La templanza se refiere al dominio propio y la moderación de los deseos y pasiones, guiados por la razón y el Espíritu Santo. Es una virtud cardinal que ayuda a evitar los excesos y a someter los impulsos a la voluntad de Dios. Se requiere templanza en áreas como los pensamientos, las palabras, la vestimenta y la paciencia. Al dejar que el Espíritu Santo controle toda la vida, se puede desarrollar mayor templanza y demostrar el fruto del Espíritu.