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  1. 1. Silvia Giménez Rodríguez - 54 - artralgias, mialgias, linfadenopatías, odinofagia, erupción cutánea, diarrea etc., aunque aparece sólo entre un 30 y 70% de los pacientes y se autoelimina en 2-3 semanas. Existen factores virales que favorecen o resisten la adquisición de la infección: los primeros son la dosis de virus, y la virulencia de la cepa viral; los segundos son la alteración genética en ciertos pacientes del correceptor CCR5, y cuyo sistema inmunitario es capaz de eliminar por completo la infección e impedir la posterior diseminación del virus, siendo muy común en niños tras la infección perinatal (Domingo, 2001: 4-5). Existen unos factores clínico-biológicos que tienen la capacidad de predecir si la progresión de la infección será más o menos rápida. La progresión se acelerará en los pacientes que presenten cifras de viremia superiores a las 100.000 copias/ml durante la primoinfección o si la carga viral se estabiliza en cifras superiores a 10.000 copias/ml en los pacientes con primoinfección sintomática, en los que presentan cifras bajas de linfocitos T CD4 que no se recuperan, y en los que están infectados por cepas resistentes que escapan a la acción de anticuerpos neutralizantes. Los pacientes que presenten detección prolongada de antígeno p24, retraso en la aparición de anticuerpos frente al mismo y retraso de positivización de las pruebas ELISA para la detección de anticuerpos tienen también un riesgo rápido de progresión. 2º) Fase crónica de la infección. También denominada estadio intermedio. En esta fase se mantienen durante años respuestas humorales y celulares intensas frente al VIH, porque la cronicidad de la replicación viral estimula continuamente el sistema inmunológico y porque éste tiene capacidad para controlar durante largos períodos la replicación masiva. No obstante, la destrucción de T CD4+ es constante y a medio plazo originará una incapacidad progresiva del sistema inmunológico para contener la infección. A lo largo de esta fase el tejido linfoide ganglionar se desorganiza y se encuentran más células produciendo VIH, debido a la respuesta inmunológica que comienza a deteriorarse. El virus atrapado se libera y aumenta de forma gradual la carga viral en plasma. (Fernández-Cruz, 1998:70) Esta fase intermedia de la infección se caracteriza clínicamente por la asintomatía o por la presencia de adenopatías, cifras reducidas de plaquetas y trastornos neurológicos. La respuesta inmunitaria es capaz de limitar la replicación viral y durante ésta, uno de cada diez mil T CD4+ circulantes estaría infectado, existiendo actividad de replicación viral en sólo un 10%. Se calcula
  2. 2. Silvia Giménez Rodríguez - 55 - una renovación diaria de partículas circulantes del 30% en la producción y destrucción de viriones y un índice de recambio 10 a 100 veces superior al fisiológico en la producción y destrucción de T CD4+ con infección productiva. La probabilidad de que la infección progrese a estadios más avanzados es del 50% para los adultos a los 7-10 años de haberse infectado. Suele ser en esta fase cuando el paciente es visto por primera vez por un médico, y entre las manifestaciones clínicas podemos encontrar candidiasis oral, leucoplaquia vellosa o síntomas de diarrea, fiebre y pérdida de peso no intencionada, que nos alertará de la posibilidad de una infección avanzada para establecer medidas profilácticas, aunque lo realmente fiable son los marcadores inmunológicos y sexológicos. La progresión del VIH viene influenciada por factores virales ya mencionados en el estadio anterior y por otros factores del paciente: edad, coinfecciones, adicción a drogas por vía parenteral o inyectadas, presencia simultánea de enfermedades de transmisión sexual o de infecciones por parásitos entéricos, malnutrición y la exposición a sangre o semen. Existe un porcentaje del 10% de sujetos infectados por el VIH cuya progresión de la enfermedad a los 20 años de la infección, a estadios más avanzados, no se ha producido. Y de éstos, la mitad conservan una inmunidad preservada con cifras buenas de T CD4+, sin tratamiento antirretroviral y con buena clínica. Son los denominados no progresores a largo plazo (Domingo, 2001:6-10) 3º) Estadio avanzado de la infección. Lo configura el completo desmantelamiento del tejido ganglionar que conlleva una masiva liberación en la sangre de viriones infecciosos con niveles de replicación y carga viral altos. Se caracteriza por la disminución de T CD4+ y por el incremento de la viremia. Se observa en esta etapa un deterioro de la respuesta humoral y celular frente al VIH, al disminuir el número de anticuerpos, decrecer la tasa de anticuerpos neutralizantes, la actividad citotóxica y el número de T CD8+. La destrucción masiva del sistema inmune es consecuencia de una replicación viral acelerada que permite una mayor generación de virus mutantes. Este deterioro de la respuesta inmunológica es el responsable de la aparición de infecciones oportunistas, infecciones que constituyen la causa mayor de muerte en los pacientes seropositivos. Suelen aparecer cuando la cifra de linfocitos T CD4+ disminuye por
  3. 3. Silvia Giménez Rodríguez - 56 - debajo de 100-200 células/microlitro, cuando lo normal oscila entre las 800-1000 (Alcamí, 2001:29-30) Clínicamente esta fase final se caracteriza por la presencia de enfermedades oportunistas de diversa localización, ciertos tipos de neoplasias y pérdida marcada de peso, así como alteraciones neurológicas, lo que se conoce como síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). Los factores que determinan la evolución cuando el paciente ha desarrollado alguna característica SIDA son el episodio inicial definitorio, la edad del paciente, la vía de transmisión del VIH y la cifra de T CD4+. 2.2. Diagnóstico El diagnóstico de infección por VIH se establece mediante la detección de anticuerpos producidos en la respuesta inmune (métodos indirectos) o mediante métodos que nos permitan la detección del virus o de algunos de sus componentes (métodos directos). 2.2.1. Medios de diagnóstico indirectos La detección de anticuerpos del VIH se lleva a cabo en dos etapas. En la primera de ellas se realiza una prueba de filtrado (screening) de alta sensibilidad y si el resultado es positivo se procede a llevar a cabo una prueba de confirmación de alta especificidad. La sensibilidad, hace referencia a la capacidad de detectar el mayor número posible de personas infectadas, por lo que una sensibilidad del 100% denota detección de todas las personas infectadas, sin haber negativos falsos. La especificidad, hace referencia a la capacidad que tiene un método para asegurar que los resultados obtenidos son reales, así, un 100% de especificidad no puede generar falsos positivos. Aunque existen varios tipos, las que habitualmente se utilizan en diagnóstico de VIH son ELISA y WESTERN BLOT. (Fernández-Cruz, 1998:95-105; Pérez Álvarez et. al., 2001:81-83) a) ELISA Los primeros métodos que se impusieron para diagnosticar la infección por VIH, fueron las técnicas de inmunoensayo enzimático (ELISA). En 1985, las autoridades estadounidenses
  4. 4. Silvia Giménez Rodríguez - 57 - aprobaron un ELISA de primera generación para detección de anticuerpos del VIH en Bancos de Sangre. La reactividad de la muestra se analiza en comparación de su densidad óptica con la de los sueros controles del ELISA, teniendo en cuenta para su utilización adecuada la selección del punto de corte24. ELISA es una técnica de gran sensibilidad, por lo que la no reactividad, en probabilidad muy alta, permite afirmar que no existe infección. La especificidad se ha mejorado en los test ELISA de última generación, donde su base antigénica está formada por proteínas recombinantes o péptidos sintéticos o ambos combinados. Sin embargo, pueden existir reactividades falsas por las siguientes causas: muestras de suero con valores de absorvancia demasiado próximos al punto de corte; determinadas patologías como hepatopatías con incremento de bilirrubina, alcohólicas, etc.; enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso diseminado; pacientes con insuficiencia renal crónica en hemodiálisis; hemofilia, linfomas, síndrome de Stevens-Johnson y fibrosis quística. Otras causas pueden residir en el estado de la muestra pues la inactivación del suero por el calor puede provocar una falsa reactividad. Es obligatorio confirmar la positividad del ELISA con otra técnica de similar sensibilidad pero más específica llamada Western Blot (WB). b) WESTERN BLOT (WB) Se trata de una prueba de confirmación. Es una técnica que permite la visualización de las reactividades de los anticuerpos del VIH, presentes en el suero con las proteínas individualizadas del VIH25. Esta reacción genera un patrón de bandas coloreadas característico de la reactividad de anticuerpos frente a las proteínas estructurales del VIH. Existen unos criterios mínimos de positividad en la interpretación de los resultados de WB, que varían según la 24 En este método se utilizaba un lisado vírico inactivado, parcialmente purificado y obtenido de un cultivo de células infectadas .La técnica determina la presencia de anticuerpos IgG específicos del VIH en el suero y se basa en la captura sobre una base antígena de estos anticuerpos. La reacción antígeno-anticuerpo se evidencia añadiendo subsiguientemente un anticuerpo indicador-conjugado a una enzima, que en el caso de positividad descompone un sustrato específico que genera una coloración cuya densidad óptica se cuantifica en un espectrofotómetro (Instrumento para medir longitudes de onda de los rayos del espectro, la desviación de los rayos refractados y los ángulos entre las caras de un prisma). 25 Las proteínas de un lisado del VIH se separan sobre la base de sus diferentes pesos moleculares mediante electroforesis en gel de poliacrilamida-SDS. Posteriormente, las proteínas virales son electrotransferidas a un soporte de papel de nitrocelulosa. Los anticuerpos anti-VIH en la muestra de suero que hayan reaccionado con proteínas virales se detectarán mediante reacción con una anti-inmunoglobulina G humana conjugada con una enzima que descompone un sustrato. Anterior Inicio Siguiente

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