Si la marioneta tuviera un trozo de vida, pensaría profundamente pero no diría todo lo que piensa. Apreciaría las cosas no por su valor sino por su significado. Caminaría cuando otros se detienen y escucharía mientras otros hablan. Amaría apasionadamente y enseñaría a los demás sobre la vida y el amor. Sin embargo, al final, sus enseñanzas no servirán de mucho porque cuando sea guardada en su maleta, estará muriendo.