El autor creció sin su padre y con mucho dolor y odio en su corazón por su ausencia. Cuando encontró a Cristo a los 11 años, su vida comenzó a cambiar pero aún sentía inquietud por su padre. Más tarde, Dios le confrontó sobre el perdón y él perdonó a su padre. Ahora, a los 40 años y como ministro, sirve al Señor con libertad aunque todavía no sabe dónde está su padre. Exhorta a otros a dejar salir sus problemas y ser libres con la ayuda de Dios.