pero
eso no es suficiente. Debemos tratar a la gente
con humanidad. Y esto requiere una “formación
del corazón”, un encuentro con Cristo que haga
que el amor al prójimo no sea una obligación sino
una respuesta a la gracia recibida en la fe.
Es muy importante que la acción eclesial mantenga su
identidad específica y no se diluya en actividad asistencial
genérica. Señalamos algunos rasgos:
1
Rasgos de la acción social eclesial
La actividad social cristiana ha de ser
independiente de partidos e ideologías. Es
concreción aquí y ahora de lo que el ser
humano siempre necesita. No se puede
buscar la sociedad humana sacrificando al
ser humano concreto o renunciando
estratégicamente a comportarse de
manera humana. El programa del cristiano
es “un corazón que ve,” que ve dónde se
necesita amor y actúa en consecuencia.
2
Rasgos de la acción social eclesial
La caridad no puede ser un medio para el
proselitismo. El amor es gratuito. Pero ello
no significa que en la acción caritativa se
deba dejar de lado a Dios y a Cristo.
Queremos servir al ser humano en toda su
integridad. El cristiano sabe cuándo es
tiempo de hablar de Dios y cuándo es
oportuno callar, dejando que hable sólo el
amor. Sabe que la mejor defensa de Dios y
del ser humano es, precisamente, la
práctica del amor.
3
Responsables de la
acción caritativa
• El sujeto de la acción caritativa y social es la Iglesia misma
en sus distintos niveles: parroquias, Iglesias locales e
Iglesia Universal.
• Desde la Santa Sede, “Cor unum” tiene la responsabilidad
de orientar y coordinar esta actividad a nivel universal.
• Los obispos a nivel de iglesias locales tienen la
responsabilidad de cumplir hoy el programa expuesto en
Hch2,42-44 (el Papa desarrolla este punto refiriéndose al
rito de la ordenación episcopal, al Código de Derecho
Canónico y al Directorio para el ministerio pastoral de los
obispos).
Orientaciones para los colaboradores (1)
• Colaboradores no inspirados en ideologías, sino en la fe que
actúa por amor (Ga5,6) y en la fuente de ese amor 2Cor5,14:
“Nos apremia el amor de Cristo.”
• Respetando la especificidad del servicio que Cristo pidió a sus
discípulos (1Cor13,3): “Ya puedo repartir en limosnas todo lo
que tengo y aún dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de
nada me sirve.” Solo si me doy a mi mismo, mi don no humilla
al otro.
• Aspirando a un modo de servir que hace humilde al que sirve.
Cristo ocupó el último puesto. Ayudar no es mérito, es gracia.
Nosotros no somos más que un instrumento en las manos del
Señor. Saber esto nos libera de la presunción de creer que
podemos mejorar el mundo -algo siempre necesario- en
primera persona y nosotros solos.
Orientaciones para los colaboradores (2)
• La experiencia de inmensas necesidades puede
inclinarnos hacia ideologías que prometen la solución
universal de todos los problemas. O tal vez nos lleve al
escepticismo de pensar que nada se puede hacer.
Cristo nos ayuda a encontrar el camino recto, evitando
la soberbia y la resignación.
• Ha llegado el momento de reafirmar la importancia de
la oración ante el activismo y el secularismo de muchos
cristianos en el servicio caritativo. Quien reza, lejos de
desperdiciar su tiempo, ha encontrado una fuente
inagotable de la dedicación eficaz al prójimo.
Fe, Esperanza y Caridad
• La esperanza se relaciona con la virtud de la paciencia y
con la humildad que se fía de Dios incluso en la oscuridad.
• La fe transforma nuestras dudas en la esperanza segura de
que, parezca lo que parezca, el mundo está en manos de
Dios y al final Él va a vencer. Y la fe en el amor de Dios,
suscita el amor en nosotros.
• El amor es una luz (en el fondo la única luz) que ilumina
constantemente el mundo oscuro. El amor es posible:
hemos sido creados por el y para él. Vivir el amor y así
llevar la luz de Dios al mundo: esta es la invitación de la
Encíclica.
Fe, esperanza y caridad, las 3 virtudes teologales están unidas:

Deus caaritas est.pptx

  • 1.
  • 2.
    Benedicto XVI • BenedictoXVI, de nombre secular Joseph Aloisius Ratzinger, ha sido el 265.° papa de la Iglesia católica y séptimo soberano de la Ciudad del Vaticano.​Resultó elegido el 19 de abril de 2005 tras el fallecimiento de Juan Pablo II, por los cardenales que votaron en el cónclave.
  • 3.
    Encíclicas escritas porBenedicto XVI • Deus caritas est (Dios es amor), sobre el amor y la caridad eclesiástica; • Spe salvi (Salvados en la esperanza), sobre la esperanza cristiana; • Caritas in veritate (Caridad en la verdad), de carácter social
  • 4.
    Renuncia • El papaGregorio XII • El papa Benedicto XVI
  • 5.
  • 6.
    Una encíclica en2 partes “Deus Caritas Est” tiene dos partes claramente diferenciadas:  La primera reflexiona sobre el significado del amor cristiano y su relación con el “eros”.  La segunda presenta orientaciones para fortalecer en la comunidad cristiana la práctica del mandamiento del amor al prójimo. 1ª 2ª
  • 7.
    PARTE PRIMERA EROS YAMOR CRISTIANO Amor, una palabra usada y abusada, con múltiples significados. ¿Hay algo que unifica todos esos sentidos tan diversos, o con la misma palabra hablamos de realidades completamente diferentes? Los autores del NT para expresar el amor debían elegir entre varios términos griegos: “eros” (amor entre hombre y mujer); “philia” (amistad), desarrollado en el Evangelio de Juan; finalmente la palabra preferida fue “agapé”, hasta entonces poco utilizada.
  • 8.
    Agapé: la novedadcristiana El amor cristiano descentra, invita a superar el egocentrismo y hacer espacio para la preocupación por el otro. En vez de buscar la embriaguez de la felicidad personal, ansía el bien del amado. Agapé aspira a ser “definitivo”: de ahí la exclusividad (sólo esta persona) y su carácter estable (para siempre). Este amor también es “éxtasis” pero no como arrebato momentáneo, sino como liberación del sí y salida permanente hacia el otro: “El que pretenda ganar su vida, la perderá (Lc17,33).
  • 9.
    Eros y Agapé, ¿opuestoso complementarios? A menudo se simplifica el antagonismo:  Eros sería: amor mundano, vehemente, posesivo.  Agapé: amor fundado en la fe, sereno, oblativo. En realidad ambas realidades nunca están completamente separadas. El “eros,” cuando no es pura exaltación corporal, se abre ordinariamente al “agapé”. Por otra parte, nadie tiene un amor puramente oblativo; también necesita recibir. En conclusión, el amor es una única realidad, con dos dimensiones complementarias.
  • 10.
    Cristo, imagen unificada delamor El Dios del AT es pasión y es también entrega generosa. En Cristo la pasión por el ser humano lleva a Dios a entregar a su hijo, a salir a buscar la “oveja descarriada”, la humanidad doliente y extraviada. La cruz es la expresión más dramática de unidad entre pasión y entrega radical. A partir de ella, el “amor” debe ser redefinido.
  • 11.
    Eucaristía: unidad del amor Elsacramento eucarístico subraya la unidad entre la dimensión vertical y horizontal del amor: la unión con Cristo es inseparable de la apertura a la humanidad. La comunión nos hace salir de nosotros mismos, hacia Dios y hacia los hermanos. No hay amor a Dios sin amor al prójimo. No hay pasión por Dios sin pasión por el servicio. Esta unidad entre culto y compromiso explica por qué a la Eucaristía se le llama agapé.
  • 12.
    Parábolas del amor descentrado Tresparábolas reflejan esa unidad entre fe y apertura a los que sufren:  El rico Epulón (Lc 16,19-31);  El Buen Samaritano ( Lc 10,25-37);  El Juicio Final (Mt 25,31-46). Amor a Dios y al prójimo se funden. En el más humilde encontramos a Jesús y Jesús es el único camino hacia Dios.
  • 13.
    Amor a Diosy amor al prójimo La fe y el amor a Dios no son solo un sentimiento. Implican también, como toda relación humana, una voluntad de compromiso. La historia entre Dios y el ser humano es justamente una comunión de voluntad que crece en la relación, de modo que nuestros deseos se van identificando con los de Dios. En ese proceso la “ley de Dios” deja de ser algo extraño, impuesto, y se hace ,cada vez más, convicción y voluntad propia. De pronto, el abandono en Dios es fuente de una profunda alegría.
  • 14.
    Una fe quepotencia el amor al prójimo En Dios y con Dios es posible amar a la persona que no me agrada o que ni siquiera conozco. La comunión de voluntad con Dios puede lograr lo humanamente imposible: mirar a los demás con los ojos de Cristo y ofrecerle, más allá de apariencias o sentimientos egoístas, el reconocimiento de quien está en ante algo sagrado. Si en mi vida falta el contacto con Dios, no podré ver en el otro rasgos de su imagen divina. Y, al contrario: solo el servicio al prójimo purifica mi relación con Dios y la hace auténticamente cristiana.
  • 15.
    PARTE SEGUNDA LA IGLESIA,“COMUNIDAD DE AMOR” Decía San Agustín: “Ves la Trinidad si ves el amor”. El Padre, movido por el amor (Jn3,16) envía a su Hijo para redimir la humanidad. Este, cumpliendo la voluntad del Padre, “entregó el Espíritu” (Jn19,30). Tras la resurrección, ese Espíritu armoniza nuestros corazones con los de Cristo y nos mueve a amar como El nos ha amado. El Espíritu actúa en cada creyente y en la comunidad eclesial. Toda la actividad de la Iglesia tiene solo un sentido: expresar un amor que busca el bien integral del ser humano.
  • 16.
    La Caridad, tareade la Iglesia El mandato del amor es tarea para cada creyente pero también para el conjunto de la comunidad. Para que poner en práctica el amor se necesita organización, es decir ordenar este servicio comunitario. En los Hch 2,42 se enumeran los elementos constitutivos de la Iglesia primitiva: adhesión a “las enseñanzas de los apóstoles”, a la “koinonia” (comunión), a la “fracción del pan”, y a la “oración.” En los v. 44-45 se concreta el significado de la koinonia: “vivían todos unidos y lo tenían todo en común.”
  • 17.
    El servicio ala caridad se consolida En Hch 6,1-6 se nos narra el origen del ministerio diaconal. Un grupo de “varones” se encargarían de atender a las viudas. Pero estas personas no eran “técnicas” sino creyentes llenos de Espíritu y de sabiduría. Así el ejercicio de la Caridad se confirmó como uno de los 3 ámbitos esenciales de la misión de la Iglesia, junto con el anuncio de la Palabra y la vida sacramental. No se puede descuidar el servicio a la caridad, como no se pueden omitir los Sacramentos ni la Palabra.
  • 18.
    Caritas “ad intra”y “ad extra” La caridad supera los confines de la comunidad. La parábola del Buen Samaritano expresa la universalidad del amor que se dirige al necesitado encontrado por casualidad, quienquiera que sea. Salvada esta exigencia, también se da otra específicamente eclesial, expresión de nuestra responsabilidad para con los miembros de la familia de Dios. Ningún hermano debe sufrir necesidad. En palabras de Gálatas: “Hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe” (6,10).
  • 19.
    Justicia y Caridad Laobjeción desde el pensamiento marxista: “los pobres no necesitan caridad, sino justicia.” Lo importante es crear un orden social justo. No le falta algo de verdad. El Estado tiene como misión la creación de ese orden social justo. A la Iglesia le ha costado percibir la importancia de esta tarea, aunque en el último siglo la conciencia cristiana ha evolucionado mucho.
  • 20.
    La justicia, tarea dela política El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política. La construcción de la justicia aquí y ahora es un problema que concierne a la razón práctica, que debe ser purificada constantemente. Aquí es donde fe y política se encuentran. Y esta es la función de la DSI: contribuir a la purificación de la razón, aportando inspiración para que lo que es justo, aquí y ahora, pueda ser reconocido e implementado.
  • 21.
    Iglesia y justicia •En ámbito temporal, la Iglesia contribuye ayudando a purificar la razón y formando éticamente las conciencias. No es su responsabilidad directa construir la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede quedarse al margen de la lucha por la justicia. • Contribuye a la argumentación racional y despertando necesarias fuerzas espirituales para que prospere la justicia. Específicamente lo hace formando las conciencias políticas, clarificando las exigencias de la justicia y motivando el deseo de actuar conforme a ellas.
  • 22.
    Amor que serásiempre necesario El amor será necesario incluso en la sociedad más justa. Siempre habrá soledad, siempre habrá sufrimiento, siempre habrá situaciones en la que el amor cercano de otro ser humano será indispensable. Todos necesitamos entrañable atención personal. La afirmación según la cual unas estructuras justas harían innecesaria la caridad, esconde una concepción materialista del hombre, el prejuicio de que puede vivir “solo de pan” (Mt4,4).
  • 23.
    Acción social dela Iglesia El deber inmediato de actuar a favor de un orden justo es propio de los fieles laicos. La caridad debe animar este compromiso político y ser vivida como “caridad social”. Sin embargo la Iglesia, como tal, no puede renunciar a tener acción social específica. Esta acción eclesial en sus múltiples manifestaciones, le compete directamente, y es algo que corresponde a su naturaleza.
  • 24.
    Rasgos de laacción social eclesial El actuar de la Iglesia es ante todo respuesta a una necesidad inmediata: saciar al hambriento, vestir al desnudo, visitar al preso… Caritas y el resto de organismos, deben ser siempre competentes. Pero eso no es suficiente. Debemos tratar a la gente con humanidad. Y esto requiere una “formación del corazón”, un encuentro con Cristo que haga que el amor al prójimo no sea una obligación sino una respuesta a la gracia recibida en la fe. Es muy importante que la acción eclesial mantenga su identidad específica y no se diluya en actividad asistencial genérica. Señalamos algunos rasgos: 1
  • 25.
    Rasgos de laacción social eclesial La actividad social cristiana ha de ser independiente de partidos e ideologías. Es concreción aquí y ahora de lo que el ser humano siempre necesita. No se puede buscar la sociedad humana sacrificando al ser humano concreto o renunciando estratégicamente a comportarse de manera humana. El programa del cristiano es “un corazón que ve,” que ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia. 2
  • 26.
    Rasgos de laacción social eclesial La caridad no puede ser un medio para el proselitismo. El amor es gratuito. Pero ello no significa que en la acción caritativa se deba dejar de lado a Dios y a Cristo. Queremos servir al ser humano en toda su integridad. El cristiano sabe cuándo es tiempo de hablar de Dios y cuándo es oportuno callar, dejando que hable sólo el amor. Sabe que la mejor defensa de Dios y del ser humano es, precisamente, la práctica del amor. 3
  • 27.
    Responsables de la accióncaritativa • El sujeto de la acción caritativa y social es la Iglesia misma en sus distintos niveles: parroquias, Iglesias locales e Iglesia Universal. • Desde la Santa Sede, “Cor unum” tiene la responsabilidad de orientar y coordinar esta actividad a nivel universal. • Los obispos a nivel de iglesias locales tienen la responsabilidad de cumplir hoy el programa expuesto en Hch2,42-44 (el Papa desarrolla este punto refiriéndose al rito de la ordenación episcopal, al Código de Derecho Canónico y al Directorio para el ministerio pastoral de los obispos).
  • 28.
    Orientaciones para loscolaboradores (1) • Colaboradores no inspirados en ideologías, sino en la fe que actúa por amor (Ga5,6) y en la fuente de ese amor 2Cor5,14: “Nos apremia el amor de Cristo.” • Respetando la especificidad del servicio que Cristo pidió a sus discípulos (1Cor13,3): “Ya puedo repartir en limosnas todo lo que tengo y aún dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.” Solo si me doy a mi mismo, mi don no humilla al otro. • Aspirando a un modo de servir que hace humilde al que sirve. Cristo ocupó el último puesto. Ayudar no es mérito, es gracia. Nosotros no somos más que un instrumento en las manos del Señor. Saber esto nos libera de la presunción de creer que podemos mejorar el mundo -algo siempre necesario- en primera persona y nosotros solos.
  • 29.
    Orientaciones para loscolaboradores (2) • La experiencia de inmensas necesidades puede inclinarnos hacia ideologías que prometen la solución universal de todos los problemas. O tal vez nos lleve al escepticismo de pensar que nada se puede hacer. Cristo nos ayuda a encontrar el camino recto, evitando la soberbia y la resignación. • Ha llegado el momento de reafirmar la importancia de la oración ante el activismo y el secularismo de muchos cristianos en el servicio caritativo. Quien reza, lejos de desperdiciar su tiempo, ha encontrado una fuente inagotable de la dedicación eficaz al prójimo.
  • 30.
    Fe, Esperanza yCaridad • La esperanza se relaciona con la virtud de la paciencia y con la humildad que se fía de Dios incluso en la oscuridad. • La fe transforma nuestras dudas en la esperanza segura de que, parezca lo que parezca, el mundo está en manos de Dios y al final Él va a vencer. Y la fe en el amor de Dios, suscita el amor en nosotros. • El amor es una luz (en el fondo la única luz) que ilumina constantemente el mundo oscuro. El amor es posible: hemos sido creados por el y para él. Vivir el amor y así llevar la luz de Dios al mundo: esta es la invitación de la Encíclica. Fe, esperanza y caridad, las 3 virtudes teologales están unidas: