El narrador confiesa haber asesinado al viejo por su ojo que le causaba terror. Tras el crimen, esconde el cuerpo descuartizado bajo el piso y engaña a los policías que investigan un grito escuchado por un vecino. Sin embargo, empieza a oír el latido del corazón del viejo debajo de donde está sentado, lo que le provoca un ataque de nervios y confiesa el asesinato a los policías.