El loro ve al barrilete volando en el campo y cree que es un papagayo extraño. Cuando se acerca, descubre que es solo un barrilete con un hilo, pero igual se divierte volando y jugando con él, formando figuras en el cielo. Al final, cuando anochece, el cansado loro regresa a su nido y se despide de su nuevo amigo el barrilete, invitándolo a jugar otra vez mañana.