La violencia familiar ocurre en tres fases cíclicas: 1) acumulación de tensión, 2) episodio agudo de violencia, y 3) etapa de calma/arrepentimiento. Los agresores suelen venir de hogares violentos y tienen baja autoestima e inseguridad, mientras que las víctimas sufren temor, culpa y aislamiento. Romper este ciclo requiere ayuda profesional para cambiar los patrones de comportamiento.