El documento habla sobre el dominio propio como un fruto del Espíritu Santo. Explica que el dominio propio nos permite controlarnos a nosotros mismos en lugar de ser controlados por otros. También describe tres pasos para cultivar el dominio propio: 1) dejar el pecado y renunciar al viejo hombre, 2) buscar las cosas celestiales a través del Espíritu Santo, y 3) practicar diariamente el dominio propio y alejarnos de la tentación.