La empresa colocó un letrero anunciando la muerte de la persona que impedía el crecimiento de los empleados y los invitó a su velorio. Al ver dentro del ataúd, cada empleado se dio cuenta de que la única persona que limita su progreso es uno mismo, ya que cada quien es responsable de su propia vida y el único que puede causar un cambio positivo o negativo. El mensaje final es que cada persona debe examinarse a sí misma y ser responsable de su propio destino y felicidad.