Sendero de sangre
(The Dancer Upstairs)

Estados Unidos, 2002

Dirigida por John Malkovich, con Javier Bardem, Juan Diego Botto, Laura Morante,
Abel Folk, Lucas Rodríguez y Elvira Minguez.

Por alguna razón que desconocemos (nuevos desafíos, aburrimiento, dinero de
sobra), muchas grandes estrellas de Hollywood deciden, en un momento dado,
lanzarse a dirigir. Celebridades de la talla de Robert De Niro, Jodie Foster o
George Clooney, entre muchos otros, han incursionado en este metier con suerte
dispar. Pese a los resultados, el debut de un actor como realizador no es, a priori,
un argumento válido para descalificar su película. Sin embargo, en Sendero de
sangre hay varias cuestiones que no terminan de conformar. Pero vallamos por
partes.

La ópera prima del prestigioso John Malkovich cuenta la historia de un policía que
está tras la pista de un grupo terrorista liderado por un tal Ezequiel. En el
transcurso de la investigación, el agente Agustín Rejas (Javier Bardem) conocerá
a la bailarina Yolanda (Laura Morante), quien cambiará el curso de las cosas...
Aunque la película está situada en un país latinoamericano indefinido y nunca
hace referencia explícita a los hechos reales, su trama está inspirada en los
crímenes cometidos por el grupo revolucionario “Sendero luminoso“, originario del
Perú, y en la captura de su líder, Abimael Guzmán.
La historia real es tan escalofriante como apasionante y era un buen punto de
partida. Y si bien la película entretiene, no logra atrapar al espectador tanto como
parece haber cautivado a Malkovich la novela sobre la que está basado el film.

Hubiera sido interesante poder reflexionar sobre el concepto mismo de terrorismo:
de dónde surgen sus miembros, cuáles son sus motivaciones y cómo llevan a
cabo sus acciones. Pero Sendero... se centra en otros aspectos, más ligados a la
historia personal de sus protagonistas, y no logra dar con el tono adecuado.
Fluctúa entre el thriller político (sin comprometerse, ni ahondar demasiado en
estas cuestiones) y el drama amoroso. La narración describe los atentados
terroristas, los asesinatos a sangre fría y los sucesivos pasos de la investigación;
pero también explora de manera intimista en el pasado de Rejas y en las
relaciones con su esposa y con la profesora de baile de su hija.

Además, el film peca de otro mal muy común en este tipo de superproducciones:
algo que podríamos llamar “latinoamericanismo”. Ese “exotismo” de Sudamérica
que aflora en las películas estadounidenses, y que termina siendo siempre medio
burdo. En este sentido, tampoco colabora la elección deliberada de actores de
diversas nacionalidades, todos hablando en inglés con sus respectivos acentos.

De todas formas, Sendero de sangre logra sostenerse gracias al esfuerzo actoral
de Bardem y a las idas y vueltas de su personaje en torno a la incógnita de quién
es el mítico “presidente Ezequiel”. Y aunque hay varios hechos que resultan
previsibles: como por ejemplo que la hermosa Yolanda no es lo que parece; o que
Guzmán es el hombre misterioso que vimos en la primera escena; tendremos que
darle a Malkovich otra oportunidad. Al menos su trayectoria como actor se la
merece.

Yvonne Yolis

Sendero de sangre

  • 1.
    Sendero de sangre (TheDancer Upstairs) Estados Unidos, 2002 Dirigida por John Malkovich, con Javier Bardem, Juan Diego Botto, Laura Morante, Abel Folk, Lucas Rodríguez y Elvira Minguez. Por alguna razón que desconocemos (nuevos desafíos, aburrimiento, dinero de sobra), muchas grandes estrellas de Hollywood deciden, en un momento dado, lanzarse a dirigir. Celebridades de la talla de Robert De Niro, Jodie Foster o George Clooney, entre muchos otros, han incursionado en este metier con suerte dispar. Pese a los resultados, el debut de un actor como realizador no es, a priori, un argumento válido para descalificar su película. Sin embargo, en Sendero de sangre hay varias cuestiones que no terminan de conformar. Pero vallamos por partes. La ópera prima del prestigioso John Malkovich cuenta la historia de un policía que está tras la pista de un grupo terrorista liderado por un tal Ezequiel. En el transcurso de la investigación, el agente Agustín Rejas (Javier Bardem) conocerá a la bailarina Yolanda (Laura Morante), quien cambiará el curso de las cosas... Aunque la película está situada en un país latinoamericano indefinido y nunca hace referencia explícita a los hechos reales, su trama está inspirada en los crímenes cometidos por el grupo revolucionario “Sendero luminoso“, originario del Perú, y en la captura de su líder, Abimael Guzmán. La historia real es tan escalofriante como apasionante y era un buen punto de partida. Y si bien la película entretiene, no logra atrapar al espectador tanto como parece haber cautivado a Malkovich la novela sobre la que está basado el film. Hubiera sido interesante poder reflexionar sobre el concepto mismo de terrorismo: de dónde surgen sus miembros, cuáles son sus motivaciones y cómo llevan a cabo sus acciones. Pero Sendero... se centra en otros aspectos, más ligados a la historia personal de sus protagonistas, y no logra dar con el tono adecuado. Fluctúa entre el thriller político (sin comprometerse, ni ahondar demasiado en estas cuestiones) y el drama amoroso. La narración describe los atentados terroristas, los asesinatos a sangre fría y los sucesivos pasos de la investigación; pero también explora de manera intimista en el pasado de Rejas y en las relaciones con su esposa y con la profesora de baile de su hija. Además, el film peca de otro mal muy común en este tipo de superproducciones: algo que podríamos llamar “latinoamericanismo”. Ese “exotismo” de Sudamérica que aflora en las películas estadounidenses, y que termina siendo siempre medio burdo. En este sentido, tampoco colabora la elección deliberada de actores de diversas nacionalidades, todos hablando en inglés con sus respectivos acentos. De todas formas, Sendero de sangre logra sostenerse gracias al esfuerzo actoral de Bardem y a las idas y vueltas de su personaje en torno a la incógnita de quién
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    es el mítico“presidente Ezequiel”. Y aunque hay varios hechos que resultan previsibles: como por ejemplo que la hermosa Yolanda no es lo que parece; o que Guzmán es el hombre misterioso que vimos en la primera escena; tendremos que darle a Malkovich otra oportunidad. Al menos su trayectoria como actor se la merece. Yvonne Yolis