El autor argumenta que aunque no ha visto a Dios personalmente, hay muchas cosas en el mundo como la naturaleza y las sonrisas de los niños que sugieren que algo o alguien mayor está detrás de ellas. Aunque Dios podría no existir, sugiere que debemos buscar comunión con algo más grande que nosotros mismos. Concluye que no importa si creemos o no en Dios, lo que importa es servir a la vida y crear.