Arzobispado de Arequipa
Domingo 20
diciembre
del 2015
UNA VISITA ESPECIAL
Dentro de pocos días celebraremos la Navidad.
A diferencia de lo que sucede en otras partes
del mundo, en el Perú la Navidad se celebra en
un contexto bastante favorable. Estamos
terminando el año y los estudiantes, niños,
adolescentes y jóvenes, que conforman una
parte considerable de nuestra población, han
concluido las clases y están de vacaciones. No
hay la tensión propia del tiempo escolar con sus
tareas, exámenes y otras actividades.Al mismo
tiempo, siendo un país mayoritariamente
cristiano, en las casas, locales comerciales,
centros de trabajo y hasta en las calles se ponen
los adornos correspondientes, y los días
previos ya nos comenzamos a desear unas
felices fiestas.Así, todo ayuda a crear un clima
festivo y facilita que nos preparemos bien para
celebrarlaNavidad.
Sin embargo, no es menos cierto que esa
preparación puede también crear ciertas
tensiones y, si no estamos atentos, distraernos
de lo esencial de esta fiesta. Por ejemplo, hay
que definir en la casa de cuál de los familiares
se va a celebrar la Noche Buena, y la familia
anfitriona se tiene que hacer cargo de que todo
esté listo para recibirlos. Los niños, y por lo
general también los adultos, esperan que les
demos algún regalo y, por tanto, hay que ir a
comprar varios regalos. La publicidad de no
pocas firmas comerciales crea como una
sensación de necesidad de gastar dinero en
regalos. Los centros comerciales se llenan de
gente, el tráfico aumenta y, si nos descuidamos,
llegamos a la Noche Buena totalmente
estresados. Tal vez muy bien preparados por
fuera, pero nada preparados por dentro.
Reducimos la Navidad a algo externo,
superficial y perdemos de vista la verdadera
causaysentidodelafiesta.
Ante este peligro, resulta de particular
importancia que estos días recordemos y
tengamos muy presente que la Navidad no es
una celebración comercial ni un mero feriado
laboral. No son sólo unos días de vacaciones o
de intercambio de regalos con los seres
queridos. El centro de la Navidad es el
nacimiento del Hijo de Dios, es decir, Dios
mismo que se hace hombre y viene al mundo
con la misión concreta de dar su vida por
nosotros, para habitar con nosotros y en
nosotros. Los evangelios dicen que la primera
vez que Jesús vino al mundo, hace algo más de
dos mil años, los suyos no lo recibieron y tuvo
que nacer en un establo, pero a aquellos pocos
que lo recibieron les dio el poder de ser hijos de
Dios. Esto mismo se repite cada año y también
en esta Navidad sucederá que muchos no
recibirán a Jesús porque estarán distraídos en
otros asuntos, asuntos mundanos como los
llama el Papa Francisco. Habrán otros, en
cambio, que sí lo recibirán. La pregunta es: ¿en
qué grupo estará cada uno de nosotros? Ojalá
que todos seamos lo suficientemente
inteligentes y en estos días que faltan nos
preparemos sobre todo para recibir esta visita
especial, la visita de Jesús, y que recibiéndolo
podamos también llevarlo a cuantos viven en
dificultad. Sólo así la Navidad será una
verdadera fiesta y dejará en nosotros una
alegría duradera. El gozo que sólo Dios nos
puededar.
+ Javier Del Río Alba
Arzobispo de Arequipa
LA ColumnA
De Mons. Javier Del Río Alba

Una visita especial

  • 1.
    Arzobispado de Arequipa Domingo20 diciembre del 2015 UNA VISITA ESPECIAL Dentro de pocos días celebraremos la Navidad. A diferencia de lo que sucede en otras partes del mundo, en el Perú la Navidad se celebra en un contexto bastante favorable. Estamos terminando el año y los estudiantes, niños, adolescentes y jóvenes, que conforman una parte considerable de nuestra población, han concluido las clases y están de vacaciones. No hay la tensión propia del tiempo escolar con sus tareas, exámenes y otras actividades.Al mismo tiempo, siendo un país mayoritariamente cristiano, en las casas, locales comerciales, centros de trabajo y hasta en las calles se ponen los adornos correspondientes, y los días previos ya nos comenzamos a desear unas felices fiestas.Así, todo ayuda a crear un clima festivo y facilita que nos preparemos bien para celebrarlaNavidad. Sin embargo, no es menos cierto que esa preparación puede también crear ciertas tensiones y, si no estamos atentos, distraernos de lo esencial de esta fiesta. Por ejemplo, hay que definir en la casa de cuál de los familiares se va a celebrar la Noche Buena, y la familia anfitriona se tiene que hacer cargo de que todo esté listo para recibirlos. Los niños, y por lo general también los adultos, esperan que les demos algún regalo y, por tanto, hay que ir a comprar varios regalos. La publicidad de no pocas firmas comerciales crea como una sensación de necesidad de gastar dinero en regalos. Los centros comerciales se llenan de gente, el tráfico aumenta y, si nos descuidamos, llegamos a la Noche Buena totalmente estresados. Tal vez muy bien preparados por fuera, pero nada preparados por dentro. Reducimos la Navidad a algo externo, superficial y perdemos de vista la verdadera causaysentidodelafiesta. Ante este peligro, resulta de particular importancia que estos días recordemos y tengamos muy presente que la Navidad no es una celebración comercial ni un mero feriado laboral. No son sólo unos días de vacaciones o de intercambio de regalos con los seres queridos. El centro de la Navidad es el nacimiento del Hijo de Dios, es decir, Dios mismo que se hace hombre y viene al mundo con la misión concreta de dar su vida por nosotros, para habitar con nosotros y en nosotros. Los evangelios dicen que la primera vez que Jesús vino al mundo, hace algo más de dos mil años, los suyos no lo recibieron y tuvo que nacer en un establo, pero a aquellos pocos que lo recibieron les dio el poder de ser hijos de Dios. Esto mismo se repite cada año y también en esta Navidad sucederá que muchos no recibirán a Jesús porque estarán distraídos en otros asuntos, asuntos mundanos como los llama el Papa Francisco. Habrán otros, en cambio, que sí lo recibirán. La pregunta es: ¿en qué grupo estará cada uno de nosotros? Ojalá que todos seamos lo suficientemente inteligentes y en estos días que faltan nos preparemos sobre todo para recibir esta visita especial, la visita de Jesús, y que recibiéndolo podamos también llevarlo a cuantos viven en dificultad. Sólo así la Navidad será una verdadera fiesta y dejará en nosotros una alegría duradera. El gozo que sólo Dios nos puededar. + Javier Del Río Alba Arzobispo de Arequipa LA ColumnA De Mons. Javier Del Río Alba