El autor expresa su preocupación por la polarización política en Venezuela y la ausencia de un árbitro imparcial a quien ambos bandos puedan acudir con confianza. Señala que un árbitro objetivo es necesario para establecer un diálogo que permita superar las diferencias, como ocurre en disputas cotidianas. Advierte que sin un árbitro que establezca las reglas del proceso, el conflicto podría prolongarse indefinidamente con consecuencias graves, por lo que urge producir una figura que brinde sosiego y permit