Este poema anima a alguien que se siente cansado y sin fuerzas a continuar su camino. Lo insta a recordar cómo fue su comienzo y a desafiarlo a seguir adelante. Le pide que lo mueva y lo lleve de nuevo a sí mismo para que pueda encender su lámpara y seguir su sendero peregrino. Le recuerda que hay puentes y alas que aún no ha visto, y que aunque se doble no dejará de estar erguido. Le ofrece su compañía y apoyo para que entienda que puede seguir adelante.