La NASA probó un cohete en forma de platillo volador con un paracaídas para reducir su velocidad de descenso. El objetivo era probar la tecnología para futuras misiones a Marte y evitar desastres al reingresar a la Tierra a alta velocidad sin control. La prueba inicial se retrasó dos días debido al clima, realizándose finalmente el 5 de junio de 2015.