El documento explica que Dios ha delegado su autoridad en varios líderes como gobernantes, patrones, esposos, padres y pastores. Todos los líderes han recibido su autoridad de Dios y debemos obedecerlos, a menos que sus órdenes vayan en contra de nuestras convicciones. El documento también insta a la reflexión personal sobre la propia actitud hacia las autoridades delegadas por Dios y los posibles cambios necesarios para mejorar la obediencia y sumisión.