La conversión bíblica implica un cambio moral y espiritual en el que un individuo se vuelve de lo malo a lo justo, abandonando el amor y la práctica del pecado para amar y practicar la justicia. Consiste en dos partes: primero, el pecador se arrepiente y se vuelve a Dios; luego, Dios perdona sus pecados. La conversión es un proceso dinámico en el que el pecador abandona el reino de Satanás y se traslada al reino de Cristo por medio del evangelio.