El documento discute cómo la violencia es una tendencia humana influenciada por factores biológicos y ambientales. Señala que, si bien todos los seres humanos son capaces de agresión, la cultura y el maltrato en la niñez pueden dañar el cerebro de manera que aumente la predisposición a la violencia. También sugiere que problemas en las funciones frontales del cerebro pueden distorsionar la toma de decisiones y conducir a acciones motivadas por el odio.