Una familia envió a sus hijos Juan y María a recoger frutas, flores y leña. Los niños encontraron una cueva mágica donde quedaron atrapados por un duende. Sus padres los buscaron y solo encontraron sus suéteres. El duende dejó ir a los niños pero quedaron sordos. Su madre los llevó con un curandero quien dijo que para curarlos debían dejar a uno de los niños en la cueva durante cinco días. Después de eso, la niña podía oír y hablar de nuevo.