La familia romana estaba organizada en torno a la gens, un grupo político y religioso formado por descendientes de un antepasado común. Dentro de la gens existían las familias, grupos más pequeños liderados por un pater familias que tenía autoridad absoluta sobre su esposa, hijos, esclavos y propiedades. El matrimonio era importante para garantizar la continuidad familiar y la procreación de hijos era fundamental para engrandecer al Estado.