María vivía sola entre dos pueblos, Pueblo Verde y Pueblo Azul, cuyos niños estaban enemistados. Un día, María lloró tanto que se volvió invisible. Como invisible, podía evitar que los niños se hicieran daño con sus trampas y armas, aunque ellos no se dieran cuenta. Con el tiempo, los niños dejaron de pelearse y comenzaron a jugar juntos, haciéndose amigos. María dejó de ser invisible y ya no se sintió sola.