Los faraones del Antiguo Egipto eran considerados seres casi divinos. Eran venerados como dioses después de su muerte cuando se fusionaban con Osiris y alcanzaban la inmortalidad. Los faraones usaban diversos símbolos de poder como las coronas, cetros y ornamentos para remarcar su estatus real y divino. Se maquillaban y adornaban su cuerpo con cosméticos y joyas para resaltar su aspecto espectacular.