Microsoft fue acusada de prácticas monopólicas por vincular su navegador Internet Explorer con su sistema operativo Windows de forma predeterminada. Esto limitaba la competencia de otros navegadores. Microsoft argumentó que tenía derecho a empaquetar sus productos como quisiera. Finalmente, un juez falló en contra de Microsoft y la obligó a separar sus divisiones y compartir códigos con competidores. Más tarde, la Comisión Europea también multó a Microsoft por continuar con prácticas monopólicas.