LEYENDAS SOBRE LA LAGUNA NEGRA




    Extraídas de “La casa del parque “
Laguna Negra y Circos Glaciares de Urbión.
Inés
       Tenía sus negros ojos acostumbrados a mirar al
horizonte y vigilar las ovejas. Apreciaba con sutileza
diferencias en el caminar de los corderos, en el baile diario de
las aguas del arroyo, en los colores de la puesta del sol
cuando anunciaba lluvia al día siguiente… Conocía cada
rincón desde Quintanar a Vinuesa, cada aroma, cada vuelo
encima de su cabeza, cada color… excepto el de los ojos de
aquella zagala que un día pasó cerca de él.
        Ese verde no tenía cabida en ninguna otra cosa que
no fuera el fondo de su mirada. Inés se llamaba, y de Santa
Inés, era, le dijo un día, porque después de su primer y
ocasional encuentro hubo muchos otros fugaces, intensos
a escondidas de sus familias, que ya tenían para ella un
marido idóneo, con una “suerte” que iba a dar de comer al
resto de sus hermanos. Y por eso los persiguieron, para que
no se vieran, para que no soñaran con días felices, sino con
una vida próspera para los demás.
        Un día, antes de regresar cada uno a su casa,
quisieron permanecer juntos para siempre, y con la
complicidad de la luna que les sonreía, buscaron en lo más
profundo de las aguas un lugar donde estar siempre juntos,
amándose. Ella lloró de felicidad y de las lágrimas de sus
verdes ojos nació una laguna verde, y de la brillante
profundidad de su mirada, la laguna negra, que refleja en
sus agua de espejo la sonrisa de su eterna felicidad.
Juan
       Entre los farallones, oculto entre ellos, no nació allí
pero desde muy joven se escondía tembloroso, en las
vertiginosas rocas que rodeaban la Laguna Negra, huyendo
de los latigazos que su padre propinaba por no volver a casa
con un jornal suficiente para alimentar a su hermana, y se
sumergía en sus aguas con pensamientos que le atrapaban y le
llevaban muy lejos de allí.
        Juan vivía atemorizado, y su hogar era el centro de
sus pesadillas. Entre los pinares encontraba el refugio y el
consuelo que no hallaba en ningún abrazo ni gesto paterno. Y
entre los pinares, una tarde, encontró un arcón enmohecido,
medio desquebrajado por el paso del tiempo.
Curioso, Juan lo cogió y abrió cuando, sin querer,
hizo que se desbordaran de dentro cientos de onzas de oro,
amarillo, suave, grande…
        Sin querer compartir tal hallazgo y cegado por todas
las cicatrices de su cuerpo, agarró el cofre y salió corriendo
hacia su refugio, sobre la Laguna Negra. Desde allí arrojó al
fondo oscuro su brillante tesoro, seguro de que iba a ser
siempre suyo, y allí permaneció día tras día, escuchando los
gritos de aquellos que le buscaban entre el monte.
Agazapado.
        Y una tarde, su padre se asomó a la laguna, buscando
en el fondo sus restos, y el despeñó una gran roca que le dio
en la cabeza… y le envió para siempre junto con su tesoro,
su viejo arcón de oro, para que viera que había conseguido un
buen jornal y no le pegara más…
Bernardo

       … A pesar del paso inexorable del tiempo,
mantenía su rudo aspecto y su barba, ahora mal cuidada,
daba buena cuenta de las cicatrices que permanecían no sólo
en su rostro, sino también en su corazón. Cuando supo de la
derogación de la Ley Sálica y de la proclamación como reina
en 1833 de Isabel II, San Saturio, apodo con el que se
conocía a Bernardo por su similitud física con el santo godo
que se retiró a una ermita colgada sobre el roquedal al lado
del Duero, dejó Soria para formar parte de una partida
carlista apoyando al príncipe Carlos que, refugiado en
Portugal, se negaba a reconocer a su sobrina como heredera.
Bajo la mano del brillante general Zumalacárregui,
Bernardo cometió innumerables y brutales crímenes. Por su
cruel fusil pasaron jóvenes y no tan jóvenes, con la mirada
suplicante de querer volver a su casa y no entender el motivo
de la lucha.
        En 1835, cuando los carlistas empezaron a dividirse,
regresó con los recuerdos llenos de sangre y, como para expiar
culpas, se retiró a una cueva cercana a la Laguna Negra con
un rebaño de cabras, en busca de una tranquilidad espiritual
imposible de alcanzar.
Un día de otoño, cuando
Bernardo caminaba por Los Llanos con
su rebaño, sus cabras, hipnotizadas por
los ecos de todas esas voces asesina que
no podían perderse en el olvido, le
acercaron hasta el borde del farallón, y,
tras un fuerte empujón de los vientos del
pasado, se desplomó sobre las oscuras y
frías aguas de La Laguna. Su rebaño
cayó tras él y, por fin, todos esos jóvenes
y no tan jóvenes pudieron descansar
también en el fondo junto a su verdugo.
La casa del parque de la Laguna Negra
    se encuentra en Vinuesa, Soria.
Romance de los hijos de
       Alvargonzález

En 1912 Antonio Machado publica la novela La tierra
de Alvargonzález, localizándola en los alrededores
de la Laguna Negra.

En este mismo año, versiona la novela en romance
de 712 versos –dedicado a Juan Ramón Jiménez- que
pasará a formar parte de su obra “Campos de
Castilla”.
Argumento
Alvargonzález , hacendado pudiente, es asesinado por dos de sus tres
hijos eligiendo la Laguna Negra para deshacerse del cadáver.
El crimen lo paga un inocente que es condenado a la horca.
La esposa de Alvargonzález, madre de los parricidas, muere de pena a los
pocos meses.
La maldición cae sobre ellos y sus tierras, que dejan de producir.
El hermano pequeño regresa de las Indias, compra parte de las tierras a
sus dos hermanos y, a diferencia de ellos, sí obtiene grandes cosechas.
De nuevo, la envidia de los hermanos, termina con la muerte del
pequeño.
Las tierras siguen sin producir, sangre sale de la tierra.
El remordimiento de sus crímenes los lleva a la Laguna Negra cuyas aguas
se los lleva.

Es curioso que antes de leer el romance, das por hecho que tratará de las
hazañas de un caballero en la Edad Media.
…
Sobre los campos desnudos,       A la vera de la fuente
la luna llena manchada           quedó Alvargonzález muerto.
de un arrebol purpurino,         Tiene cuatro puñaladas
enorme globo, asomaba.           entre el costado y el pecho,
Los hijos de Alvargonzález       por donde la sangre brota,
silenciosos caminaban,           más un hachazo en el cuello.
y han visto al padre dormido     Cuenta la hazaña del campo
junto de la fuente clara.        el agua clara corriendo,
                                 mientras los dos asesinos
Tiene el padre entre las cejas   huyen hacia los hayedos.
un ceño que le aborrasca         Hasta la Laguna Negra,
el rostro, un tachón sombrío     bajo las fuentes del Duero,
como la huella de un hacha.      llevan el muerto, dejando
Soñando está con sus hijos,      detrás un rastro sangriento,
que sus hijos lo apuñalan;       y en la laguna sin fondo,
y cuando despierta mira          que guarda bien los secretos,
que es cierto lo que soñaba.     con una piedra amarrada
                                 a los pies, tumba le dieron. …
…                                Cien ojos fieros ardían
Cuando la tarde caía,            en la selva, a sus espaldas.
entre las vetustas hayas,
y los pinos centenarios,         Llegaron los asesinos
un rojo sol se filtraba.         hasta la Laguna Negra,
Era un paraje de bosque          agua transparente y muda
y peñas aborrascadas;            que enorme muro de piedra,
aquí bocas que bostezan          donde los buitres anidan
o monstruos de tierras garras;   y el eco duerme, rodea;
allí una informe joroba,         agua clara donde beben
allá una grotesca panza,         las águilas de la sierra,
torvos hocicos de fieras         donde el jabalí del monte
y dentaduras melladas,           y el ciervo y el corzo abrevan;
rocas y rocas, y troncos         agua pura y silenciosa
y troncos, ramas y ramas.        que copia cosas eternas;
En el hondón del barranco        agua impasible que guarda
la noche, el miedo y el agua.    en su seno las estrellas.
                                 ¡Padre!, gritaron; al fondo
Un lobo surgió, sus ojos
                                 de la laguna serena
lucían como dos ascuas.          cayeron, y el eco ¡padre!
Era la noche, una noche          repitió de peña en peña. …
húmeda, oscura y cerrada.
Los dos hermanos quisieron
volver. La selva ululaba.
Presentación realizada por
  Carmen Núñez Barrio

Leyendas de la Laguna Negra

  • 1.
    LEYENDAS SOBRE LALAGUNA NEGRA Extraídas de “La casa del parque “ Laguna Negra y Circos Glaciares de Urbión.
  • 2.
    Inés Tenía sus negros ojos acostumbrados a mirar al horizonte y vigilar las ovejas. Apreciaba con sutileza diferencias en el caminar de los corderos, en el baile diario de las aguas del arroyo, en los colores de la puesta del sol cuando anunciaba lluvia al día siguiente… Conocía cada rincón desde Quintanar a Vinuesa, cada aroma, cada vuelo encima de su cabeza, cada color… excepto el de los ojos de aquella zagala que un día pasó cerca de él. Ese verde no tenía cabida en ninguna otra cosa que no fuera el fondo de su mirada. Inés se llamaba, y de Santa Inés, era, le dijo un día, porque después de su primer y ocasional encuentro hubo muchos otros fugaces, intensos
  • 3.
    a escondidas desus familias, que ya tenían para ella un marido idóneo, con una “suerte” que iba a dar de comer al resto de sus hermanos. Y por eso los persiguieron, para que no se vieran, para que no soñaran con días felices, sino con una vida próspera para los demás. Un día, antes de regresar cada uno a su casa, quisieron permanecer juntos para siempre, y con la complicidad de la luna que les sonreía, buscaron en lo más profundo de las aguas un lugar donde estar siempre juntos, amándose. Ella lloró de felicidad y de las lágrimas de sus verdes ojos nació una laguna verde, y de la brillante profundidad de su mirada, la laguna negra, que refleja en sus agua de espejo la sonrisa de su eterna felicidad.
  • 5.
    Juan Entre los farallones, oculto entre ellos, no nació allí pero desde muy joven se escondía tembloroso, en las vertiginosas rocas que rodeaban la Laguna Negra, huyendo de los latigazos que su padre propinaba por no volver a casa con un jornal suficiente para alimentar a su hermana, y se sumergía en sus aguas con pensamientos que le atrapaban y le llevaban muy lejos de allí. Juan vivía atemorizado, y su hogar era el centro de sus pesadillas. Entre los pinares encontraba el refugio y el consuelo que no hallaba en ningún abrazo ni gesto paterno. Y entre los pinares, una tarde, encontró un arcón enmohecido, medio desquebrajado por el paso del tiempo.
  • 6.
    Curioso, Juan locogió y abrió cuando, sin querer, hizo que se desbordaran de dentro cientos de onzas de oro, amarillo, suave, grande… Sin querer compartir tal hallazgo y cegado por todas las cicatrices de su cuerpo, agarró el cofre y salió corriendo hacia su refugio, sobre la Laguna Negra. Desde allí arrojó al fondo oscuro su brillante tesoro, seguro de que iba a ser siempre suyo, y allí permaneció día tras día, escuchando los gritos de aquellos que le buscaban entre el monte. Agazapado. Y una tarde, su padre se asomó a la laguna, buscando en el fondo sus restos, y el despeñó una gran roca que le dio en la cabeza… y le envió para siempre junto con su tesoro, su viejo arcón de oro, para que viera que había conseguido un buen jornal y no le pegara más…
  • 8.
    Bernardo … A pesar del paso inexorable del tiempo, mantenía su rudo aspecto y su barba, ahora mal cuidada, daba buena cuenta de las cicatrices que permanecían no sólo en su rostro, sino también en su corazón. Cuando supo de la derogación de la Ley Sálica y de la proclamación como reina en 1833 de Isabel II, San Saturio, apodo con el que se conocía a Bernardo por su similitud física con el santo godo que se retiró a una ermita colgada sobre el roquedal al lado del Duero, dejó Soria para formar parte de una partida carlista apoyando al príncipe Carlos que, refugiado en Portugal, se negaba a reconocer a su sobrina como heredera.
  • 9.
    Bajo la manodel brillante general Zumalacárregui, Bernardo cometió innumerables y brutales crímenes. Por su cruel fusil pasaron jóvenes y no tan jóvenes, con la mirada suplicante de querer volver a su casa y no entender el motivo de la lucha. En 1835, cuando los carlistas empezaron a dividirse, regresó con los recuerdos llenos de sangre y, como para expiar culpas, se retiró a una cueva cercana a la Laguna Negra con un rebaño de cabras, en busca de una tranquilidad espiritual imposible de alcanzar.
  • 10.
    Un día deotoño, cuando Bernardo caminaba por Los Llanos con su rebaño, sus cabras, hipnotizadas por los ecos de todas esas voces asesina que no podían perderse en el olvido, le acercaron hasta el borde del farallón, y, tras un fuerte empujón de los vientos del pasado, se desplomó sobre las oscuras y frías aguas de La Laguna. Su rebaño cayó tras él y, por fin, todos esos jóvenes y no tan jóvenes pudieron descansar también en el fondo junto a su verdugo.
  • 11.
    La casa delparque de la Laguna Negra se encuentra en Vinuesa, Soria.
  • 12.
    Romance de loshijos de Alvargonzález En 1912 Antonio Machado publica la novela La tierra de Alvargonzález, localizándola en los alrededores de la Laguna Negra. En este mismo año, versiona la novela en romance de 712 versos –dedicado a Juan Ramón Jiménez- que pasará a formar parte de su obra “Campos de Castilla”.
  • 13.
    Argumento Alvargonzález , hacendadopudiente, es asesinado por dos de sus tres hijos eligiendo la Laguna Negra para deshacerse del cadáver. El crimen lo paga un inocente que es condenado a la horca. La esposa de Alvargonzález, madre de los parricidas, muere de pena a los pocos meses. La maldición cae sobre ellos y sus tierras, que dejan de producir. El hermano pequeño regresa de las Indias, compra parte de las tierras a sus dos hermanos y, a diferencia de ellos, sí obtiene grandes cosechas. De nuevo, la envidia de los hermanos, termina con la muerte del pequeño. Las tierras siguen sin producir, sangre sale de la tierra. El remordimiento de sus crímenes los lleva a la Laguna Negra cuyas aguas se los lleva. Es curioso que antes de leer el romance, das por hecho que tratará de las hazañas de un caballero en la Edad Media.
  • 14.
    … Sobre los camposdesnudos, A la vera de la fuente la luna llena manchada quedó Alvargonzález muerto. de un arrebol purpurino, Tiene cuatro puñaladas enorme globo, asomaba. entre el costado y el pecho, Los hijos de Alvargonzález por donde la sangre brota, silenciosos caminaban, más un hachazo en el cuello. y han visto al padre dormido Cuenta la hazaña del campo junto de la fuente clara. el agua clara corriendo, mientras los dos asesinos Tiene el padre entre las cejas huyen hacia los hayedos. un ceño que le aborrasca Hasta la Laguna Negra, el rostro, un tachón sombrío bajo las fuentes del Duero, como la huella de un hacha. llevan el muerto, dejando Soñando está con sus hijos, detrás un rastro sangriento, que sus hijos lo apuñalan; y en la laguna sin fondo, y cuando despierta mira que guarda bien los secretos, que es cierto lo que soñaba. con una piedra amarrada a los pies, tumba le dieron. …
  • 15.
    Cien ojos fieros ardían Cuando la tarde caía, en la selva, a sus espaldas. entre las vetustas hayas, y los pinos centenarios, Llegaron los asesinos un rojo sol se filtraba. hasta la Laguna Negra, Era un paraje de bosque agua transparente y muda y peñas aborrascadas; que enorme muro de piedra, aquí bocas que bostezan donde los buitres anidan o monstruos de tierras garras; y el eco duerme, rodea; allí una informe joroba, agua clara donde beben allá una grotesca panza, las águilas de la sierra, torvos hocicos de fieras donde el jabalí del monte y dentaduras melladas, y el ciervo y el corzo abrevan; rocas y rocas, y troncos agua pura y silenciosa y troncos, ramas y ramas. que copia cosas eternas; En el hondón del barranco agua impasible que guarda la noche, el miedo y el agua. en su seno las estrellas. ¡Padre!, gritaron; al fondo Un lobo surgió, sus ojos de la laguna serena lucían como dos ascuas. cayeron, y el eco ¡padre! Era la noche, una noche repitió de peña en peña. … húmeda, oscura y cerrada. Los dos hermanos quisieron volver. La selva ululaba.
  • 16.
    Presentación realizada por Carmen Núñez Barrio