SEMINARIO MAYOR «CRISTO SACERDOTE»
Teléfono: (03) 2586360 *** Apdo. Diocesano: 18-01-0124 *** Casilla n. 953
Dir. Nicolás Arteta y Antonio Clavijo (Sector “El Tropezón”) *** Diócesis de Ambato -
Ecuador
Materia: Poéticos I (Salmos)
Alumno: Diego Molina Curso: Cuarto de Teología
Profesor: Jackson Ortiz Fecha: 23 de septiembre de 2021
Salmo 8. Poder del nombre divino
¿Cuál es la situación del orante?
Este Salmo es un modelo de lo que debe ser un himno de alabanza a Dios, pues glorifica
a Dios, habla de quién es, de lo que ha hecho y relaciona al ser humano con Él. Algunos lo
llaman una liturgia para la noche. El v. 3 indica que el salmista está contemplando los
cielos de noche, pues no menciona el sol, pero habla de las estrellas.
¿Cuáles son los sentimientos?
En el salmo 8 se refleja una doble experiencia. Por una parte, la persona humana se
siente atónita ante la grandiosidad de la creación, «obra de los dedos» divinos. Esa curiosa
expresión sustituye la «obra de las manos» de Dios (cf. v. 7), como para indicar que el
Creador ha trazado un plan o ha elaborado un bordado con los astros esplendorosos,
situados en la inmensidad del cosmos.
Sin embargo, por otra parte, Dios se inclina hacia el hombre y lo corona como su virrey:
«Lo coronaste de gloria y dignidad» (v. 6). Más aún, a esta criatura tan frágil le encomienda
todo el universo, para que lo conozca y halle en él el sustento de su vida (cf. vv. 7-9)
¿Qué experiencia de Dios tiene?
El salmista contempla las maravillas de la creación: el cielo estrellado, el reflejo
plateado de la luna, los animales al servicio del hombre, y las bocas de los tiernos infantes
que, pendientes de los pechos de sus madres, proclaman la grandeza y providencia del
Creador. Es como un comentario poético a la obra de la creación narrada en el cap. 1 del
Génesis. El hombre es el representante de Dios en la obra de la creación. Todo ha sido
creado al servicio del hombre, y éste al servicio de Dios, por estar hecho a «imagen y
semejanza suya». El salmista, lejos de reconocer como divinidades a los astros y a la
misteriosa transmisión de la vida, lo presenta todo como obra del único Dios del universo,
que gobierna todas las cosas con «número, peso y medida» (Sab 11,21). El poeta, extasiado
ante tanta grandeza cósmica, se admira de que el Creador omnipotente se preocupe de un
ser tan insignificante como el hombre. Sin embargo, éste es el rey de la creación por llevar
el sello de lo divino en su alma.

salmo 8.docx

  • 1.
    SEMINARIO MAYOR «CRISTOSACERDOTE» Teléfono: (03) 2586360 *** Apdo. Diocesano: 18-01-0124 *** Casilla n. 953 Dir. Nicolás Arteta y Antonio Clavijo (Sector “El Tropezón”) *** Diócesis de Ambato - Ecuador Materia: Poéticos I (Salmos) Alumno: Diego Molina Curso: Cuarto de Teología Profesor: Jackson Ortiz Fecha: 23 de septiembre de 2021 Salmo 8. Poder del nombre divino ¿Cuál es la situación del orante? Este Salmo es un modelo de lo que debe ser un himno de alabanza a Dios, pues glorifica a Dios, habla de quién es, de lo que ha hecho y relaciona al ser humano con Él. Algunos lo llaman una liturgia para la noche. El v. 3 indica que el salmista está contemplando los cielos de noche, pues no menciona el sol, pero habla de las estrellas. ¿Cuáles son los sentimientos? En el salmo 8 se refleja una doble experiencia. Por una parte, la persona humana se siente atónita ante la grandiosidad de la creación, «obra de los dedos» divinos. Esa curiosa expresión sustituye la «obra de las manos» de Dios (cf. v. 7), como para indicar que el Creador ha trazado un plan o ha elaborado un bordado con los astros esplendorosos, situados en la inmensidad del cosmos. Sin embargo, por otra parte, Dios se inclina hacia el hombre y lo corona como su virrey: «Lo coronaste de gloria y dignidad» (v. 6). Más aún, a esta criatura tan frágil le encomienda todo el universo, para que lo conozca y halle en él el sustento de su vida (cf. vv. 7-9)
  • 2.
    ¿Qué experiencia deDios tiene? El salmista contempla las maravillas de la creación: el cielo estrellado, el reflejo plateado de la luna, los animales al servicio del hombre, y las bocas de los tiernos infantes que, pendientes de los pechos de sus madres, proclaman la grandeza y providencia del Creador. Es como un comentario poético a la obra de la creación narrada en el cap. 1 del Génesis. El hombre es el representante de Dios en la obra de la creación. Todo ha sido creado al servicio del hombre, y éste al servicio de Dios, por estar hecho a «imagen y semejanza suya». El salmista, lejos de reconocer como divinidades a los astros y a la misteriosa transmisión de la vida, lo presenta todo como obra del único Dios del universo, que gobierna todas las cosas con «número, peso y medida» (Sab 11,21). El poeta, extasiado ante tanta grandeza cósmica, se admira de que el Creador omnipotente se preocupe de un ser tan insignificante como el hombre. Sin embargo, éste es el rey de la creación por llevar el sello de lo divino en su alma.