La capa de ozono está situada entre los 20 y 40 km de altura y protege la vida en la Tierra de la radiación ultravioleta. Científicos detectaron en 1984 un agujero en la capa de ozono sobre la Antártida que fue creciendo anualmente debido a gases como los clorofluorocarbonos (CFC) liberados por aparatos como refrigeradores, los cuales destruyen las moléculas de ozono al combinarse con la radiación solar.