El principio de la parsimonia, propuesto por Guillermo de Ockham, sugiere que la explicación más sencilla es a menudo la más correcta, aunque su aplicación no siempre asegura la veracidad. Este principio, también conocido como la navaja de Ockham, implica reducir suposiciones y eliminar elementos superfluos en la búsqueda de explicaciones. Sin embargo, el avance del conocimiento puede llevar a teorías más complejas que explican mejor los fenómenos, lo que demuestra que la sencillez no siempre es equivalente a la verdad.