Randolf sintió un gran afecto por su hija María José desde que nació. Cuando María José enfermó gravemente del corazón a los 14 años, Randolf renunció a su trabajo para cuidarla. Para salvar su vida, María José necesitaba un trasplante de corazón. Randolf decidió donar su propio corazón para salvar a su hija. Aunque el trasplante fue un éxito, Randolf murió. En su carta de despedida le pidió a María José que viviera plenamente expresando su amor.