El padre de un niño discapacitado dio un discurso en el que contó cómo los compañeros de su hijo lo incluyeron en un partido de béisbol, permitiéndole batear en la novena entrada para ganar el juego. Esto ilustró cómo actuamos ante personas discapacitadas y alcanzamos la perfección que Dios busca mediante la compasión. La historia muestra que, aunque tengamos logros tecnológicos, a menudo carecemos de paciencia y perspectiva.