La revolución neolítica permitió la domesticación de animales y plantas, la sedentarización de las personas y la especialización del trabajo, lo que condujo al surgimiento de las ciudades y la complejización de la vida social y política. Avances técnicos como el arado tirado por animales, la rueda y la metalurgia impulsaron el comercio y la especialización de la población. Esto a su vez aumentó el tamaño de los asentamientos y creó la necesidad de una autoridad central para gobernar.