La carta escrita supuestamente por el hijo fallecido de Sally trata de consolarla. Explica que está en un lugar maravilloso sin dolor, donde Jesús y Dios lo cuidan. Afirma que Dios estuvo con él al igual que con Jesús en la cruz, dándole fuerzas. Le pide a Sally que hable solo con Dios y que disfrute su día.