Este artículo discute el fenómeno de la secularidad en Europa y cómo esto afecta a la vida religiosa y a la Iglesia. Señala que la secularidad no significa el fin de la religión, sino una oportunidad para vivirla y expresarla de nuevas maneras. También destaca la necesidad de escuchar las necesidades de las personas hoy en día y ofrecer respuestas plurales que reconozcan la diversidad en una sociedad secular.