La impresión 3D ha evolucionado desde su invención en 1984 para utilizar una variedad cada vez mayor de materiales, como plásticos, metales, cemento, madera y papel. Estos materiales permiten una amplia gama de aplicaciones, incluida la fabricación de prótesis, implantes médicos e incluso la impresión de órganos utilizando células del paciente. La investigación actual se centra en ampliar aún más las posibilidades de los materiales y aplicaciones de la impresión 3D, como la impresión de alimentos.