El narrador asiste al velorio de su amigo Don Paco tras recibir la noticia de su fallecimiento. Acude a la casa donde se encuentra el cuerpo y consuela a la viuda y familiares, quienes lloran la pérdida. Permanece allí hasta altas horas de la madrugada, compartiendo la cena con los presentes. Antes de irse, se despide tristemente y regresa a su propia casa, donde se acuesta pensativo por la muerte de su amigo.