LA MUJER DE NIEVE “ UN FRIO CUENTO DE AMOR”
Esta leyenda tiene su origen en la provincia de Mushashi, un poblado lleno de pequeñas villas de gente de pocos recursos que vivían de lo poco que la tierra pudiera darles. Ahí habitaban dos hombres llamados Mosaku y Minokichi que se dedicaban a cortar leña para después venderla en las ciudades cercanas y así poder sacar dinero para alimentar a sus familias.  Mosaku era un hombre de edad avanzada, mientras que Minokichi era un muchacho sano, de tan sólo dieciocho años de edad, y quien fingía como aprendiz del primero.  Para realizar su trabajo, todos los días tenían que caminar kilómetros hacia el bosque más cercano. Su vida, podía decirse, era una rutina en la que hasta el momento ningún día se había diferenciado del otro.  Sin embargo, una noche de invierno, mientras regresaban por el camino acostumbrado hacia la aldea, una fuerte ventisca se desató, haciendo que la ruta se volviera bastante peligrosa para ambos. Pedir ayuda estaba por supuesto lejos de toda consideración puesto que eran aparentemente los únicos seres humanos en el bosque. Su supervivencia dependía de ellos mismos y de la fortaleza de sus cuerpos. Minokichi, no obstante con cada paso que daba, sentía que no estaba sólo, que alguien lo observaba con detenimiento, por entre los árboles, en el firmamento. Mosaku, por otro lado, sólo apretaba el paso deseando estar en su casa sano y salvo.
Pero la suerte no estaba de su lado y al llegar al río que dividía la aldea del resto del territorio, se dieron cuenta que el bote que habían dejado atado para regresar a su casa había sido arrastrado por la corriente cuesta abajo. Parecía que todo estaba perdido.  Al levantar la vista, en medio de la niebla, el muchacho divisó una tela roja colgada de un tronco el cual estaba atado a una pequeña cabaña que debido a que estaba cubierta de nieve se confundía con el paisaje. Sin pensarlo dos veces, Minokichi arrastró a su maestro -quien en esos momentos comenzaba a desplomarse debido a que empezaba a sufrir los primeros estragos de la hipotermia-, a la cabaña. Decidió esperar a que la ventisca pasara y así poder retomar el acostumbrado regreso a casa.  Una vez cerrada la puerta, el muchacho sintió cómo las paredes de madera crujían con cada roce del viento. Hasta podía jurar que la ventisca emitía una voz femenina que le imploraba que saliera de su refugio, aunque fuera sólo por un breve momento. Vencidos por el cansancio, ambos se durmieron esperando la mañana, pero al pasar la medianoche, la puerta del refugio cedió ante la fuerza del viento. Despertando a Minokichi de golpe.  Al mirar hacia la esquina de la cabaña, donde había depositado a su maestro para que descansara, descubrió a una mujer inclinada frente a él. Ella tenía largos cabellos negros y, estaba ataviada con lo que aparentemente era un kimono blanco de una seda tan blanca como la misma nieve, y que a los ojos del muchacho parecía emitir un brillo tan radiante como el de las estrellas del firmamento.
Minokichi simplemente no pudo emitir palabra alguna, quedándose quieto, observando a la misteriosa mujer y entendiendo que la muerte había llegado a su maestro y que él, probablemente, correría la misma suerte en pocos minutos. En ese momento, la mujer se dio la media vuelta y se le acercó, como si se le anticipara a los pensamientos del joven.  De frente, la mujer parecía aún más espeluznante que de espaldas. Su cara era, al igual que sus ropas, completamente blanca. Minokichi rogó a los dioses que ella fuera un humano y no un espíritu del bosque. A la vez, comenzó a desear que la mujer hablase para que así confirme su deseo. Sin embargo, cuando se acercó a él y abrió la boca, se horrorizó, pues esta no tenía dientes, ni lengua, solo oscuridad.  Su hora había llegado.  La mujer entonces comenzó a hablarle en un tono dulce y tranquilo, confesándole que, en efecto, su destino iba a ser el mismo que el de su maestro, pero que Minokichi le había causado lástima por ser tan joven y guapo. Le prometió no causarle daño por ahora... pero antes de irse le amenazó que si le decía a alguien lo que había acontecido en ese lugar, esa noche regresaría para matarle.
Hubo un segundo en el que Minokichi pensó en decirle a su madre, como secreto lo que había pasado, pero la dama le advirtió que ella siempre se enteraría si decía algo al respecto. Con esta amenaza y con la promesa de jamás decir nada, la mujer de blanco desapareció de la cabaña, y con ella también la ventisca.  Días más tarde, el muchacho despertó en su casa, con su madre pero esta vez demasiado enfermo como para poder pararse y trabajar. Su madre ahora tenía que encargarse de recoger la leña para vivir y constantemente le preguntaba a Minokichi lo que había pasado aquella noche durante la ventisca. El jamás dijo nada.

La mujer de nieve

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    LA MUJER DENIEVE “ UN FRIO CUENTO DE AMOR”
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    Esta leyenda tienesu origen en la provincia de Mushashi, un poblado lleno de pequeñas villas de gente de pocos recursos que vivían de lo poco que la tierra pudiera darles. Ahí habitaban dos hombres llamados Mosaku y Minokichi que se dedicaban a cortar leña para después venderla en las ciudades cercanas y así poder sacar dinero para alimentar a sus familias. Mosaku era un hombre de edad avanzada, mientras que Minokichi era un muchacho sano, de tan sólo dieciocho años de edad, y quien fingía como aprendiz del primero. Para realizar su trabajo, todos los días tenían que caminar kilómetros hacia el bosque más cercano. Su vida, podía decirse, era una rutina en la que hasta el momento ningún día se había diferenciado del otro. Sin embargo, una noche de invierno, mientras regresaban por el camino acostumbrado hacia la aldea, una fuerte ventisca se desató, haciendo que la ruta se volviera bastante peligrosa para ambos. Pedir ayuda estaba por supuesto lejos de toda consideración puesto que eran aparentemente los únicos seres humanos en el bosque. Su supervivencia dependía de ellos mismos y de la fortaleza de sus cuerpos. Minokichi, no obstante con cada paso que daba, sentía que no estaba sólo, que alguien lo observaba con detenimiento, por entre los árboles, en el firmamento. Mosaku, por otro lado, sólo apretaba el paso deseando estar en su casa sano y salvo.
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    Pero la suerteno estaba de su lado y al llegar al río que dividía la aldea del resto del territorio, se dieron cuenta que el bote que habían dejado atado para regresar a su casa había sido arrastrado por la corriente cuesta abajo. Parecía que todo estaba perdido. Al levantar la vista, en medio de la niebla, el muchacho divisó una tela roja colgada de un tronco el cual estaba atado a una pequeña cabaña que debido a que estaba cubierta de nieve se confundía con el paisaje. Sin pensarlo dos veces, Minokichi arrastró a su maestro -quien en esos momentos comenzaba a desplomarse debido a que empezaba a sufrir los primeros estragos de la hipotermia-, a la cabaña. Decidió esperar a que la ventisca pasara y así poder retomar el acostumbrado regreso a casa. Una vez cerrada la puerta, el muchacho sintió cómo las paredes de madera crujían con cada roce del viento. Hasta podía jurar que la ventisca emitía una voz femenina que le imploraba que saliera de su refugio, aunque fuera sólo por un breve momento. Vencidos por el cansancio, ambos se durmieron esperando la mañana, pero al pasar la medianoche, la puerta del refugio cedió ante la fuerza del viento. Despertando a Minokichi de golpe. Al mirar hacia la esquina de la cabaña, donde había depositado a su maestro para que descansara, descubrió a una mujer inclinada frente a él. Ella tenía largos cabellos negros y, estaba ataviada con lo que aparentemente era un kimono blanco de una seda tan blanca como la misma nieve, y que a los ojos del muchacho parecía emitir un brillo tan radiante como el de las estrellas del firmamento.
  • 4.
    Minokichi simplemente nopudo emitir palabra alguna, quedándose quieto, observando a la misteriosa mujer y entendiendo que la muerte había llegado a su maestro y que él, probablemente, correría la misma suerte en pocos minutos. En ese momento, la mujer se dio la media vuelta y se le acercó, como si se le anticipara a los pensamientos del joven. De frente, la mujer parecía aún más espeluznante que de espaldas. Su cara era, al igual que sus ropas, completamente blanca. Minokichi rogó a los dioses que ella fuera un humano y no un espíritu del bosque. A la vez, comenzó a desear que la mujer hablase para que así confirme su deseo. Sin embargo, cuando se acercó a él y abrió la boca, se horrorizó, pues esta no tenía dientes, ni lengua, solo oscuridad. Su hora había llegado. La mujer entonces comenzó a hablarle en un tono dulce y tranquilo, confesándole que, en efecto, su destino iba a ser el mismo que el de su maestro, pero que Minokichi le había causado lástima por ser tan joven y guapo. Le prometió no causarle daño por ahora... pero antes de irse le amenazó que si le decía a alguien lo que había acontecido en ese lugar, esa noche regresaría para matarle.
  • 5.
    Hubo un segundoen el que Minokichi pensó en decirle a su madre, como secreto lo que había pasado, pero la dama le advirtió que ella siempre se enteraría si decía algo al respecto. Con esta amenaza y con la promesa de jamás decir nada, la mujer de blanco desapareció de la cabaña, y con ella también la ventisca. Días más tarde, el muchacho despertó en su casa, con su madre pero esta vez demasiado enfermo como para poder pararse y trabajar. Su madre ahora tenía que encargarse de recoger la leña para vivir y constantemente le preguntaba a Minokichi lo que había pasado aquella noche durante la ventisca. El jamás dijo nada.