Disertación de José “Pepe” Mujica
en el marco del Seminario Internacional “Izquierda y proyectos progresistas en la región: desafíos
para seguir cambiando”, organizado por la Fundación Líber Seregni, La Fundación Friedrich Ebert
y el Frente Amplio.
27 de febrero de 2015, Salón Azul de la Intendencia de Montevideo.
Hace algunos años - unos cuantos - mi actitud ha sido, no la de cultivar, o intentar construir un
asceta — pero sí, no [dejar de luchar] conmigo mismo, de hacer el intento, desesperado y
esperanzador, de ser un poco mejor en cada día que pasa.
¿Por qué? Porque yo pertenezco a la generación de muchos, que pensaron que con el cambio de
las relaciones de producción y de distribución, se lograban las condiciones básicas que iban a
determinar un cambio sustantivo en la conducta humana.
Después, como a otros que se metieron a intentar transformar el mundo, me tocaron muchas
horas de soledad, un tiempo para pensar y repensar.
Y me hice esta pregunta: qué es el hombre. Qué es el hombre, en cuanto al disco duro de lo que
trae impuesto por la naturaleza, y cuáles son las características adquiridas — por la cultura, por el
espacio histórico y el tiempo que nos toca ocupar en la vida. Qué es lo primigenio del animal, y
qué es lo que aporta la cultura.
¿Por qué? Porque se suponía que pertenecíamos a una escuela que pomposamente la
llamábamos del “socialismo científico”. Y si es científico, lo primero es el intento de definir la
esencia, qué es, qué es, el material con el cual trabajamos, la humanidad, el cerebro humano.
Esta pregunta me tuvo — por supuesto no le podía dar respuesta —, estaba angustiado. Sin libros
por mucho tiempo, mi memoria me llevaba a recordar algunos esbozos de Engels — hablando de
los clásicos — no mucho más. Porque a mí me tocó estar preso siete años sin un libro. Y eso es
mucho tiempo, compañeros de las izquierdas.
Años después, cuando salí, salí con angustia antropológica, buscando en la antropología
respuesta a una pregunta que no me había podido dar, y acudí a Chris […], de mi más tierna
juventud, Renzo Pi, compañero al que conocí, y a otros antropólogos.
Por qué les digo esto. Les digo esto por lo siguiente: Considero que el plano incidente en las
transformaciones humanas que tiene la cultura es tremendo. Y que si la izquierda del futuro no da
batalla y tregua en el campo de la cultura y es capaz de generar una cultura, para nada sirven las
transformaciones materiales en las relaciones de propiedad.
Esto no lo sabíamos… Mi generación se empeñó en otro embate, las transformaciones materiales
que se podían dar en la sociedad iban a ser determinantes, entre otras cosas, de formar una
cultura nueva y un hombre nuevo.
Pero hace muchos años que fui a […]. Pero tantos años, que vivía Nikita Kruschev… ¡tantos años!
Porque alguna vez fui joven (risas). Caigo con una camisa Forex que habían salido, que eran de
nylon — francamente insoportables (risas) — y los pobres rusitos de […] me envidiaban la camisa,
que yo traía de Occidente — la magia portentosa de la mercadería novedosa hizo […] en la
conducta humana. Por eso coincido con la murga, que hace unos tres años, cuatro años, decía
por ahí: “Si no cambiás vos, no cambia nada, aunque tu presidente sea Fidel”.
Entonces, primer tema, para mí, crucial; si no hay respuesta en el campo de la cultura, en la forma
de vivir y, fundamentalmente, en los valores que están atrás de las decisiones… La ciencia, la
tecnología… — estoy harto de sentir que la enseñanza va a resolver mágicamente todos los
problemas. ¡Mentira! ¡Eso no resiste el más elemental análisis histórico! ¡Más bien, lo contrario!
¿En qué sentido? Sin enseñanza, sin desarrollo del conocimiento y de la cultura, como condición
básica, no se puede ni pensar en una sociedad superior. Pero sólo con eso, no vamos… ¿Por
qué? Porque tenemos el ejemplo de lo que significó Alemania, por ejemplo, en la década del 30;
ninguna nación es más culta ni tenía más capacidad tecnológica, y […] Alemania. Es decir, atrás
de la formación tiene que haber una orientación, un rumbo básico, y eso es ético, es moral, eso es
una conducta, es valores. Y yo creo que en el campo de los valores, nos están ganando el partido
por no considerarlos (rumores).
Y que los valores que sustentan… — revisemos un poco la criatura humana… y acabo de repetir
a Engels. Tenemos una tendencia, probablemente en el disco duro, un egoísmo natural metido
fuerte, que es una necesidad de la naturaleza y está presente en casi todas las cosas vivas, y que
cumple su función: Pelear… por estar vivo, nosotros, y el núcleo de gente que nos acompañe.
Nuestro [¿mundo que afecta?]. Es una herramienta que ha colocado la naturaleza, y creo que está
metida en el disco duro; por lo tanto, acá no cabe discusión: es, existe. Y esto hay que verlo.
En contradicción con esto, pero en contradicción viva, y en lucha permanente, está la idea de
solidaridad, que es funcional, también, al interés de la especie. Es como pensar en la vida, en el
“nosotros”, no en el “yo”.
Ese combate me parece que es permanente; es permanente en cada ser humano y es
permanente en las sociedades. Decía un amigo que escribía — no hace mucho —: “Si por magia
superáramos la lucha de clases, y no hay clases sociales, y por lo tanto no hay limpiadores que
limpien — la gente se limpia las cosas a sí misma —, no van a faltar los fundamentos de inventar
la necesidad de tener limpiadores, y aparecerán los que no limpian, pero son limpiados”. Es decir,
siempre va a aparecer, dentro de nosotros, un razonamiento de carácter determinante — porque
no hay que creer que el egoísmo es burdo, solo; el egoísmo puede ser muy articulado, muy fino,
muy sutil. Y nos aparece… y nos aparece a diario, en la vida. Cuando sentimos la injusticia de los
impuestos que tenemos que pagar, aunque pertenezcamos a un sector de relativos grandes
ingresos… Nos tiende a aparecer ¿verdad? (risas) ¿o estoy equivocado? Sí… Y creo que es
natural que eso exista, y no hay que horrorizarse, ni enjuiciar nada mal.
Pero lo peor es que no sepamos que esto existe. Porque si no, lo que construimos… ¡queremos
construir realidad con lo que soñamos, no con lo que las cosas son!
Por lo tanto: lo esencial y lo determinante es la voluntad creciente de darnos cuenta que sólo la
cultura, sólo el cultivo y la predisposición a enfrentar a nuestro propio egoísmo, nos dan
condiciones para crear un hombre mejor. El Hombre Nuevo no es una utopía de llegar un día a un
arco de triunfo y está todo arreglado y como condición para… El hombre nuevo es sólo el camino
por ser menos porquería de lo que somos (aplausos).
Esto precisa una actitud activa, y colectiva, y de auto-enfrentamiento permanente, y de mutuo
apoyo. Por eso brego por los instrumentos colectivos y amplios. Aunque los partidos no estén de
moda, y todo el mundo parece que es independiente (rumores), es que yo quiero una [¿danza?]
con el compromiso de la cosa colectiva, porque lo colectivo nos ayuda a encuadrar, tibiamente,
nuestras debilidades, y lo precisamos como el pan, porque de lo contrario somos unas pobres
criaturas, solos, en el viento.
Necesitamos el apoyo. El apoyo fraterno. No el apoyo crítico, destructivo, [¿lleno de escollos,?] de
veneno, porque eso es parte de la vieja sociedad, y no es en el fondo otra cosa que una disputa
de poder. La crítica […], inmerecida y destructiva no es crítica, es en el fondo, muchas veces,
lucha por el poder, cosa que se nos escapa desde adentro. La crítica colectiva debe ser
constructiva, debe ayudarnos a ser mejores.
Y quiero decir un análisis, compañeros… Por qué estas cosas, por qué. Aunque le choque a
muchos, en el mundo no hay, en el fondo, crisis ecológica, […] Hay una bruta crisis política. La
crisis ecológica es consecuencia de la crisis política, pero no es caos. ¿Y por qué? Porque el
desarrollo humano ha llegado a una época y a una etapa que necesita políticas de carácter
mundial, y somos incapaces de encontrar mecanismos que lo puedan determinar. ¡No puede ser
que hace 25, 30 años nos dijeron en Kyoto “va a pasar esto, y esto, y esto”, y es como si lloviera!
Y el mundo no dio pelota. ¿Y por qué no dio? Porque los gobiernos están preocupados en su
acontecer nacional, y en quién gana las próximas elecciones, y estamos a leguas de tener una
gobernancia mundial mínima. Y el desarrollo de nuestra civilización ha generado problemas que
son de carácter planetario. Y que sólo con decisiones planetarias se pueden instrumentar. Por
esto digo que la crisis es política.
Y es política porque todo es sometido a una civilización que hace uso y abuso del mercado como
portaestandarte, pero es que el mercado termina gobernando a la globalización de los hombres, y
no al revés. Pero a su vez, el avance del hombre es de tal naturaleza, que por momentos toca
determinados límites, y entonces nos damos cuenta que sin acuerdos de carácter mundial que se
cumplan, que sin la lucha por entrar a pensarnos no como país sino como especie, navegamos en
un barco que podemos conducir al desastre.
Este mono complicado que somos… y complicador, porque no sólo que somos complicados; ¡le
complicamos la vida a todos los demás compañeros del barco! ¡Tenemos responsabilidad global
con toda la vida, no sólo con la nuestra!
Y como tales, el mundo, esta globalización efectiva, ¿cómo nos encuentra? Nos encuentra sin
poder practicar masivamente la solidaridad. Que no es altruísmo, que no es regalar plata. La
solidaridad es al revés. No es equivalente solidaridad con altruísmo. El concepto de solidaridad
significa “hoy por ti, mañana por mí — no sé cuándo”. No significa una retribución directa. Pero
significa una retribución en el largo plazo, en el conjunto de los bienes, tanto materiales como
espirituales, que componen la vida humana. El altruísmo es dar, nomás.
En nuestro sistema, si se para el mercado, todos los economistas del mundo tiemblan. ¡Qué
horrible, qué espantoso! ¡Y hay que inventar formas que el mercado camine! ¡De alguna forma!
¡Una mafia, lo que fuera! Se llamará econometrismo,… no importa. La letra que se le pone, poco
importa. Al fin y al cabo, es una literatura vieja. Ya la aplicaba Pericles. No tiene mayor novedad.
Tiene novedad la parsimonia de cosas que se meten. Pero ¿qué nos encontramos? Con esto,
queridos compañeros: que perdemos todo sentido de lo [¿que es viable?] y entonces, el mercado
termina inventando cualquier cosa para que consumamos.
Yo he hablado mucho contra el consumo, y entonces me toman como viejo loco, o asceta, o
monje, o cartujo ¡qué sé yo! Pero no. El problema es éste: Es que lo que hay que consumir son
esencialidades a favor de la vida humana, y deben tener la prioridad; pero si estamos
despilfarrando fortunas en choteces, después no hay para lo fundamental. Es ridículo que en este
mundo todavía haya gente con hambre, con privaciones, mientras por otro lado tenemos una
política de propiciar el despilfarro, porque si no, el mercado se tranca.
Ésta es la cuestión. Ésta es la cuestión esencial. Y determinante. ¡… Si la izquierda lo tiene que
tener claro! ¡Por lo menos conceptualmente lo tenemos que tener claro! Lo vemos todos los días,
miren. Hay una firma por ahí, […] que van a pagar el despido. Si yo fuera vendedor de coches, me
paro en la puerta, y estoy seguro que cuando cobran el despido, me vendo 150 autos. ¿Por qué?
¿Tienen la culpa, los muchachos? No, no tienen la culpa. Ésta es la cultura que nos rodea. Es casi
determinante. Y estamos prisioneros de esa cultura que tiene más fuerza que un ejército. Cuando
todos sabemos de la prioridad de alguien que va a tener peligro en el trabajo es decir: tenemos
que hacer una reserva, vamos a ver cómo aguantamos, el techo, en fin ¡otras cosas! Pero estoy
seguro de que eso va a pasar, porque lo he visto en todos estos años.
Y uno puede hablar todo lo que quiera, pero la izquierda tiene que ser un elemento de educación
de las masas, también. ¡Los sindicatos tienen que tener una actitud activa! ¡No dejarme ganar lo
que significa la actitud, por el avance permanente, agresivo, que tiene el mercado sobre la
conciencia inerme de los trabajadores, sobre todo jóvenes! ¡Hay que entrarles al balero! ¡Hay que
volcar experiencia! ¡Hay que poner estos temas, permanentemente! (aplausos)
Porque una sociedad mejor no puede ser hija de la dictadura, no puede ser hija de la imposición.
Una sociedad mejor, es hija del autocontrol de la propia gente, de la claridad de conciencia de la
propia gente.
Y todo está hecho en forma contraria, como para que la gente no piense, y hay otras formas de
arriar; ni se precisa látigo, ni se precisa ejército, ni policía brava, ni nada por el estilo: si están las
formas larvadas de propaganda contemporánea para ir componiendo un estamento cultural que
agrede, y que nos impone moda, y cómo le va a decir un padre de familia al hijo “No, aquéllos
championes no los puedo comprar” porque tienen un […] Y así sucesivamente. Creo que esto,
compañeros, no tiene otro camino que el desarrollo de la conciencia.
Pero gastamos mucho tiempo en la protesta, en el choque, y en la reivindicación de los derechos
que tenemos, y no gastamos una gota de tiempo en avivarnos y empezar en profundidad una
verdadera protesta. Ya este sistema va aprendiendo a dominar esto.
Yo veo a la izquierda del futuro como una herramienta educadora, que da combate en estas
cosas, en los rincones de la sociedad. Pero puede pasar lo contrario, y esa izquierda dejará de ser
izquierda, y se va a sentar en el asiento y ahí termina, porque al final vas a pensar como vives, y
debe ser al revés, debes de vivir como piensas! (aplausos)
Yo no creo que la izquierda sea moderna, aunque el término se haya inventado con la Revolución
Francesa. Pero creo que es cuasi permanente en la historia de la humanidad la actitud
conservadora, y la actitud de cambio, y se ha dado en todas las edades y en todos los tiempos.
Me siento pariente de […], de Cleomene, de Sócrates, de Epaminondas, ¡qué se yo…! ¿Cuántos
primos hermanos hay en la historia humana?
Y siempre ha estado lo otro… Tal vez son caras de la propia humanidad, infinitamente
necesarias… Ambas formas tienen patología, excesivamente. Porque no se puede vivir de cambio
en cambio, como el mal de San Vito. En las sociedades se precisa cierto grado de estabilidad. Y lo
conservador juega su papel. Pero cuando lo conservador se hace reaccionario, está ahí su
patología. Tranca la evolución humana, y crea condiciones inevitables de choque. La izquierda, la
actitud de cambio, tiene la patología del infantilismo. Al cual está expuesta permanentemente. Hay
una lucha entre estas cosas, que se dan, permanentemente.
Ahora, ¿cómo explicarle estas cosas a las nuevas generaciones? si hay crisis de partidos, y si los
partidos están colocados como elementos de sólo juntar votos, abandonaron las escuelas de
cuadros, no se dedican a formar gente, no discuten, ¿y cómo se aviva la gente?! (Aplausos)
Seguramente que puede parecer conservador — y yo puedo tener el defecto de tener tantos años,
es posible — pero yo no creo en la magia de que la gente se pueda formar sólo en soledad, sin el
aporte colectivo del resto de la gente.
Y segundo, compañeros, sin entregar la libertad — que la lucha por la libertad debe ser un
patrimonio intransferible de la izquierda —, sin entregar la libertad, sin entregar el libre albedrío,
¡qué humano, qué saludable, es someterse a una disciplina! ¡Sentirse hombro con hombro! ¡Más!
Soportar que, a veces, uno discrepa, pero a conciencia, por mantener el valor del equipo, del
cuadro, agacha la cabeza y va, y sigue… ¿Por qué? Porque sólo avanzamos colectivamente.
Nuestra marcha es… la velocidad de lo más lento. No, de los que están al frente.
Muchas veces, hay infinidad de compañeros que pueden no comprender. Y nos vemos ante el
dilema de hacernos pedazos, o de excluirnos, o abandonar el cuadro. Quien añore hacer algo, a
favor de sumar a las transformaciones positivas del hombre, tiene que contribuir a crear cuadros
colectivos y equipos colectivos. Solos no vamos a encontrarlos. Y una generación de militantes ha
de ambicionar que sea superada con ventaja por los que vienen.
Pero los que vienen no son seres superiores. Son parte del cardumen humano que van a tener
limitaciones. Y que tienen todo el derecho a cometer los errores de su época. Pero no tienen
derecho a cometer los errores que ya pasaron, de otra época, porque si no, no aprendemos un
carajo. (aplausos)
Quiero decirles que la vida de una organización de izquierda, de un partido, de una corriente de
izquierda, es un mensaje. En sus logros y en sus frustraciones, es un mensaje formador para la
vida de su propia gente. Y me parece que esto es importante. Lo otro, nuestras verdades, son
temporarias, relativas. Lo que no son temporales son los principios. La cuestión de la solidaridad.
La cuestión de la honradez intelectual. El acostumbrarse a llamar a las cosas por el lado que lo
son. El no disimular nuestras pequeñeces. El no hacernos pedazos por la aparición de nuestras
pequeñeces, porque son parte de la condición humana.
Cuántos compañeros hay acá, que deben haber asistido, en algún comité central, a la discusión
de cómo se forma una lista… ¿Ajá? ¡Cada vez que hay que formar una lista, dios mío!!!
(murmullos y risas) Y no hay que asustarse por eso; hay que pasar por todo eso. Pero también
hay que tener la humildad para mantener el cuadro; la humildad de no cortar los puentes, sin
darse cuenta que la construcción de un esfuerzo colectivo es lo imprescindible, pero todo esfuerzo
colectivo necesita un margen enorme de educación tolerante entre la gente que compone el
equipo.
Nosotros, en el Uruguay, somos frentistas. Y a esta altura somos catedráticos a nivel mundial en
saber manejar nuestras contradicciones. Somos policlasistas. Hay de todo en la viña del señor. Y
hemos aprendido esta lección: nos precisamos todos. ¿Por qué? Porque cualquier definición de
dejar, por esto, por lo otro, por el camino, significa perder el partido por la derecha, y por lo tanto,
sacrificar el destino de nuestro pueblo; no de la izquierda; de algo más hondo, que es el devenir
de nuestro pueblo. (aplausos)
La etapa de los próximos años va a sufrir los cimbronazos de que la parte desarrollada del mundo
se quiere defender de China. Los seres multinacionales que se están creando y que ya existen,
tienen un derrotero básico: cómo obturarle el camino a China; todos los sistemas de alianza.
Ninguno lo va a decir, por supuesto; nadie, naturalmente… Habrá que averiguar qué piensa hacer
China. Lo que los latinoamericanos tenemos bien claro, es que nadie puede renunciar, en América
Latina, al comercio cada vez más intenso con la República Popular China, porque pretender otra
cosa sería imposible en el mundo de hoy. Y esto va a marcar toda una época, y es una fuerza
determinante, aunque nosotros, por cultura, por tradiciones, pertenecemos a otro centro cultural
del mundo, inevitablemente. Pero los intentos de acuerdos compensatorios con Europa, creo que
no están, por desgracia, al alcance de la mano, y la política manejada — según yo he podido
interpretar, me puedo equivocar —, su gran derrotero, es cómo le cierra el paso a la República
Popular China. Creo que esto va a significar una época…
Pero al mismo tiempo, nuestra América Latina nunca ha estado más cerca que hoy. Y
entendámonos, porque pensar en la izquierda en el mundo entero me queda grande, trato de
pensar la izquierda y las necesidades del barrio grande que tenemos.
Yo estoy convencido de que pertenecemos a una nación no conformada, que es nuestra América,
que tiene una misma lengua básica, y ciertas tradiciones en común. Pero llegamos muy tarde,
muy tarde, terriblemente tarde, y el fenómeno de la integración es muy fuerte en la gente que
leemos dos o tres diarios por día, pero no he visto una sola manifestación en América Latina, de
masas, a favor de la integración. No es popular. Ésta es una impotencia de la izquierda: No haber
podido convencer a las grandes masas, que su suerte de futuro está en juego, con el fenómeno
de la integración.
Y tengo la necesidad de decir ahora algo. ¿Por qué? Porque en el mundo que se avecina, por sus
dimensiones, somos muy poca cosa atomizados. Pero podemos ser algo bastante más, si
logramos ciertas voces comunes, ciertos credos comunes.
Pero en estos años, se podrá decir lo que se quiera, pero salvo el esfuerzo formidable de Chávez
en su momento — que rompió el molde —, en realidad, (aplausos) y no porque sean malos… el
resto de los países grandes, y fuertes, o relativamente fuertes, en lo que pueden ser en América,
están absorbidos por sus necesidades interiores, les cuesta muchísimo ser proclives a la creación
de industrias complementarias, de una cultura complementaria, etcétera, etcétera. Los discursos y
la retórica son formidables; y la cantidad de instituciones que fundamos, son tan grandes como
nuestra impotencia. Cuando no podemos avanzar más fundamos otra, otro nivel, y allá fuimos, a
hacer discursos — pero pasa poco.
Pero a su vez, nunca, en la historia de América Latina, nunca hemos tenida la política de diálogo y
de encuentro que existe hoy con las presidencias y con los poderes ejecutivos de América Latina,
cualquiera sea su signo. Esto nunca lo tuvimos.
Quiere decir que considero que hemos avanzado; y hemos avanzado formidablemente; pero
corremos el riesgo de quedar estancados, y de quedar sumidos, enterrados, en la consideración
de los propios problemas. Porque en definitiva, los modelos de integración que hemos visto
significan que alguien paga la cena — o por lo menos alguien invita a una cena común. Cuando
los proyectos son excesivamente nacionales, pueden encajar por 1960, 1950, pero ya no encajan
en el 2015. ¿Por qué? Porque el mundo se globaliza, y las fuerzas que se están necesitando son
tremendas. Ya no es época de un nacionalismo autárquico, por más popular que quiera serlo, que
considere que puede avanzar en soledad, porque la historia y el progreso tecnológico no han
avanzado sólo porque sí.
Con estas salvedades, compañeros, los invito a que piensen. Que desechen los lugares comunes.
Que se olviden de Lenin (murmullos)… después de haberlo leído bastante. (Risas y aplausos.)
Les quiero transmitir, compañeros, que no busquen sólo respuestas para atrás, de gente que le
tocó vivir otro tiempo. Acá hay un desafío por delante, estamos en otro tiempo, en otra época.
No creo que el imperialismo sea la última etapa del capitalismo; el capitalismo ha demostrado una
capacidad de reconversión de carácter formidable. Estamos en otra época, otro tiempo. El honor
que merecen los clásicos es respetar su enorme independencia y creatividad para pensar en el
marco de su tiempo. Pero nadie nos va a resolver la changa que tenemos nosotros por delante, en
el marco de este tiempo, con el avance de la informática, con la globalización, con el desparramo
del capital financiero en el mundo, un mundo que va a hablar en pocos años todo el mundo inglés,
y otro idioma, con un lenguaje digital por delante… Y con una juventud de carácter internacional,
que se comunica, y crea amigos por todo el universo. Estamos entrando en otro mundo; seríamos
unos viejos retardatarios si andamos encontrando que los clásicos nos den respuestas a un
mundo que es distinto, y que no pudimos encontrar. (aplausos)
Por eso, compañeros, hay que darle; estamos huérfanos del esfuerzo teórico; nos metimos en
chancada por los gobiernos, y nos metimos a chancar en los problemas concretos, y está bien,
hay que hacerlo, porque si no, la gente tampoco nos entendería, porque no se puede hacer
filosofía divorciados de la gente, y la gente tiene que comer, y tiene que pagar la luz, y tiene que
atender las tripas, y si no nos ve que estamos inmersos en esa lucha por solucionar y ayudar a
solucionar sus problemas, no hay fila india. No va a haber fila india.
La historia no se cambia jeteando en los boliches. La historia necesita jetear en los boliches, pero
organizar la “fila india” [según Mujica, “… es central andar como una fila india junto a los
trabajadores organizados, como el PIT-CNT, como elemento de respaldo de carácter ideológico;
no se puede dejar de ser antes que nada trabajadores, y tener un sentido de fidelidad de clase.”].
Aunar voluntades colectivas, y esfuerzo colectivo. Y estamos un poco huérfanos…
Nosotros vamos a entrar en el tercer gobierno, pero nos estamos dando el lujo de […] que somos
muy grandes, como frente, medio país. Es tiempo, de que en nuestras filas, haya compañeros que
se pongan a pensar en el largo plazo. Y creo qué […] responsabilidad. Corremos el riesgo de ser
absorbidos por la vorágine del pragmatismo de tener que gobernar. Es un riesgo real. ¡Y no
podemos renunciar! a la necesidad de […] gobernar ¡las dos cosas!
Éste es el desafío que tenemos por delante. Y pienso que en nuestra América, hay muchos otros
que tienen desafíos parecidos. PT, en Brasil; […] del cual esperamos tanto, y necesitamos tanto y
que tiene tanta responsabilidad; compañeros venezolanos; compañeros ecuatorianos; esos
indígenas maravillosos de Bolivia, que tienen una cosmogonía especial, un modo de ver, que hay
momentos que me parece que son la cosa más moderna, que puede abrirse al futuro… (risas y
aplausos)
Compañeros, muchas gracias.

Mujica 27 02-15

  • 1.
    Disertación de José“Pepe” Mujica en el marco del Seminario Internacional “Izquierda y proyectos progresistas en la región: desafíos para seguir cambiando”, organizado por la Fundación Líber Seregni, La Fundación Friedrich Ebert y el Frente Amplio. 27 de febrero de 2015, Salón Azul de la Intendencia de Montevideo. Hace algunos años - unos cuantos - mi actitud ha sido, no la de cultivar, o intentar construir un asceta — pero sí, no [dejar de luchar] conmigo mismo, de hacer el intento, desesperado y esperanzador, de ser un poco mejor en cada día que pasa. ¿Por qué? Porque yo pertenezco a la generación de muchos, que pensaron que con el cambio de las relaciones de producción y de distribución, se lograban las condiciones básicas que iban a determinar un cambio sustantivo en la conducta humana. Después, como a otros que se metieron a intentar transformar el mundo, me tocaron muchas horas de soledad, un tiempo para pensar y repensar. Y me hice esta pregunta: qué es el hombre. Qué es el hombre, en cuanto al disco duro de lo que trae impuesto por la naturaleza, y cuáles son las características adquiridas — por la cultura, por el espacio histórico y el tiempo que nos toca ocupar en la vida. Qué es lo primigenio del animal, y qué es lo que aporta la cultura. ¿Por qué? Porque se suponía que pertenecíamos a una escuela que pomposamente la llamábamos del “socialismo científico”. Y si es científico, lo primero es el intento de definir la esencia, qué es, qué es, el material con el cual trabajamos, la humanidad, el cerebro humano. Esta pregunta me tuvo — por supuesto no le podía dar respuesta —, estaba angustiado. Sin libros por mucho tiempo, mi memoria me llevaba a recordar algunos esbozos de Engels — hablando de los clásicos — no mucho más. Porque a mí me tocó estar preso siete años sin un libro. Y eso es mucho tiempo, compañeros de las izquierdas. Años después, cuando salí, salí con angustia antropológica, buscando en la antropología respuesta a una pregunta que no me había podido dar, y acudí a Chris […], de mi más tierna juventud, Renzo Pi, compañero al que conocí, y a otros antropólogos. Por qué les digo esto. Les digo esto por lo siguiente: Considero que el plano incidente en las transformaciones humanas que tiene la cultura es tremendo. Y que si la izquierda del futuro no da batalla y tregua en el campo de la cultura y es capaz de generar una cultura, para nada sirven las transformaciones materiales en las relaciones de propiedad. Esto no lo sabíamos… Mi generación se empeñó en otro embate, las transformaciones materiales que se podían dar en la sociedad iban a ser determinantes, entre otras cosas, de formar una cultura nueva y un hombre nuevo. Pero hace muchos años que fui a […]. Pero tantos años, que vivía Nikita Kruschev… ¡tantos años! Porque alguna vez fui joven (risas). Caigo con una camisa Forex que habían salido, que eran de nylon — francamente insoportables (risas) — y los pobres rusitos de […] me envidiaban la camisa, que yo traía de Occidente — la magia portentosa de la mercadería novedosa hizo […] en la conducta humana. Por eso coincido con la murga, que hace unos tres años, cuatro años, decía por ahí: “Si no cambiás vos, no cambia nada, aunque tu presidente sea Fidel”. Entonces, primer tema, para mí, crucial; si no hay respuesta en el campo de la cultura, en la forma de vivir y, fundamentalmente, en los valores que están atrás de las decisiones… La ciencia, la tecnología… — estoy harto de sentir que la enseñanza va a resolver mágicamente todos los problemas. ¡Mentira! ¡Eso no resiste el más elemental análisis histórico! ¡Más bien, lo contrario! ¿En qué sentido? Sin enseñanza, sin desarrollo del conocimiento y de la cultura, como condición básica, no se puede ni pensar en una sociedad superior. Pero sólo con eso, no vamos… ¿Por qué? Porque tenemos el ejemplo de lo que significó Alemania, por ejemplo, en la década del 30; ninguna nación es más culta ni tenía más capacidad tecnológica, y […] Alemania. Es decir, atrás
  • 2.
    de la formacióntiene que haber una orientación, un rumbo básico, y eso es ético, es moral, eso es una conducta, es valores. Y yo creo que en el campo de los valores, nos están ganando el partido por no considerarlos (rumores). Y que los valores que sustentan… — revisemos un poco la criatura humana… y acabo de repetir a Engels. Tenemos una tendencia, probablemente en el disco duro, un egoísmo natural metido fuerte, que es una necesidad de la naturaleza y está presente en casi todas las cosas vivas, y que cumple su función: Pelear… por estar vivo, nosotros, y el núcleo de gente que nos acompañe. Nuestro [¿mundo que afecta?]. Es una herramienta que ha colocado la naturaleza, y creo que está metida en el disco duro; por lo tanto, acá no cabe discusión: es, existe. Y esto hay que verlo. En contradicción con esto, pero en contradicción viva, y en lucha permanente, está la idea de solidaridad, que es funcional, también, al interés de la especie. Es como pensar en la vida, en el “nosotros”, no en el “yo”. Ese combate me parece que es permanente; es permanente en cada ser humano y es permanente en las sociedades. Decía un amigo que escribía — no hace mucho —: “Si por magia superáramos la lucha de clases, y no hay clases sociales, y por lo tanto no hay limpiadores que limpien — la gente se limpia las cosas a sí misma —, no van a faltar los fundamentos de inventar la necesidad de tener limpiadores, y aparecerán los que no limpian, pero son limpiados”. Es decir, siempre va a aparecer, dentro de nosotros, un razonamiento de carácter determinante — porque no hay que creer que el egoísmo es burdo, solo; el egoísmo puede ser muy articulado, muy fino, muy sutil. Y nos aparece… y nos aparece a diario, en la vida. Cuando sentimos la injusticia de los impuestos que tenemos que pagar, aunque pertenezcamos a un sector de relativos grandes ingresos… Nos tiende a aparecer ¿verdad? (risas) ¿o estoy equivocado? Sí… Y creo que es natural que eso exista, y no hay que horrorizarse, ni enjuiciar nada mal. Pero lo peor es que no sepamos que esto existe. Porque si no, lo que construimos… ¡queremos construir realidad con lo que soñamos, no con lo que las cosas son! Por lo tanto: lo esencial y lo determinante es la voluntad creciente de darnos cuenta que sólo la cultura, sólo el cultivo y la predisposición a enfrentar a nuestro propio egoísmo, nos dan condiciones para crear un hombre mejor. El Hombre Nuevo no es una utopía de llegar un día a un arco de triunfo y está todo arreglado y como condición para… El hombre nuevo es sólo el camino por ser menos porquería de lo que somos (aplausos). Esto precisa una actitud activa, y colectiva, y de auto-enfrentamiento permanente, y de mutuo apoyo. Por eso brego por los instrumentos colectivos y amplios. Aunque los partidos no estén de moda, y todo el mundo parece que es independiente (rumores), es que yo quiero una [¿danza?] con el compromiso de la cosa colectiva, porque lo colectivo nos ayuda a encuadrar, tibiamente, nuestras debilidades, y lo precisamos como el pan, porque de lo contrario somos unas pobres criaturas, solos, en el viento. Necesitamos el apoyo. El apoyo fraterno. No el apoyo crítico, destructivo, [¿lleno de escollos,?] de veneno, porque eso es parte de la vieja sociedad, y no es en el fondo otra cosa que una disputa de poder. La crítica […], inmerecida y destructiva no es crítica, es en el fondo, muchas veces, lucha por el poder, cosa que se nos escapa desde adentro. La crítica colectiva debe ser constructiva, debe ayudarnos a ser mejores. Y quiero decir un análisis, compañeros… Por qué estas cosas, por qué. Aunque le choque a muchos, en el mundo no hay, en el fondo, crisis ecológica, […] Hay una bruta crisis política. La crisis ecológica es consecuencia de la crisis política, pero no es caos. ¿Y por qué? Porque el desarrollo humano ha llegado a una época y a una etapa que necesita políticas de carácter mundial, y somos incapaces de encontrar mecanismos que lo puedan determinar. ¡No puede ser que hace 25, 30 años nos dijeron en Kyoto “va a pasar esto, y esto, y esto”, y es como si lloviera! Y el mundo no dio pelota. ¿Y por qué no dio? Porque los gobiernos están preocupados en su acontecer nacional, y en quién gana las próximas elecciones, y estamos a leguas de tener una gobernancia mundial mínima. Y el desarrollo de nuestra civilización ha generado problemas que
  • 3.
    son de carácterplanetario. Y que sólo con decisiones planetarias se pueden instrumentar. Por esto digo que la crisis es política. Y es política porque todo es sometido a una civilización que hace uso y abuso del mercado como portaestandarte, pero es que el mercado termina gobernando a la globalización de los hombres, y no al revés. Pero a su vez, el avance del hombre es de tal naturaleza, que por momentos toca determinados límites, y entonces nos damos cuenta que sin acuerdos de carácter mundial que se cumplan, que sin la lucha por entrar a pensarnos no como país sino como especie, navegamos en un barco que podemos conducir al desastre. Este mono complicado que somos… y complicador, porque no sólo que somos complicados; ¡le complicamos la vida a todos los demás compañeros del barco! ¡Tenemos responsabilidad global con toda la vida, no sólo con la nuestra! Y como tales, el mundo, esta globalización efectiva, ¿cómo nos encuentra? Nos encuentra sin poder practicar masivamente la solidaridad. Que no es altruísmo, que no es regalar plata. La solidaridad es al revés. No es equivalente solidaridad con altruísmo. El concepto de solidaridad significa “hoy por ti, mañana por mí — no sé cuándo”. No significa una retribución directa. Pero significa una retribución en el largo plazo, en el conjunto de los bienes, tanto materiales como espirituales, que componen la vida humana. El altruísmo es dar, nomás. En nuestro sistema, si se para el mercado, todos los economistas del mundo tiemblan. ¡Qué horrible, qué espantoso! ¡Y hay que inventar formas que el mercado camine! ¡De alguna forma! ¡Una mafia, lo que fuera! Se llamará econometrismo,… no importa. La letra que se le pone, poco importa. Al fin y al cabo, es una literatura vieja. Ya la aplicaba Pericles. No tiene mayor novedad. Tiene novedad la parsimonia de cosas que se meten. Pero ¿qué nos encontramos? Con esto, queridos compañeros: que perdemos todo sentido de lo [¿que es viable?] y entonces, el mercado termina inventando cualquier cosa para que consumamos. Yo he hablado mucho contra el consumo, y entonces me toman como viejo loco, o asceta, o monje, o cartujo ¡qué sé yo! Pero no. El problema es éste: Es que lo que hay que consumir son esencialidades a favor de la vida humana, y deben tener la prioridad; pero si estamos despilfarrando fortunas en choteces, después no hay para lo fundamental. Es ridículo que en este mundo todavía haya gente con hambre, con privaciones, mientras por otro lado tenemos una política de propiciar el despilfarro, porque si no, el mercado se tranca. Ésta es la cuestión. Ésta es la cuestión esencial. Y determinante. ¡… Si la izquierda lo tiene que tener claro! ¡Por lo menos conceptualmente lo tenemos que tener claro! Lo vemos todos los días, miren. Hay una firma por ahí, […] que van a pagar el despido. Si yo fuera vendedor de coches, me paro en la puerta, y estoy seguro que cuando cobran el despido, me vendo 150 autos. ¿Por qué? ¿Tienen la culpa, los muchachos? No, no tienen la culpa. Ésta es la cultura que nos rodea. Es casi determinante. Y estamos prisioneros de esa cultura que tiene más fuerza que un ejército. Cuando todos sabemos de la prioridad de alguien que va a tener peligro en el trabajo es decir: tenemos que hacer una reserva, vamos a ver cómo aguantamos, el techo, en fin ¡otras cosas! Pero estoy seguro de que eso va a pasar, porque lo he visto en todos estos años. Y uno puede hablar todo lo que quiera, pero la izquierda tiene que ser un elemento de educación de las masas, también. ¡Los sindicatos tienen que tener una actitud activa! ¡No dejarme ganar lo que significa la actitud, por el avance permanente, agresivo, que tiene el mercado sobre la conciencia inerme de los trabajadores, sobre todo jóvenes! ¡Hay que entrarles al balero! ¡Hay que volcar experiencia! ¡Hay que poner estos temas, permanentemente! (aplausos) Porque una sociedad mejor no puede ser hija de la dictadura, no puede ser hija de la imposición. Una sociedad mejor, es hija del autocontrol de la propia gente, de la claridad de conciencia de la propia gente. Y todo está hecho en forma contraria, como para que la gente no piense, y hay otras formas de arriar; ni se precisa látigo, ni se precisa ejército, ni policía brava, ni nada por el estilo: si están las formas larvadas de propaganda contemporánea para ir componiendo un estamento cultural que agrede, y que nos impone moda, y cómo le va a decir un padre de familia al hijo “No, aquéllos
  • 4.
    championes no lospuedo comprar” porque tienen un […] Y así sucesivamente. Creo que esto, compañeros, no tiene otro camino que el desarrollo de la conciencia. Pero gastamos mucho tiempo en la protesta, en el choque, y en la reivindicación de los derechos que tenemos, y no gastamos una gota de tiempo en avivarnos y empezar en profundidad una verdadera protesta. Ya este sistema va aprendiendo a dominar esto. Yo veo a la izquierda del futuro como una herramienta educadora, que da combate en estas cosas, en los rincones de la sociedad. Pero puede pasar lo contrario, y esa izquierda dejará de ser izquierda, y se va a sentar en el asiento y ahí termina, porque al final vas a pensar como vives, y debe ser al revés, debes de vivir como piensas! (aplausos) Yo no creo que la izquierda sea moderna, aunque el término se haya inventado con la Revolución Francesa. Pero creo que es cuasi permanente en la historia de la humanidad la actitud conservadora, y la actitud de cambio, y se ha dado en todas las edades y en todos los tiempos. Me siento pariente de […], de Cleomene, de Sócrates, de Epaminondas, ¡qué se yo…! ¿Cuántos primos hermanos hay en la historia humana? Y siempre ha estado lo otro… Tal vez son caras de la propia humanidad, infinitamente necesarias… Ambas formas tienen patología, excesivamente. Porque no se puede vivir de cambio en cambio, como el mal de San Vito. En las sociedades se precisa cierto grado de estabilidad. Y lo conservador juega su papel. Pero cuando lo conservador se hace reaccionario, está ahí su patología. Tranca la evolución humana, y crea condiciones inevitables de choque. La izquierda, la actitud de cambio, tiene la patología del infantilismo. Al cual está expuesta permanentemente. Hay una lucha entre estas cosas, que se dan, permanentemente. Ahora, ¿cómo explicarle estas cosas a las nuevas generaciones? si hay crisis de partidos, y si los partidos están colocados como elementos de sólo juntar votos, abandonaron las escuelas de cuadros, no se dedican a formar gente, no discuten, ¿y cómo se aviva la gente?! (Aplausos) Seguramente que puede parecer conservador — y yo puedo tener el defecto de tener tantos años, es posible — pero yo no creo en la magia de que la gente se pueda formar sólo en soledad, sin el aporte colectivo del resto de la gente. Y segundo, compañeros, sin entregar la libertad — que la lucha por la libertad debe ser un patrimonio intransferible de la izquierda —, sin entregar la libertad, sin entregar el libre albedrío, ¡qué humano, qué saludable, es someterse a una disciplina! ¡Sentirse hombro con hombro! ¡Más! Soportar que, a veces, uno discrepa, pero a conciencia, por mantener el valor del equipo, del cuadro, agacha la cabeza y va, y sigue… ¿Por qué? Porque sólo avanzamos colectivamente. Nuestra marcha es… la velocidad de lo más lento. No, de los que están al frente. Muchas veces, hay infinidad de compañeros que pueden no comprender. Y nos vemos ante el dilema de hacernos pedazos, o de excluirnos, o abandonar el cuadro. Quien añore hacer algo, a favor de sumar a las transformaciones positivas del hombre, tiene que contribuir a crear cuadros colectivos y equipos colectivos. Solos no vamos a encontrarlos. Y una generación de militantes ha de ambicionar que sea superada con ventaja por los que vienen. Pero los que vienen no son seres superiores. Son parte del cardumen humano que van a tener limitaciones. Y que tienen todo el derecho a cometer los errores de su época. Pero no tienen derecho a cometer los errores que ya pasaron, de otra época, porque si no, no aprendemos un carajo. (aplausos) Quiero decirles que la vida de una organización de izquierda, de un partido, de una corriente de izquierda, es un mensaje. En sus logros y en sus frustraciones, es un mensaje formador para la vida de su propia gente. Y me parece que esto es importante. Lo otro, nuestras verdades, son temporarias, relativas. Lo que no son temporales son los principios. La cuestión de la solidaridad. La cuestión de la honradez intelectual. El acostumbrarse a llamar a las cosas por el lado que lo son. El no disimular nuestras pequeñeces. El no hacernos pedazos por la aparición de nuestras pequeñeces, porque son parte de la condición humana.
  • 5.
    Cuántos compañeros hayacá, que deben haber asistido, en algún comité central, a la discusión de cómo se forma una lista… ¿Ajá? ¡Cada vez que hay que formar una lista, dios mío!!! (murmullos y risas) Y no hay que asustarse por eso; hay que pasar por todo eso. Pero también hay que tener la humildad para mantener el cuadro; la humildad de no cortar los puentes, sin darse cuenta que la construcción de un esfuerzo colectivo es lo imprescindible, pero todo esfuerzo colectivo necesita un margen enorme de educación tolerante entre la gente que compone el equipo. Nosotros, en el Uruguay, somos frentistas. Y a esta altura somos catedráticos a nivel mundial en saber manejar nuestras contradicciones. Somos policlasistas. Hay de todo en la viña del señor. Y hemos aprendido esta lección: nos precisamos todos. ¿Por qué? Porque cualquier definición de dejar, por esto, por lo otro, por el camino, significa perder el partido por la derecha, y por lo tanto, sacrificar el destino de nuestro pueblo; no de la izquierda; de algo más hondo, que es el devenir de nuestro pueblo. (aplausos) La etapa de los próximos años va a sufrir los cimbronazos de que la parte desarrollada del mundo se quiere defender de China. Los seres multinacionales que se están creando y que ya existen, tienen un derrotero básico: cómo obturarle el camino a China; todos los sistemas de alianza. Ninguno lo va a decir, por supuesto; nadie, naturalmente… Habrá que averiguar qué piensa hacer China. Lo que los latinoamericanos tenemos bien claro, es que nadie puede renunciar, en América Latina, al comercio cada vez más intenso con la República Popular China, porque pretender otra cosa sería imposible en el mundo de hoy. Y esto va a marcar toda una época, y es una fuerza determinante, aunque nosotros, por cultura, por tradiciones, pertenecemos a otro centro cultural del mundo, inevitablemente. Pero los intentos de acuerdos compensatorios con Europa, creo que no están, por desgracia, al alcance de la mano, y la política manejada — según yo he podido interpretar, me puedo equivocar —, su gran derrotero, es cómo le cierra el paso a la República Popular China. Creo que esto va a significar una época… Pero al mismo tiempo, nuestra América Latina nunca ha estado más cerca que hoy. Y entendámonos, porque pensar en la izquierda en el mundo entero me queda grande, trato de pensar la izquierda y las necesidades del barrio grande que tenemos. Yo estoy convencido de que pertenecemos a una nación no conformada, que es nuestra América, que tiene una misma lengua básica, y ciertas tradiciones en común. Pero llegamos muy tarde, muy tarde, terriblemente tarde, y el fenómeno de la integración es muy fuerte en la gente que leemos dos o tres diarios por día, pero no he visto una sola manifestación en América Latina, de masas, a favor de la integración. No es popular. Ésta es una impotencia de la izquierda: No haber podido convencer a las grandes masas, que su suerte de futuro está en juego, con el fenómeno de la integración. Y tengo la necesidad de decir ahora algo. ¿Por qué? Porque en el mundo que se avecina, por sus dimensiones, somos muy poca cosa atomizados. Pero podemos ser algo bastante más, si logramos ciertas voces comunes, ciertos credos comunes. Pero en estos años, se podrá decir lo que se quiera, pero salvo el esfuerzo formidable de Chávez en su momento — que rompió el molde —, en realidad, (aplausos) y no porque sean malos… el resto de los países grandes, y fuertes, o relativamente fuertes, en lo que pueden ser en América, están absorbidos por sus necesidades interiores, les cuesta muchísimo ser proclives a la creación de industrias complementarias, de una cultura complementaria, etcétera, etcétera. Los discursos y la retórica son formidables; y la cantidad de instituciones que fundamos, son tan grandes como nuestra impotencia. Cuando no podemos avanzar más fundamos otra, otro nivel, y allá fuimos, a hacer discursos — pero pasa poco. Pero a su vez, nunca, en la historia de América Latina, nunca hemos tenida la política de diálogo y de encuentro que existe hoy con las presidencias y con los poderes ejecutivos de América Latina, cualquiera sea su signo. Esto nunca lo tuvimos. Quiere decir que considero que hemos avanzado; y hemos avanzado formidablemente; pero corremos el riesgo de quedar estancados, y de quedar sumidos, enterrados, en la consideración de los propios problemas. Porque en definitiva, los modelos de integración que hemos visto
  • 6.
    significan que alguienpaga la cena — o por lo menos alguien invita a una cena común. Cuando los proyectos son excesivamente nacionales, pueden encajar por 1960, 1950, pero ya no encajan en el 2015. ¿Por qué? Porque el mundo se globaliza, y las fuerzas que se están necesitando son tremendas. Ya no es época de un nacionalismo autárquico, por más popular que quiera serlo, que considere que puede avanzar en soledad, porque la historia y el progreso tecnológico no han avanzado sólo porque sí. Con estas salvedades, compañeros, los invito a que piensen. Que desechen los lugares comunes. Que se olviden de Lenin (murmullos)… después de haberlo leído bastante. (Risas y aplausos.) Les quiero transmitir, compañeros, que no busquen sólo respuestas para atrás, de gente que le tocó vivir otro tiempo. Acá hay un desafío por delante, estamos en otro tiempo, en otra época. No creo que el imperialismo sea la última etapa del capitalismo; el capitalismo ha demostrado una capacidad de reconversión de carácter formidable. Estamos en otra época, otro tiempo. El honor que merecen los clásicos es respetar su enorme independencia y creatividad para pensar en el marco de su tiempo. Pero nadie nos va a resolver la changa que tenemos nosotros por delante, en el marco de este tiempo, con el avance de la informática, con la globalización, con el desparramo del capital financiero en el mundo, un mundo que va a hablar en pocos años todo el mundo inglés, y otro idioma, con un lenguaje digital por delante… Y con una juventud de carácter internacional, que se comunica, y crea amigos por todo el universo. Estamos entrando en otro mundo; seríamos unos viejos retardatarios si andamos encontrando que los clásicos nos den respuestas a un mundo que es distinto, y que no pudimos encontrar. (aplausos) Por eso, compañeros, hay que darle; estamos huérfanos del esfuerzo teórico; nos metimos en chancada por los gobiernos, y nos metimos a chancar en los problemas concretos, y está bien, hay que hacerlo, porque si no, la gente tampoco nos entendería, porque no se puede hacer filosofía divorciados de la gente, y la gente tiene que comer, y tiene que pagar la luz, y tiene que atender las tripas, y si no nos ve que estamos inmersos en esa lucha por solucionar y ayudar a solucionar sus problemas, no hay fila india. No va a haber fila india. La historia no se cambia jeteando en los boliches. La historia necesita jetear en los boliches, pero organizar la “fila india” [según Mujica, “… es central andar como una fila india junto a los trabajadores organizados, como el PIT-CNT, como elemento de respaldo de carácter ideológico; no se puede dejar de ser antes que nada trabajadores, y tener un sentido de fidelidad de clase.”]. Aunar voluntades colectivas, y esfuerzo colectivo. Y estamos un poco huérfanos… Nosotros vamos a entrar en el tercer gobierno, pero nos estamos dando el lujo de […] que somos muy grandes, como frente, medio país. Es tiempo, de que en nuestras filas, haya compañeros que se pongan a pensar en el largo plazo. Y creo qué […] responsabilidad. Corremos el riesgo de ser absorbidos por la vorágine del pragmatismo de tener que gobernar. Es un riesgo real. ¡Y no podemos renunciar! a la necesidad de […] gobernar ¡las dos cosas! Éste es el desafío que tenemos por delante. Y pienso que en nuestra América, hay muchos otros que tienen desafíos parecidos. PT, en Brasil; […] del cual esperamos tanto, y necesitamos tanto y que tiene tanta responsabilidad; compañeros venezolanos; compañeros ecuatorianos; esos indígenas maravillosos de Bolivia, que tienen una cosmogonía especial, un modo de ver, que hay momentos que me parece que son la cosa más moderna, que puede abrirse al futuro… (risas y aplausos) Compañeros, muchas gracias.