En el sueño, Daniel regresa al Cementerio de los Libros Olvidados como un niño de 10 años. Intenta recordar el rostro de su madre pero no puede. Su padre lo acompaña hasta el portal y Daniel camina solo hacia el cementerio, sintiendo un peso invisible. Al llegar, la ciudad está congelada en el tiempo. Llama repetidamente al guardián pero no le abren. Caído de rodillas, descubre una llave oculta en su chaqueta de colegial que podría abrir la puerta del cementerio.