Los archivos de audio digital se pueden guardar en diferentes formatos, cada uno con una extensión específica. Los formatos sin comprimir como WAV y AIFF son de gran tamaño y se usan para audio profesional, mientras que los formatos comprimidos como MP3, OGG y AAC reducen el tamaño hasta 10 veces con apenas pérdida de calidad, aprovechando que el oído humano no distingue bien frecuencias muy juntas.