La palanca ha sido utilizada a lo largo de la historia para modificar la intensidad y dirección de las fuerzas. Arquímedes descubrió el principio de la palanca en el 250 a.C. y desde entonces se empezó a usar de forma tecnológica y consciente en una variedad de aplicaciones como grúas, locomotoras y carros de bomberos. Aunque inicialmente se usaba de forma rudimentaria, la palanca ha demostrado ser una herramienta útil que seguirá desarrollándose para facilitar el trabajo humano.