Este documento argumenta que las personas sufren no por las cosas vividas, sino por las cosas soñadas pero no cumplidas. Sufrimos por las proyecciones irrealizadas de lo que hubiéramos querido hacer o experimentar con una persona amada, como viajar juntos o tener hijos, en lugar de apreciar el tiempo feliz que pasamos juntos. También sufrimos por oportunidades perdidas de pasar tiempo con amigos, familiares u otras personas importantes en nuestras vidas. El autor concluye que el desperdicio de la vida está en el amor y