El autor cuenta un sueño en el que caminaba junto al mar con el Señor y veía su vida representada en escenas celestiales. Al mirar atrás, observó que a veces solo había un par de huellas en la arena en lugar de dos pares, especialmente en sus noches de tristeza y angustia. Le preguntó al Señor por qué no estaba a su lado en esos momentos, a lo que el Señor respondió que siempre estaba con él y que si solo veía un par de huellas era porque lo llevaba en sus brazos en sus horas más difíciles.