Este poema de Miguel Hernández describe la belleza de los olivos de Jaén y el duro trabajo de los aceituneros para cultivarlos. Resalta que los olivos crecen gracias al sudor de los campesinos, no por el dinero o la tierra. Sin embargo, los terratenientes se enriquecen explotando a los aceituneros, pagándoles apenas lo necesario para vivir a pesar de que sus manos y pies trabajan desde el amanecer hasta el anochecer. El poema hace un llamado a los aceituneros para que reclamen sus derechos y