Espacios Públicos
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     Sobre el tema, ver: Sartori (1994); Linz             11
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  1. 1. Espacios Públicos Universidad Autónoma del Estado de México espapubs@politicas.uaemex.mx ISSN (Versión impresa): 1665-8140 MÉXICO 2008 José Ruiz Valerio COALICIONES DE GOBIERNO BAJO REGÍMENES PRESIDENCIALES: UNA APROXIMACIÓN A LA EXPERIENCIA LATINOAMERICANA Espacios Públicos, febrero, año/vol. 11, número 021 Universidad Autónoma del Estado de México Toluca, México pp. 114-141 Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal Universidad Autónoma del Estado de México http://redalyc.uaemex.mx
  2. 2. Violencia, campañas negativas en la elección 2006 Coaliciones de gobierno bajo regímenes presidenciales: una aproximación a la experiencia latinoamericana Fecha de recepción: 12 de marzo de 2007 Fecha de aprobación: 9 de julio de 2007 José Ruiz Valerio* RESUMEN Los objetivos del trabajo son: 1) analizar algunas de las principales aportaciones teóricas acerca del presidencialismo de coalición en Amé- rica Latina; 2) analizar las principales características de los gobiernos de coalición bajo sistemas presidenciales, a partir de la experiencia de 11 países de América Latina, proponiendo algunos rasgos comunes que puedan ayudar a definir al presidencialismo de coalición como modelo político; 3) analizar la relación existente entre el presidencialismo y la organización territorial del poder (unitaria o federal) en dichos países; 4) analizar el impacto que la organización territorial del poder posee sobre la construcción de coaliciones presidenciales de gobierno; 5) pro- poner algunas conclusiones que puedan servir de base a nuevos estu- dios sobre el tema. PALABRAS CLAVE: presidencialismo, gobiernos de coalición, modelo po- lítico, organización territorial del poder, América Latina. ABSTRACT The main objectives of this paper are: 1) to analyze some of the most important theoretical contributions about coalition presidentialism in * Doctor en Ciencia Política y Sociología. Profesor-investigador del Centro de Análisis y Evaluación de la Política Pública, Escuela de Graduados en Administración Pública y Política Pública, ITESM-Campus Monterrey. 114
  3. 3. José Ruiz Valerio Latin America; 2) to analyze the main A partir de esa discusión, surgieron una characteristics of coalition governments serie de estudios de casos, basados en la under presidential systems, from the experiencia de distintos países latinoameri- experience of 11 Latin American countries, canos que aportaron importantes elemen- by proposing common features that can tos al análisis. En especial, al echar luz so- define coalition presidentialism as a bre la dinámica de sistemas presidencialistas political model; 3) to analyze the rela- combinados con sistemas multipartidistas, tionship between presidentialism and the donde la falta de mayorías parlamentarias state territorial organization (unitary or acordes con el Ejecutivo dieron lugar a una federal)  in the analyzed countries; 4) to serie de acuerdos entre las fuerzas políti- analyze the impact of the state territorial cas, los que van desde los pactos legislati- organization on the constitution of vos hasta la constitución de gobiernos de presidential coalitions; 5) to propose some coalición.1 A través de estas instancias, al- conclusions that can derive into new studies gunos presidentes de la región pudieron on the topic. superar su posición desventajosa en el Parlamento y enfrentar las situaciones de KEY WORDS : presidentialism, coalition bloqueo y parálisis gubernativa. Esta eviden- governments, political model, the state te- cia relativizaba algunas de las generaliza- rritorial organization, Latin America. ciones propuestas por los “antipresidencia- listas”, al tiempo que permitía comprender con mayor precisión la lógica combinatoria INTRODUCCIÓN de una fórmula –el presidencialismo de coa- lición– poco explorada en los trabajos aca- A mediados de la década de los ochenta, démicos hasta ese momento. cuando varios países latinoamericanos se encontraban inmersos en procesos de tran- En efecto, sobre la construcción de los go- sición, surgió un intenso debate académico biernos de coalición en sistemas parlamen- en torno de las ventajas o inconvenientes tarios se ha escrito mucho. Especialmente, que el sistema presidencialista podía pre- porque las democracias más antiguas del sentar para la democracia. La cuestión ob- mundo (las estudiadas por Lijphart en sus tuvo una repercusión inmediata entre los es- modelos: mayoritario y consociativo), sal- tudiosos del tema. En ese contexto, sin vo los Estados Unidos, son de raíz parla- ninguna duda, ocupó un lugar destacado el mentaria (Lijphart, 1977; 1984; 1999). Al trabajo pionero de Linz (1988; 1994), dada mismo tiempo, desde el punto de vista teó- su capacidad para señalar algunas críti- rico, las dos grandes tradiciones analíticas cas medulares, expresadas de forma elo- de la formación y mantenimiento de las coa- cuente, inherentes a este tipo de sistema liciones políticas, la teoría de los juegos y de gobierno. El artículo de Linz generó a su la política comparada de los gobiernos eu- vez una importante cantidad de respuestas ropeos, centran su atención en las experien- y comentarios. cias parlamentarias (Lanzaro, 2001. Por lo 115
  4. 4. Coaliciones de gobierno bajo regímenes presidenciales: una aproximación a la experiencia latinoamericana tanto, el estudio de la construcción y fun- De acuerdo con estos objetivos, el trabajo cionamiento de las coaliciones bajo siste- está organizado en tres partes: en la prime- mas presidenciales ayudó a re-pensar el ra, revisamos algunos conceptos fundamen- tema, aportando evidencia empírica sobre tales que nos permitirán centrar los térmi- el desempeño de dichos gobiernos. En este nos del debate; en la segunda, abordamos sentido, parece útil organizar la nueva in- las principales características de los presi- formación con que contamos, para avanzar dencialismos con gobiernos de coalición; en así en el estudio sistemático de las coalicio- la tercera parte, analizamos la relación en- nes presidenciales de gobierno. tre los presidencialismos de coalición y las formas unitaria y federal de organización Con el desarrollo de dichos estudios, sur- territorial del poder. Para ello, realizaremos gen nuevas interrogantes. Por ejemplo, al- un estudio comparado, a partir de la expe- gunos analistas señalan que la organización riencia de once países de América Latina territorial del poder (federal o unitaria), (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colom- puede ejercer un estímulo sobre la forma- bia, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uru- ción de las coaliciones presidenciales. Pues- guay y Venezuela). to que el federalismo establece distintas ins- tancias verticales (nacional, provincial/ estatal, local), entre las que se distribuye el ALGUNOS CONCEPTOS ejercicio del gobierno, las autoridades de FUNDAMENTALES los diferentes niveles pueden verse “empu- jadas” a cooperar, para actuar de manera Antes de avanzar en el desarrollo de este eficiente. Por contraposición, al no existir trabajo es necesario precisar, al menos, tres este tipo de estímulos en los sistemas unita- conceptos fundamentales. Estos conceptos rios, éstos generan una menor predisposi- son: presidencialismo, coalición y federa- ción a la cooperación política. La hipótesis lismo. Veamos a cada uno de ellos. reseñada es interesante, aunque de momen- to carece de sustento empírico. Por lo tan- En primer lugar, cuando hablamos de to, es un tema en el que debemos seguir tra- presidencialismo, aludimos a un sistema de bajando. gobierno que reúne cuatro características básicas: 1) el presidente, titular del Poder En función de lo señalado, los objetivos Ejecutivo, 2) es elegido por los ciudadanos del trabajo son: 1) a partir de los distintos a través de una elección que puede ser di- estudios realizados sobre el tema, analizar recta o indirecta, 3) para desempeñar su las principales características de los go- cargo durante un período de tiempo consti- biernos de coalición bajo sistemas presi- tucionalmente establecido, 4) con indepen- denciales; 2) analizar la relación existente dencia del respaldo legislativo que pueda entre los gobiernos de coalición y la orga- concitar para impulsar sus iniciativas.2 nización territorial del poder (unitaria o Evidentemente, esta definición mínima, trata federal). de ajustarse de forma general a la amplia 116
  5. 5. José Ruiz Valerio variedad de casos nacionales que pueden ser la posibilidad de su reelección directa, o la englobados bajo la forma presidencial de imposibilidad de la misma, los mecanismos gobierno. Sin embargo, cabe aclarar que, de control establecidos entre los diversos así como el sistema parlamentario ha dado órganos de gobierno, las relaciones con el lugar en la práctica a diferentes “parlamen- Legislativo, etcétera. A éstos se suma la im- tarismos”,3 según las características de los portante influencia que puede llegar a ejer- distintos casos nacionales, de igual mane- cer algunas variables contextuales, tales ra, lo que denominamos “presidencialismo”, como el sistema de partidos, el sistema elec- en realidad consiste en una multiplicidad de toral estrechamente relacionado con aquél variantes históricas y geográficas. Más allá y las tradiciones de la cultura política. Todo del hecho de que todas ellas aluden a un ello, configura el marco dentro del cual se “núcleo común” de elementos (los que inte- habrán de desarrollar distintos estilos de gran la definición mínima propuesta ante- liderazgos, adoptando distintas estrategias riormente), las “variantes” que este siste- de decisión. Como ya mencionamos, lo que ma ha asumido en la práctica, pueden llegar llamamos genéricamente presidencialismo a diferir notablemente unas de otras. consiste en una realidad compleja y diver- sa: ni son todos los sistemas presiden- Por ejemplo, en Latinoamérica, Sánchez cialistas iguales, ni se comportan de la mis- Agesta distingue prácticamente tantos tipos ma manera. Más aún, las variaciones den- de presidencialismo como países de la re- tro del presidencialismo son tan importan- gión. Para este estudioso, cada país consti- tes (quizás incluso más importantes) como tuye un caso en sí mismo (Sánchez Agesta, las variaciones dentro del tipo parlamenta- 1987: 237-299). Sin llegar a tal extremo, rio (Mainwaring y Shugart, 1994: 408). En Nogueira diferencia cuatro tipos de presi- este sentido, cabe destacar que, dencialismo en Latinoamérica: presidencia- lismo puro, atenuado, dirigido y semipresi- Los modos de gobierno no dependen de una dencialismo. A éstos se suma el presiden- sola dimensión. Se deben a una trama de cia- lismo autoritario, propio de los regí- ligamentos, con reglas escritas y reglas no menes militares (Nogueira, 1988: 142-153). escritas, en las que intervienen también de Estas clasificaciones presuponen, en su raíz manera decisiva, las normas electorales y la naturaleza del sistema de partidos, así misma, la existencia de un presidencialismo como la legalidad de las tradiciones y de latinoamericano por oposición al norteame- los rasgos de cultura, la dinámica de pode- ricano, supuestamente más equilibrado y res sociales y regionales, los estilos de armónico en sus atribuciones. liderazgo y el formato de la competencia política, en la textura histórica de larga du- La multiplicidad de variantes que generó ración y con los cambios impuestos por las el sistema presidencialista, aplicado en circunstancias. Las características funda- latinoamérica, se diferencian, en primer lu- mentales del presidencialismo actúan en el gar, por el diseño institucional que las defi- seno de sistemas complejos, con estructu- ne: las facultades otorgadas al presidente, ras específicas y diversas, según sea la arti- 117
  6. 6. Coaliciones de gobierno bajo regímenes presidenciales: una aproximación a la experiencia latinoamericana culación de los factores mencionados y los persecución a estas metas; 3) comunican y movimientos de coyuntura. Por lo cual, la se comprometen a perseguir estas metas; y misma especie da lugar a distintos tipos de 4) acuerdan la distribución de recompen- régimen y a variaciones dentro de un mis- sas recibidas al obtener dichas metas” mo cuadro (Lanzaro, 1998: 196). (Strom, 1990: 24-25).5 Indudablemente las competencias asignadas Siguiendo la lógica anterior, los gobiernos al Ejecutivo, su estructura y los controles a de coalición pueden ser mayoritarios o mi- los que está sometido constituyen un pri- noritarios. A éstos, se le puede agregar una mer punto para acercarse al estudio de los tercera modalidad, los gobiernos de coali- sistemas presidencialistas, el cual puede ser ción sobredimensionada (large coalition), complementado y enriquecido, entre otros, cuando los socios de la coalición controlan con la consideración del sistema de parti- una mayoría amplia (por ejemplo, 2/3 del dos. En este sentido, una de las diferencias Congreso), para facilitar así iniciativas de más significativas en lo atinente al funcio- reforma constitucional o cualquier otra namiento del sistema presidencial, está dado medida que exija una mayoría especial de por el tipo de fuerza parlamentaria que res- votos parlamentarios.6 palde al presidente. El tercer concepto fundamental para desa- Como resulta conocido, los gobiernos de- rrollar nuestro trabajo es el de federalismo, mocráticos, en este caso presidenciales, entendiendo por tal a aquella forma de or- pueden constituirse con base en dos moda- ganización político-institucional, donde las lidades diferenciales: gobiernos de partido actividades gubernamentales están clara- (monocolores) y gobiernos de coalición. Los mente distribuidas entre el gobierno central gobiernos de partido pueden asumir, a su y los gobiernos locales, de forma tal que vez, dos formatos: gobiernos mayoritarios, cada uno de ellos posee autonomía para lle- donde el mismo partido que controla el Eje- var a cabo sus atribuciones y competen- cutivo, posee la mayoría en el Congreso cias.7 (unicameral o bicameral); y gobiernos de minoría, donde el partido que ejerce la titu- Entre los elementos que garantizan el fun- laridad del Ejecutivo carece de respaldo le- cionamiento del federalismo podemos men- gislativo mayoritario (50% + 1 de los votos cionar a una constitución rígida, que no sólo en el Congreso).4 establezca con claridad las atribuciones de cada uno de los niveles de gobierno, sino Los gobiernos de coalición serán definidos que garantice que las mismas no puedan ser en el contexto de este trabajo como, “un modificadas de forma unilateral; la existen- conjunto de partidos políticos con represen- cia de un árbitro neutral que pueda resolver tación parlamentaria que; 1) están de acuer- conflictos asociados con la división de po- do en perseguir una meta común o un con- deres, de allí la necesidad de una instancia junto de metas; 2) reúnen sus recursos en de revisión judicial; la existencia de una 118
  7. 7. José Ruiz Valerio cámara de representación federal en el Par- coaliciones, en contra de la afirmación lamento; y el objetivo de promover y prote- que restan importancia a dicho factor ger un sistema de gobierno descentralizado (Altman, 2000). En este sentido, los sis- (Lijphart, 1999: 16).8 temas presidenciales no difieren de los parlamentarios. A su vez, Chasquetti Estos tres conceptos, presidencialismo, go- (2001) demuestra que de los diecinueve bierno de coalición y sistema federal serán casos de gobiernos minoritarios elegidos entonces, como ya mencionamos, los que en sistemas multipartidistas, extremos en nos permitirán establecer el foco de nuestra América Latina entre los años 1978 y argumentación. En especial, nos interesa 2000, quince conformaron coaliciones de analizar el impacto que el sistema federal gobierno, a pesar de la distancia ideológi- posee a la hora de construir coaliciones pre- ca significativa que media entre los parti- sidenciales de gobierno. Es decir, en qué dos políticos en este tipo de sistema. Por sentido el sistema de distribución territorial lo tanto, también existen razones de peso del poder provoca efectos sobre la construc- para relativizar el argumento de que, en ción del propio gobierno y del bloque par- dichos sistemas, se encuentran pocos in- lamentario que lo respalda. Por lo tanto, co- centivos para la formación de coaliciones, menzaremos por definir las características aunque justo es admitir que la construc- del presidencialismo de coalición. ción de las mismas, implica un mayor gra- do de dificultad que en sistemas multipartidistas moderados. Más aún, la EL PRESIDENCIALISMO DE COALICIÓN evidencia empírica muestra que en los sistemas multipartidistas moderados, Entre las características centrales que defi- entre 1978 y 2000, todos los presidentes nen al sistema presidencial con gobiernos culminaron su periodo constitucional, in- de coalición, podemos mencionar: cluso aquellos que siendo minoritarios no formaron coaliciones, con la única ex- 1. Las coaliciones bajo sistemas presiden- cepción de “De la Rúa” en Argentina. cialistas se dan preferentemente a partir En cambio, en los diecinueve casos de de la posición minoritaria de los candi- presidentes que ejercieron el cargo en datos presidenciales a la hora de afron- multipartidismos extremos, cinco no ter- tar los procesos electorales y, con poste- minaron su mandato (dos con coalicio- rioridad a la elección, para equilibrar la nes minoritarias10 y tres sin coaliciones11 ) posición minoritaria de su partido en el (Chasquetti, 2001). Por lo tanto, pode- Congreso9 (Chasquetti, 2001; Mainwa- mos sostener que más allá de las dificul- ring y Shugart, 1998b). Básicamente, el tades que lleva aparejada la cooperación apoyo electoral minoritario y la cantidad política en los sistemas de multipar- de escaños parlamentarios insuficientes tidismo extremo, la misma constituye un con que cuenta el presidente son los prin- mecanismo político fundamental a la hora cipales incentivos para la formación de de mantener la estabilidad institucional. 119
  8. 8. Coaliciones de gobierno bajo regímenes presidenciales: una aproximación a la experiencia latinoamericana 2. En los presidencialismos de coalición, el condiciones mencionadas, podemos su- presidente constituye la pieza clave (el marle una última cuestión: además de “pivote”) de la formación de las coali- contar con poderes constitucionales ciones gubernamentales. Esto es así por- proactivos y reactivos, un presidente que: 1) es el titular de un órgano de go- minoritario tiene posibilidades de gober- bierno unipersonal; 2) posee una legiti- nar solo, sin recurrir a la formación de midad propia derivada de su elección coaliciones, en la medida en que cuente popular, independiente de la existencia con el respaldo de un partido disciplinado de mayorías parlamentarias afines; 3) que controle, al menos, el 45% de los puede controlar al Congreso a través de escaños parlamentarios. El 45% de los esca- su capacidad de veto sobre la legisla- ños no es una cantidad arbitraria: a par- ción12 en la medida que ésta (y a través tir de ese “umbral” el presidente puede de ella, el propio parlamento) contraríe negociar mayorías alternativas ad hoc sus deseos y expectativas. Incluso, en con uno o algunos partidos menores, sin algunos sistemas (Argentina, Brasil, necesidad de ceder puestos en su gabine- Chile y Colombia), el presidente puede te (Chasquetti, 2001). generar decretos legislativos, lo que le otorga un amplio margen de maniobras 3. A diferencia de lo que ocurre en los sis- frente al Congreso (Altman, 2000; temas parlamentarios, el presidencia- Chasquetti, 2001; Mainwaring, 1997; lismo propone un premio único (la pre- Mainwaring y Shugart, 1997a; Sartori, sidencia) que no puede ser repartido. 1994). Este hecho explica por qué algu- Aunque el presidente distribuya los mi- nos presidentes minoritarios, dotados de nisterios que conforman su gabinete en- poderes constitucionales fuertes, tanto tre partidos diversos, el Ejecutivo no es proactivos (capacidad de emitir decretos colegiado. Por ello, el presidente es un legiferantes e iniciativa legal exclusiva primus solus, colocado por encima del en determinadas áreas) como reactivos gobierno que él mismo designa y dirige (poder de veto sobre la legislación), de- (Sartori, 1994). Este hecho nos enfrenta ciden gobernar solos, sin recurrir a la for- a una situación fundamental: el presiden- mación de coaliciones. A través de los te no necesita de la anuencia de la mayo- mecanismos mencionados, el presidente ría parlamentaria para entrar en posesión puede obturar y superar el accionar de de su cargo. Esto explica por qué, aún una mayoría adversa o de una coalición careciendo de mayorías propias, algunos opositora aunque ésta, a su vez, puede presidentes minoritarios rehúsan buscar bloquear su propio poder. Como señala el apoyo de los partidos de oposición: el Linz (1994) de forma acertada, el hecho de negociar sus propuestas, ver presidencialismo genera un juego de le- recortado su margen de maniobra políti- gitimidad dual entre el presidente y el ca y compartir los cargos ministeriales Congreso, que puede conducir a un blo- ganados de cara al electorado, supone queo de poderes difícil de superar. A las serias limitaciones que no siempre los 120
  9. 9. José Ruiz Valerio titulares del Ejecutivo están dispuestos a ción con cargos ministeriales y, a través aceptar (Deheza, 1998: 163-164). de éstos, le reconoce la capacidad de in- fluir en la agenda del gobierno. 4. La evidencia empírica también muestra que en las coaliciones de gobiernos, el 5. Sin embargo, el gabinete no depende de partido del presidente suele retener la la confianza parlamentaria. Aunque al- mayoría de los puestos importantes en el gunos sistemas presidenciales han incor- gabinete. Tal como señala Deheza (1998), porado en sus constituciones cláusulas aproximadamente el 43.8% de los cargos que estipulan que los ministros deben ministeriales y el 49.5% de los ministe- contar con el apoyo de la mayoría parla- rios más relevantes (los encargados de mentaria (como ocurre en la constitución diseñar la política macroeconómica y de de Uruguay), tal requisito suele resultar manejar la política interna y exterior), más formal que efectivo. Mientras que quedan en manos del partido del presi- el presidente proponga candidatos poco dente. Más aún, los restantes partidos que controvertidos, el Congreso se limita a conforman la coalición electoral gana- dar su aprobación sin mayores compli- dora reciben no más del 13.3% de los caciones, especialmente en presencia de cargos, siendo aventajados por los parti- mayorías afines al titular del Ejecutivo. dos que se suman al gobierno luego de A su vez, algunas constituciones presi- las elecciones, quienes obtienen el 19.8% denciales han incorporado la posibilidad e incluso por los independientes que se que el Congreso destituya mediante un agregan al gobierno, quienes pueden con- voto negativo (voto de censura) a los seguir hasta el 23.85% de los cargos mi- ministros (Argentina y Uruguay). Sin nisteriales. Por contraposición, en los sis- embargo, tal posibilidad suele requerir temas parlamentarios, los cargos suelen de mayorías sobredimensionadas (gene- repartirse en función del caudal de votos ralmente, entre tres quintos y dos ter- parlamentarios que aporta cada uno de cios de los miembros del Congreso), lo los participantes a la coalición guberna- que dificulta considerablemente su apli- tiva (Deheza, 1998: 166-167). Esto de- cación efectiva. ¿Acercan estos meca- muestra, una vez más, la influencia ejer- nismos al sistema presidencial hacia el cida por el propio presidente a la hora de parlamentarismo? Responder a esta in- construir la coalición de gobierno. Al terrogante resulta complejo en la medi- mismo tiempo, pone en evidencia una de da en que dichas disposiciones forma- las claves centrales para comprender la les no generan (de momento) conse- formación de coaliciones presidenciales: cuencias efectivas. Pero, al mismo tiem- la oposición le facilita al Ejecutivo la po, por el solo hecho de figurar en los construcción de una mayoría parlamen- textos constitucionales, su utilización no taria afín al presidente para que pueda queda descartada de plano. En este ám- gestionar su agenda de gobierno; a cam- bito, debemos permanecer atentos a lo bio, el Ejecutivo “compensa” a la oposi- que ocurra en el futuro. 121
  10. 10. Coaliciones de gobierno bajo regímenes presidenciales: una aproximación a la experiencia latinoamericana 6. El hecho precedente explica por qué la tanciales. Puesto que el apoyo de aque- disciplina del Congreso hacia las pro- llos no está mecánicamente garantiza- puestas presidenciales sigue siendo más do en todas las circunstancias frente a acotada que en los sistemas parlamenta- cualquier tipo de proyectos, el presiden- rios, ya que no existen riesgos de que te debe negociar y realizar concesiones caiga el gobierno ante la reiteración de de cara a los miembros de la coalición, las negativas por parte de los legislado- en detrimento de su propio partido. Los res. Por tal motivo, las posturas de las estudios de caso Chile, Bolivia y Uru- coaliciones en el Congreso suelen ser más guay resultan muy elocuentes en esta cautas y discutidas que en los parlamen- cuestión (Garretón, 2001; Von Mettein- tarismos (tal como demuestra la expe- hem, 2001; Mayorga, 2001; Filgueira y riencia argentina, chilena, boliviana y Filgueira, 1998). uruguaya). Los miembros de la coalición presidencial no suelen estar dispuestos a 8. En países con sistemas de partidos don- ofrecer un apoyo incondicional ante las de se observa una alta fragmentación iniciativas del Ejecutivo, en especial, a partidista, o dosis importantes de indis- medida que se aproxima la fecha de ce- ciplina parlamentaria, los presidentes lebración de elecciones presidenciales, tienden a realizar coaliciones amplias donde la titularidad del Ejecutivo vuelve (sobredimensionadas). La posibilidad de a quedar en juego. En tales circunstan- que se produzcan deserciones dentro de cias, los miembros de la coalición suelen la mayoría parlamentaria, que los legis- enfrentar una disyuntiva medular: si las ladores propios traben los proyectos del medidas del Ejecutivo provocan resulta- Ejecutivo, o incluso que se deban reunir dos exitosos, los méritos le correspon- mayorías especiales para llevar a cabo den al presidente; si los efectos son ad- reformas constitucionales, provocan que versos, las responsabilidades resultan el 40% de las coaliciones presidenciales compartidas. Como señala el dicho, observadas entre 1858 y 1994 hayan sido mientras que la victoria tiene un solo pa- “coaliciones amplias” con aproximada- dre, los fracasos suelen ser “empresas co- mente el 65% de los votos parlamenta- lectivas”. Este hecho resta posibilidades rios. A su vez, el 24.63% corresponde a electorales a los partidos de gobierno coaliciones de mayoría estricta (con el frente a su electorado. De allí la cautela 50% de los votos en el Congreso) y el comentada que lleva a aprobar las ini- 34.8% a coaliciones minoritarias ciativas del Ejecutivo una a una. (Deheza, 1998: 157). En parte, estos motivos pueden ayudar a comprender 7. Los legisladores del partido del presi- por qué algunos gobiernos mayoritarios dente suelen señalar que a la hora de deciden formar gobiernos de coalición. aprobar proyectos controvertidos, el También los datos aportados por presidente presiona a su propio partido Chasquetti coinciden con este diagnósti- en beneficio de sus socios circuns- co: entre 1978 y 2000 se formaron nue- 122
  11. 11. José Ruiz Valerio ve gobiernos de coalición en sistemas ciales, los partidos que integran el go- multipartidistas moderados, de los cua- bierno tratan de tomar distancia unos de les seis superaron el 60.8% de los esca- otros, posicionarse nuevamente frente al ños parlamentarios y tres estuvieron por electorado e incrementar así sus posibi- debajo del 41.7% del total de bancas. A lidades electorales (Altman, 2000). Los su vez, se construyeron 15 coaliciones datos aportados por Chasquetti (2001) en sistemas multipartidistas extremos, de coinciden ampliamente con las afirma- las cuales nueve obtuvieron el respaldo ciones anteriores. En este sentido, el del 61.1% de los legisladores y seis lo- presidencialismo cuenta con una certeza graron sólo el 29.3% de los escaños. Un particular: aunque se rompa la coalición dato que resulta interesante es que en de gobierno y el Ejecutivo quede en mi- estos sistemas, cuatro gobiernos obtuvie- noría, igualmente deberá cumplir con su ron menos del 21.7% de los escaños, sin período establecido legalmente. Por con- formar coaliciones de ningún tipo. De los traposición, en los sistemas parlamenta- cuatro, tres fueron depuestos (Mahuad, rios, cuando un partido se retira de la en Ecuador; Fujimori en Perú y Collor coalición, cae el propio gobierno. Sin em- en Brasil). Sólo escapó a esta regla un bargo, Lupia y Strom (1995) también presidente (Roldós en Ecuador) demuestran que la caída de los gobier- (Chasquetti, 2001). nos parlamentarios está sujeta a los cál- culos estratégicos de los líderes partida- 9. Desde el punto de vista funcional, en los rios en función de la evolución de las presidencialismos de coalición se perci- preferencias del electorado, entre otras be el desarrollo de un ciclo de períodos cuestiones. En este punto, la diferencia de cooperación y confrontación estrecha- entre parlamentarismo y presidencia- mente relacionado con el calendario elec- lismo está dada por el efecto que provo- toral. En sus estudios sobre la formación ca la ruptura de la coalición, no por sus y la estabilidad de las coaliciones, los causas. sistemas multipartidistas de América Latina, Altman demuestra de manera 10. Junto a las cuestiones expuestas, en al- convincente que las coaliciones de go- gunos análisis se ha destacado que el bierno tienden a formarse inmediata- federalismo constituye un estímulo de mente después de la elección presiden- importancia para la formación de coali- cial. A partir de allí, y a medida que trans- ciones de gobierno bajo sistemas presi- curre el tiempo, decrecen las posibilida- denciales. Por ejemplo, Altman (2001) des de arribar a nuevos acuerdos e señala que el carácter federal de un país incluso, de que sobrevivan las coalicio- puede tener un impacto destacado sobre nes ya formadas. En la base de este fe- la necesidad de realizar coaliciones de nómeno debemos ubicar la evolución del gobierno, en la medida en que existan calendario electoral: a medida que se actores locales con capacidad de veto a aproximan nuevas elecciones presiden- la hora de gobernar. Esto podría empu- 123
  12. 12. Coaliciones de gobierno bajo regímenes presidenciales: una aproximación a la experiencia latinoamericana jar a los gobiernos centrales a negociar de once países democráticos con gobier- y, llegado el caso, a incluir en sus gabi- nos de coalición analizadas entre 1945 y netes a representantes de estos poderes 1980, en su texto de 1984, sólo Suiza reúne locales.13 las condiciones de consociativa y federal. Las diez restantes15 son conso- ciativas y Sin embargo, Altman recuerda que no bas- unitarias. En cambio, en la versión revisa- ta con “mirar la definición formal de un da y ampliada dada a conocer en 1999, país”, ya que existen gobiernos “federales” del total de dieciocho democracias en la norma, como es el caso de Venezuela, consociativas analizadas entre 1945 y que en la práctica resultan altamente cen- 1994, once son unitarias16 y siete federa- tralizados mientras que otros, como Chile, les.17 A su vez, de las diecisiete democra- de carácter centralista, han delegado impor- cias mayoritarias, cinco son federales18 y tantes atribuciones en los gobiernos locales doce son unitarias.19 Aunque la cuestión (Altamn, 2001: 18).14 resulta matizada en esta segunda versión, la mayor cantidad de democracias con go- Coincidiendo con el argumento anterior, biernos de coalición se dan dentro de los sis- Lanzaro señala que la organización fede- temas consociativos. Sin embargo, Lijphart ral o unitaria del estado, asociada a políti- no brinda una explicación concluyente res- cas de descentralización administrativa, pecto de por qué, aunque lógicamente el mo- posee repercusiones sobre el sistema de delo mayoritario presupone la organización partidos y, a través de éste, sobre las ins- unitaria y el modelo consociativo la fede- tancias centrales del gobierno, fomentando ral, una amplia gama de casos se aparta de en conjunto, la formación de un la previsión original. Contra sus presupues- “federalismo pluralista” basado en la co- tos iniciales, ni el federalismo está necesa- operación política (Lanzaro, 2001: 25). riamente ligado al modelo consociativo, ni el unitarismo al modelo mayoritario. Como Atendiendo a lo señalado por Altman y él mismo afirma: Lanzaro, nos encontramos frente a una cuestión verdaderamente interesante, pero (…) En los capítulos anteriores se descu- sin contrastación empírica. ¿Existe una re- brieron los estrechos lazos entre el tipo de lación formal entre la organización terri- gabinete, su duración, el número efectivo torial del poder estatal y el tipo de gobier- de partidos, el número de variables políti- no? ¿Constituye el federalismo un incentivo cas y el sistema electoral. Pero federalismo a la hora de construir coaliciones de go- y descentralización apenas guardan relación bierno? La respuesta a estos interrogantes con esa serie de características (Lijphart, resulta importante, ya que de confirmarse 1984: 200). las proposiciones comentadas, estaríamos en presencia de un fenómeno diferente al La cuestión resulta interesante. En presen- ocurrido en las democracias consociativas cia de la evidencia aportada por Lijphart, descritas por Lijphart. En efecto, del total no podemos dejar de preguntarnos si la ex- 124
  13. 13. José Ruiz Valerio periencia de América Latina difiere de la los gobiernos regionales, puede ser el re- presentada por las democracias analizadas sultado de un voto dividido entre eleccio- por Lijphart. Destinaremos el resto del tra- nes de diferentes niveles. Mientras que en bajo a analizar este interrogante. los estados unitarios, en principio, sola- mente obtienen una satisfacción concreta aquellos ciudadanos identificados con la FEDERALISMO Y UNITARISMO EN mayoría nacional, en los gobiernos dividi- AMÉRICA LATINA dos verticalmente, los perdedores en el ám- bito nacional pueden ser compensados por ¿La organización federal del poder estatal los resultados de las elecciones regionales facilita la cooperación política y la cons- o locales. Cuanto mayor sea el número de trucción de coaliciones de gobierno? niveles de votación, menor será el número de perdedores finales (Colomer, 2001: Colomer (2001) brinda algunas pautas para 206). contestar este interrogante. El autor señala que un gobierno dividido verticalmente se Por lo tanto, a partir de la diversidad crea- basa en la asignación de poderes separados da por la propia organización vertical, se entre las instituciones centrales y las regio- incentiva la cooperación y la negociación nales. Los gobiernos centrales, regionales política. Evidentemente, un primer espacio y locales, además de tener poderes exclusi- para la negociación política está constitui- vos en algunas cuestiones, comparten inte- do por el propio parlamento nacional. reses entrelazados, jurisdicciones concu- rrentes y funciones comunes. En este La primera cuestión a resolver entonces, es sentido, los poderes compartidos pueden ¿cuál es la instancia de negociación elegida promover la cooperación y los acuerdos por los presidentes para llevar a cabo la entre diferentes instancias de gobierno, para cooperación entre las distintas fuerzas po- facilitar la adopción, implementación y eje- líticas? Evidentemente, un primer escena- cución de una serie de medidas, desde la rio es el propio Parlamento y, en sistemas legislación básica a las políticas públicas federales, especialmente el Senado. En la más específicas. medida en que dicha cámara cuenta con atri- buciones importantes y representa a las fuer- La cooperación multilateral en esquemas de zas políticas estatales (es decir, se estable- decisión vertical del poder tiende a producir ce un bicameralismo simétrico), se convierte resultados consensuales. Asimismo, promue- en un ámbito de negociación privilegiada ve bien el apoyo político a las instituciones entre los partidos nacionales y regionales. existentes, bien nuevas soluciones de equili- Sin embargo, los intercambios y negocia- brio institucional (Colomer, 2001: 205-206). ciones en el ámbito parlamentario, no se reflejan necesariamente en la estructura del A su vez, la presencia de distintas mayo- propio gobierno, que también constituye rías repartidas entre el gobierno central y un ámbito privilegiado de negociación po- 125
  14. 14. Coaliciones de gobierno bajo regímenes presidenciales: una aproximación a la experiencia latinoamericana lítica, a través de la formación de coali- la cooperación se canalice en una coalición ciones. Una primera cuestión consiste en de gobierno? En todo caso, ¿existe realmente establecer. ¿Cuándo se produce el despla- dicho estímulo o estamos ante una “falsa zamiento de la negociación desde el con- cuestión” atendiendo a la evidencia aporta- greso hacia el propio Ejecutivo? Los teó- da por Lijphart? ricos del presidencialismo de coalición brindan una serie de pistas al respecto: el Para responder a estos interrogantes, parti- contingente parlamentario del presidente mos de una aclaración fundamental: en (si es mayor o menor del 45% de los esca- América Latina existen sólo cuatro siste- ños) y sus atribuciones constitucionales mas federales. Tres de ellos están situados (proactivas y reactivas), influyen a la hora en América del Sur: Argentina, Brasil y de decidir la estrategia del Ejecutivo. Otras Venezuela, y el cuarto se encuentra en Amé- cuestiones relevantes tales como la frag- rica del Norte: México. El sistema federal mentación del sistema de partidos, las re- en los países de América del Sur manifiesta glas electorales, la distancia ideológica que fuertes semejanzas, en la medida en que los media entre los partidos políticos, el desa- tres sistemas se hallan expuestos a un dise- rrollo del propio calendario electoral, la ño institucional de marcada preponderan- existencia de estímulos institucionales a la cia presidencial (aunque en caso de encon- cooperación política, entre otras, configu- trarse en minoría en el Congreso, el poder ran un contexto en el cual gobierno y opo- presidencial se ve severamente limitado), al- sición deben realizar sus propios balances tamente centralizados en cuanto a las atri- estratégicos al momento de definir sus es- buciones de sus gobiernos nacionales, so- trategias políticas. metidos en varias oportunidades a regímenes militares que incrementaron la centraliza- Por su parte, la oposición también tomará ción y la preponderancia presidencial. Sin en cuenta para realizar sus cálculos de con- embargo, también presentan importantes di- veniencia, la naturaleza y cuantía de los ferencias: el federalismo brasileño, por la pagos compensatorios que se le ofrezcan, propia estructura sociológica del poder du- su relevancia y la oportunidad de incidir en rante la primera República, establecida en la agenda del gobierno. Sin embargo, a la 1889, ha sido más fuerte que el de los otros hora de colaborar con el gobierno, las ne- dos países. Dos hechos confluyeron en ello: gociaciones desarrolladas no siempre cris- en primer lugar, la experiencia monárquica talizan en coaliciones de gobierno, asumien- desarrollada en Brasil durante buena parte do otras modalidades tales como los acuerdos del siglo XIX retardó el surgimiento de una legislativos formales e informales, las ne- tradición “presiden- cialista”. En segundo gociaciones caso por caso, la cooptación de lugar, porque a partir del establecimiento figuras extrapartidarias, etcétera. de la República, el poder presidencial fue dominado por los gobernadores de los dos Junto a estas cuestiones, ¿constituye el estados más importantes: São Paulo y federalismo un estímulo especial para que Minas Gerais. De aquí habría de surgir el 126
  15. 15. José Ruiz Valerio federalismo más fuerte de la región (Nohlen y Fernández, 1998: 123). Este hecho, se manifiesta todavía en la actualidad: Las decisiones y los procesos partidarios están más influidos por cuestiones estatales que por cuestiones nacionales. Siguiendo la lógica de la política estadual, las organizaciones partidarias estatales adoptan a veces una línea contraria a la posición dominante de los líderes nacionales. Cuando un presidente ofrece un cargo ministerial a un miembro del partido, el liderazgo nacional puede apoyar al presidente, pero de ello no se deduce que los líde- res partidarios estatales también lo hagan. Diputados y senadores tienen fuertes lealtades locales que a menudo superan sus compromisos para con el presidente. Estas lealtades locales impiden al presidente obtener el apoyo en bloque de los partidos (Mainwaring, 1997: 93). Vale decir, tal como propone Colomer, el caso brasileño demuestra que las múltiples instancias territoriales de distribución del poder estatal ejer- cen de hecho, vetos reales frente a las políticas adoptadas por las elites nacionales. A su vez, Argentina y Venezuela presentan tradiciones de mayor centralización política y administrativa, agudizadas en el caso de la pri- mera, por las múltiples experiencias militares vividas a lo largo del siglo XX. Sin embargo, Venezuela presentó una particularidad relevante hasta el año 1988, ya que desde la puesta en vigencia de la Constitución de 1961 y hasta 1988, los gobernadores eran designados por el presidente de la nación. El resto de los países de la región son unitarios, aunque presentan algu- nos puntos de desencuentro importante entre ellos. Desde el punto de vista que aquí nos interesa (la división vertical del poder) constituye una diferencia fundamental que a dichas autoridades intermedias (provincia- les / estatales, regionales, departamentales) las elija el pueblo a través de elecciones competitivas o las designe discrecionalmente el presidente. Si las autoridades intermedias son elegidas democráticamente, es posible que éstas intenten desarrollar algunas políticas de cara a la ciudadanía, a pesar de ser “los representantes del presidente” en el nivel regional, como señalan la mayoría de las constituciones de la región. Por lo tanto, al menos teóricamente, existe la posibilidad que se produzcan enfrentamientos entre las autoridades locales y nacionales. 127
  16. 16. Coaliciones de gobierno bajo regímenes presidenciales: una aproximación a la experiencia latinoamericana Cuadro 1 UBICACIÓN DE DOCE DISEÑOS INSTITUCIONALES (CONSTITUCIONALES) DE AMÉRICA LATINA A PARTIR DE LAS DIMENSIONES UNITARIA-FEDERAL Y DE LAS MODALIDADES DE DESIGNACIÓN DE LAS AUTORIDADES à Gh†Ãhˆ‡‚…vqhqr†Ãv‡r…€rqvh†Ã†‚Ãryrtvqh†Ã Gh†Ãhˆ‡‚…vqhqr†Ãr†‡hqˆhyr†Ã†‚Ãryrtvqh†Ã ƒ‚…ÃryÅr†vqr‡rà ƒ‚…ÃryÈriy‚à Tv†‡r€h†Ã à à Arqr…hyr†Ã Wrr“ˆryhà (% à 6…tr‡vhà '$"ÒÅrs‚…€h†Ã ((#à 7…h†vyà (#% (''ÒÅrs‚…€h†Ã Hp‘vp‚à ( ÒÅrs‚…€h†Ã Wrr“ˆryhà ('' (((à à Tv†‡r€h†Ã à à Vv‡h…v‚†Ã 7‚yv‰vhà (%ÒÅrs‚…€h†Ãà Qr…~à (( ((ÒÅrs‚…€h†Ã 8uvyrà ('ÒÅrs‚…€h†Ã 8‚y‚€ivhà (( ÒÅrs‚…€h†Ã 8‚y‚€ivhà ''%ÒÅrs‚…€h†Ã V…ˆtˆh’à (%%ÒÅrs‚…€h†Ã Qh…htˆh’à ((!à @pˆhq‚…à (('à FUENTE: Elaboración propia a partir de las constituciones de los países analizados. A partir de las distinciones propuestas en Como se puede apreciar, los sistemas fede- el cuadro 1 ubicamos a los distintos dise- rales, salvo en el caso de la Constitución ños constitucionales de América Latina, venezolana de 1961 (posteriormente refor- sobre la base de dos criterios fundamenta- mada en los años 1988 y 1999), se inclinan les: el tipo de sistema (federal-unitario), y hacia el establecimiento de autoridades re- el sistema de designación de las autorida- gionales designadas de forma democrática. des intermedias. Para ello observaremos Por su parte, dentro de los sistemas unita- la experiencia de once países de América rios, los casos se distribuyen de forma des- Latina, desde la instauración o reinstau- igual: cuatro países establecen la designa- ración (según los casos) de instituciones ción presidencial de las autoridades democráticas, acaecidas entre finales de la regionales, y otros tres la elección demo- década de los setenta y principios de los crática. Colombia es el único país no fede- ochenta. Las únicas excepciones son Ve- ral que se ubica en ambas categorías: hasta nezuela, que ha sido considerada desde el 1991 las autoridades regionales eran elegi- establecimiento del “Pacto de Punto Fijo” das por el presidente y a partir de ese mo- (1958) y Colombia, considerada desde mento, por los ciudadanos. La Constitución 1978, cuando se rompe el Frente Nacional de Ecuador de 1998 constituye un caso ori- (1958-1974). La fecha de corte es el año ginal en tanto establece dos instancias de 2000, límite que nos permite incluir al pri- autoridades intermedias: 1) El régimen mer gobierno mexicano con posterioridad seccional dependiente, a cuyo cargo están a la hegemonía priista. En total, considera- los gobernadores, nombrados por el presi- mos 49 presidencias. dente de la República y, 2) El régimen 128
  17. 17. José Ruiz Valerio seccional independiente, a cargo de los prefectos provinciales, elegidos por votación directa. En cuanto a las autoridades locales, los once países establecen mecanis- mos de designación de base popular, ya sea directa (votación popular directa) o indirecta (designados por parte de juntas locales, surgidas de votaciones populares). Retomando con el argumento desarrollado anteriormente, podemos su- poner que los países unitarios donde se establece la elección democrática de las autoridades intermedias, producen una división vertical del poder, con lo cual crean mayores instancias para la negociación y el compromi- so que en aquellos que exhiben un grado de centralización más acentua- do. En cambio, en los sistemas unitarios donde las autoridades regionales son designadas por el Ejecutivo, el margen de acción de las autoridades locales parece reducirse de antemano. En el cuadro siguiente, situaremos ahora a los gobiernos de partido o de coalición de los diez países analizados en función de los criterios pro- puestos con la intención de comprobar cómo se distribuyen de acuerdo con las premisas definidas anteriormente. Como se puede apreciar, de los veinticinco gobiernos de coalición com- prendidos en nuestro estudio, tres se registraron bajo sistemas federales con autoridades locales designadas por el presidente de la Nación (todos en Venezuela) y siete se dieron bajo sistemas federales con autoridades locales democráticamente elegidas. En tanto los quince casos restantes se dieron con sistemas unitarios. De ello, once se constituyeron en sistemas donde las autoridades locales son directamente nombradas por el presi- dente de la nación y cuatro donde las autoridades locales son designadas por voto popular. Dada la distribución de los casos, parece aventurado afirmar que el federalismo favorece (por lo menos, más que los sistemas unitarios) la construcción de gobiernos de coalición. Más aún, entre los cuatro casos federales con gobiernos de coalición, debemos establecer importantes distinciones 129
  18. 18. Coaliciones de gobierno bajo regímenes presidenciales: una aproximación a la experiencia latinoamericana Cuadro 2 DISTRIBUCIÓN DE LOS GOBIERNOS DE COALICIÓN FORMADOS EN DIEZ PAÍSES DE LATINOAMÉRICA EN FUNCIÓN DEL TIPO DE SISTEMA DE DISTRIBUCIÓN DEL PODER Y DE LA FORMA DE DESIGNACIÓN DE LAS AUTORIDADES INTERMEDIAS à Gh†Ãhˆ‡‚…vqhqr†Ã…rtv‚hyr†Ã†‚Ãryrtvqh†Ãƒ‚…Ãryà Gh†Ãhˆ‡‚…vqhqr†Ã…rtv‚hyr†Ã†‚Ãryrtvqh†Ãƒ‚…Ãryà ƒ…r†vqr‡rà ƒˆriy‚à B‚ivr…‚ÃqrÃh…‡vq‚à B‚ivr…‚ÃqrÃp‚hyvpvyÃ B‚ivr…‚ÃqrÃh…‡vq‚à B‚ivr…‚ÃqrÃp‚hyvpvyÃ Tv†‡r€h†Ã à à à à Arqr…hyr†Ã Wrr“ˆryhÃ''à Wrr“ˆryhÃ%%#Ã%'''à 6…tr‡vhÃ''(($à 6…tr‡vhÃ((à à à 7…h†vyÃ'(à 7…h†vyÃ'$(#('à à Hp‘vp‚Ã!à Wrr“ˆryhÃ(('à à à Tv†‡r€h†Ã à à à à Vv‡h…v‚†Ã @pˆhq‚…Ã(('à 7‚yv‰vhÃ'!'$'(((à Qh…htˆh’Ã(('à Qr…~Ã'à 8‚y‚€ivhÃ''!'%( 8uvyrÃ(($à Qr…~Ã'$(à V…ˆtˆh’Ã($à (#('à @pˆhq‚…Ã'#''(!(%à V…ˆtˆh’Ã'$(à à à Qh…htˆh’Ã'(à à FUENTE: Elaboración propia a partir del anexo. En Argentina, los presidentes Alfonsín y de gobernar solo, realizando acuerdos le- Menem decidieron gobernar solos, a pesar gislativos ad hoc para casos puntuales, pero de no poseer mayorías propias en ambas sin comprometerse en acuerdos formales ni cámaras del Congreso durante sus respec- realizar pagos institucionales relevantes (sin tivos mandatos (salvo los dos primeros años entregar ministerios a sus socios). de la segunda gestión de Menem). En su respaldo, contaban con importantes pode- Sin embargo, podría argumentarse con jus- res constitucionales (mayores a partir de la ta razón que en Argentina se observa un reforma del año 1994), partidos afianzados cierto equilibrio territorial al momento de y con estructuras de alcance nacional. Tan- establecer la fórmula presidencial (presiden- to Alfonsín como Menem lograron contro- te y vicepresidente) al interior de cada par- lar eficazmente a sus respectivos partidos, tido político. Así, por ejemplo, Raúl aunque la disciplina partidaria sufrió una Alfonsín, oriundo de la provincia de Bue- notoria disminución durante la segunda pre- nos Aires (relevante en la política nacional), sidencia de Menem, con el afianzamiento fue acompañado en la vicepresidencia por del liderazgo del, por entonces, gobernador Víctor Martínez, de la provincia de Córdo- de la provincia de Buenos Aires, Eduardo ba, entidad federativa de importancia cen- Duhalde, opositor al presidente, aunque tral. Algo similar se constató con las fór- miembro de su mismo partido. Ambos ca- mulas triunfadoras encabezadas por Carlos sos confirman que si el presidente dispone Menem, natural de la provincia de La Rioja de atribuciones constitucionales proactivas (pequeño estado del interior) en 1989 y y reactivas, es respaldado por cuasi mayo- 1994, puesto que en ambas ocasiones fue rías legislativas, y actúa inmerso en un con- acompañado por figuras de la provincia de texto fuertemente centralista, puede tratar Buenos Aires (Eduardo Duhalde en 1989 y 130
  19. 19. José Ruiz Valerio Carlos Ruckauf en 1995). De todas formas, taria, los presidentes no tienen más reme- debemos aclarar que estas negociaciones al dio que buscar el apoyo de estos políticos interior de los propios partidos no pueden ser que responden a intereses locales. Junto a calificadas como coaliciones gubernamenta- estos estímulos institucionales, en Brasil les en el sentido propuesto en este trabajo. existe una tradición federal fuerte. Por ello, la política nacional aparece teñida por inte- En Venezuela, por su parte, con una larga reses locales y regionales. tradición centralista, la política nacional no ofrece demasiadas instancias de interven- En función de lo señalado anteriormente, ción a las cuestiones regionales. Los presi- quizás sea pertinente recordar que las insti- dentes venezolanos, llegado el caso, nego- tuciones no operan en el vacío, ni generan ciaron con la oposición, pero en el nivel efectos per se. Lejos de cualquier intento nacional, no en el local. En el caso de Méxi- reduccionista, basado en un cierto “fetichis- co, dada la escasa cantidad de tiempo que mo institucional” (utilizando la expresión media entre el establecimiento de eleccio- de Lanzaro, 2001), las instituciones poseen nes competitivas y el lapso que abarca este desempeños diferenciales en función de las trabajo, es difícil arriesgar alguna relación particularidades del contexto en el que ac- sobre el tema; sin embargo, debemos desta- túan. Por lo tanto, el federalismo ejerce un car que ni en México ni en Venezuela existe estímulo sobre la negociación y la forma- la figura del vicepresidente (en Venezuela, ción de coaliciones políticas, en relación con en 1999 se establece la vicepresidencia), por otras variables institucionales, tales como lo que tampoco se observan las negociacio- el sistema de partidos y las reglas electora- nes al interior de cada partido para estable- les, no necesariamente en abstracto. cer la fórmula presidencial, tal como se des- cribió en el caso argentino. A su vez, en los sistemas unitarios con auto- ridades regionales y locales democráticamen- En cuanto a Brasil, parece ser el único caso te elegidas, se presenta un solo caso de donde la política local cruza a la nacional. presidencialismo de coalición, a pesar de que Sin embargo, en el caso de Brasil, no debe- la importante división vertical del poder que mos perder de vista el carácter descentrali- presentan hubiera supuesto un fuerte aliciente zado y fragmentado de sus partidos políti- al desarrollo a la creación de coaliciones. cos, respaldados por un sistema electoral que permite las candidaturas personales, ha- El cuadro 2 ayuda a re-dimensionar la dis- bitualmente respaldadas por los líderes lo- cusión: salvo el caso chileno y boliviano, cales.1 En razón de estas reglas, los legisla- donde todos los gobiernos establecidos des- dores poseen fuertes intereses de cara a su de 1989, hasta la fecha, han sido de coali- electorado, los que determinan el orden de ción, Colombia y Paraguay, donde todos los las candidaturas partidarias. Por lo tanto, gobiernos han sido de partido, el resto de en un sistema multipartidista extremo y con los países exhibe tanto gobiernos de parti- niveles muy bajos de disciplina parlamen- do (monocolores) tanto como de coalición. 131
  20. 20. Coaliciones de gobierno bajo regímenes presidenciales: una aproximación a la experiencia latinoamericana Los casos de los gobiernos de coalición se distribuyen tanto en sistemas unitarios como federales, en mayor cantidad en el sector inferior derecho (sistemas unitarios). A su vez, los gobiernos de partido ocurren con el doble de frecuencia en los sistemas unitarios. Cuadro 3 DISTRIBUCIÓN DE LOS GOBIERNOS DE PARTIDO Y DE COALICIÓN FORMADOS EN DIEZ PAÍSES DE LATINOAMÉRICA EN FUNCIÓN DEL TIPO DE SISTEMA DE PARTIDO Y DE LA DISTRIBUCIÓN DEL PODER à Tv†‡r€h†Ãivƒh…‡vqv†‡h†Ã Tv†‡r€h†Ãƒyˆ…hyv†‡h†Ã€‚qr…hq‚†Ã Tv†‡r€h†Ãƒyˆ…hyv†‡h†Ãr‘‡…r€‚†Ã à B‚ivr…‚†Ãqrà 6…tr‡vhÃ'à 6…tr‡vhÃ'(($à 7…h†vyÃ'(à Qh…‡vq‚à 8‚y‚€ivhÃ''!'%(('à 8‚y‚€ivhÃ(#à @pˆhq‚…Ã(('à Qr…~Ã'$à Hp‘vp‚Ã!à Qr…~Ã(à Qh…htˆh’Ã'((('à V…ˆtˆh’Ã'$(à Wrr“ˆryhÃ''à à à B‚ivr…‚†Ãqrà Qr…~Ã'à 6…tr‡vhÃ((à 7‚yv‰vhÃ'!'$((à 8‚hyvpvyÃà Wrr“ˆryhÃ%%#%'à 7‚yv‰vhÃ'(à 7…h†vyÃ'((#('à 7…h†vyÃ'$à 8uvyrÃ(($à V…ˆtˆh’Ã($à @pˆhq‚…Ã'#''(!(%à Wrr“ˆryhÃ%''à Qr…~Ã'à à V…ˆtˆh’Ã($à Wrr“ˆryhÃ%#%'(('à FUENTE: Elaboración propia a partir del anexo. Consideramos bipartidistas a aquellos sistemas rios), sigue siendo el carácter minoritario cuyo número efectivo de partidos fluctúa entre de los presidentes al momento de su elec- 1,8 y 2,4 partidos políticos. Multipartidismo ción o, si se prefiere verlo desde el punto de moderado son los sistemas que tienen un nú- vista de los partidos políticos, el elemento mero efectivo de partidos que va de 2,5 a 3,9 central a la hora de explicar el carácter par- partidos. Con más de cuatro partidos efecti- tidario o de coalición de un gobierno es el vos el sistema es considerado multiparti- número efectivo de partidos existentes en el dista polarizado (Chasquetti, 2001: 330). sistema.21 Cuanto más fragmentado sea el sistema de partidos, mayor necesidad ha- En función de los casos analizados, pode- brá de realizar coaliciones de gobierno, dada mos señalar que la organización territorial la posibilidad de que ningún partido pueda del poder (sistemas unitarios y federales), reunir por sí mismo en el Legislativo una no parecen guardar una relación directa con mayoría suficiente para gobernar, tal como la formación de gobiernos de partido se demuestra en numerosos trabajos (monocolores) o de coalición. Por lo tanto, (Chasquetti, 2001; Altman, 2000a y 2000b; tal como lo demuestran los trabajos prece- Amorim Neto y Tafner, 2002; Negretto, dentes, reseñados al comienzo de este artí- 2003). Esto es lo que determina que la ne- culo, el elemento con mayor capacidad de gociación política se traslade, básicamen- predecir a la hora de explicar la formación te, del Congreso al propio gabinete presi- de gobiernos de coalición en sistemas pre- dencial. El cuadro 3 da cuenta de lo sidenciales (al igual que en los parlamenta- señalado. 132
  21. 21. José Ruiz Valerio El cuadro 4 nos ayuda a matizar aún más tivos. Tales los casos de Sanguinetti (prime- los datos. Mientras que los gobiernos de par- ra presidencia) y Lacalle, así como sucedió tido en sus dos modalidades (mayoritario y con Herrera Campins en Venezuela, apoya- de minoría) son propios de los sistemas do aún por el pacto del Punto Fijo. bipartidistas, vemos que en el caso de Ve- nezuela, incluso se dieron coaliciones en si- Los casos de gobierno de coalición se tuación bipartidista, como producto del incrementan a medida que nos desplazamos “Pacto de punto Fijo”. Sin embargo, Vene- desde el bipartidismo al multipartidismo. zuela también ejemplifica cómo el sistema Incluso advertimos la construcción de coa- de partidos se transforma de bipartidista en liciones minoritarias que, a pesar de su in- pluralista moderado y finalmente, en plura- suficiencia para garantizar la gestión de la lista extremo. agenda legislativa presidencial, dieron a los presidentes respaldos mayores que los ob- Advertimos también que los gobiernos ma- tenidos por sus propios partidos. yoritarios en sistemas pluralistas modera- dos y extremos y los gobiernos de partido Resumiendo, el número efectivo de parti- minoritario no han sido ajenos a la realidad dos sigue siendo un elemento central a la latinoamericana. Pero en su respaldo, algu- hora de explicar el carácter monocolor o nos presidentes realizaron acuerdos legisla- negociado de los gobiernos Cuadro 4 DISTRIBUCIÓN DE LOS GOBIERNOS DE PARTIDO Y DE COALICIÓN FORMADOS EN DIEZ PAÍSES DE LATINOAMÉRICA EN FUNCIÓN DEL TIPO DE SISTEMA DE PARTIDO Y DE LA DISTRIBUCIÓN MAYORITARIA O MINORITARIA DEL PODER à Tv†‡r€h†Ãivƒh…‡vqv†‡h†Ã Tv†‡r€h†Ãƒyˆ…hyv†‡h†Ã€‚qr…hq‚†Ã Tv†‡r€h†Ãƒyˆ…hyv†‡h†Ãr‘‡…r€‚†Ã B‚ivr…‚ÃqrÃh…‡vq‚à 6…tr‡vhÃ'à 6…tr‡vhÃ'(($à 7…h†vyÃ'(à €h’‚…v‡h…v‚à 8‚y‚€ivhÃ''%(à 8‚y‚€ivhÃ(#à Qr…~Ã(à à Qr…~Ã'$à Wrr“ˆryhÃà Qh…htˆh’Ã'((('à Wrr“ˆryhÃ'à B‚ivr…‚ÃqrÃh…‡vq‚à 8‚y‚€ivhÃ'!('à Hp‘vp‚Ã!à @pˆhq‚…Ã(('à €v‚…v‡h…v‚à à V…ˆtˆh’Ã'$(à Wrr“ˆryhÃ'à B‚ivr…‚Ãqrà Qr…~Ã'à 6…tr‡vhÃ((à 7‚yv‰vhÃ'$((à p‚hyvpvyÃ€h’‚…v‡h…vhà à 7‚yv‰vhÃ'(à 8uvyrÃ(($à 7…h†vyÃ'$à @pˆhq‚…Ã''à Wrr“ˆryhÃ% à Wrr“ˆryhÃ%#%'à à B‚ivr…‚Ãqrà V…ˆtˆh’Ã($à 7‚yv‰vhÃ'!'$((à p‚hyvpvyÃ€v‚…v‡h…vhà Wrr“ˆryhÃ''à 7…h†vyÃ(#('à @pˆhq‚…Ã'#(!(%à Qr…~Ã'à V…ˆtˆh’Ã($à Wrr“ˆryhÃ(('à FUENTE: Elaboración propia a partir del anexo. 133
  22. 22. Coaliciones de gobierno bajo regímenes presidenciales: una aproximación a la experiencia latinoamericana CONCLUSIONES En segundo lugar, se contrastó la proposi- ción que señala que los sistemas federales En este trabajo hemos avanzado en dos vías favorecen la construcción de coaliciones de relacionadas con los gobiernos de coalición gobierno bajo sistemas presidenciales. A en sistemas presidenciales. En primer lu- partir del estudio comparado de cuarenta y gar, pasamos revista a las características siete presidencias desarrolladas en diez paí- centrales que asumen dichos gobiernos, ses de América Latina, hemos visto que no puesto que, como señalamos, la literatura se establece una relación directa entre am- sobre el tema abunda en estudios de expe- bos factores. Los presidencialismos de coa- riencias concretas, pero hasta el momento lición se generan en la región tanto en los se adelantó poco en la sistematización de países federales como en aquellos que asu- los rasgos comunes de los presidencialismos men otras modalidades de organización po- de coalición. Entre éstos destacan: la posi- lítico-territorial. En este sentido, el elemento ción minoritaria del partido del presidente más importante y claro a la hora de explicar en el Congreso, hecho que “empuja” al ti- por qué se construyen coaliciones de gobier- tular del Ejecutivo a buscar apoyo parla- no en sistemas presidenciales sigue siendo el mentario entre los partidos de oposición; el carácter minoritario del partido del presidente papel del propio presidente como figura in- en el Congreso. La insuficiencia de apoyo dispensable, “pivote”, a la hora de construir parlamentario obliga a los presidentes a ne- las coaliciones de gobierno; la tendencia a gociar con la oposición a fin de garantizar el que el presidente retenga la mayoría de mi- trámite de sus agendas de gobierno. nisterios importantes para personas de su propio partido; el carácter independiente que De todas formas, los cuatro países federa- posee el gabinete respecto de la mayoría les de América Latina (Argentina, Brasil, parlamentaria ya que no depende de la con- México y Venezuela) presentan caracterís- fianza de los legisladores; la rigidez del man- ticas políticas lo suficientemente disímiles, dato presidencial (con la independencia que que resultaría oportuno ahondar en el estu- este hecho otorga al titular del Ejecutivo), dio de estos cuatro casos entre sí. Entre es- la que se traduce en márgenes de apoyo tas características, ocupan un papel funda- parlamentario más acotados hacia el presi- mental las diferencias históricas que median dente, respecto de los primeros ministros entre los cuatro casos y la incidencia que parlamentarios; las presiones que deben las tradiciones institucionales ejercen sobre pagar los legisladores del partido del presi- el propio estilo de liderazgo presidencial. dente frente a las ventajas que obtienen sus socios circunstanciales a fin de garantizar En función de lo señalado, podemos respal- su permanencia en la coalición; el desarro- dar el comentario de Lijphart anteriormen- llo de un ciclo “presidencial” claramente te citado: mientras que los estilos de gobier- definido, con momentos de cooperación y nos (mayoritarios y consociativos), guardan bloqueo en función de los tiempos estable- una relación estrecha con el número efecti- cidos en el calendario electoral. vo de partidos que existe en el sistema, el 134
  23. 23. José Ruiz Valerio carácter unitario o federal de la organización territorial del poder no nos brinda pistas firmes para explicar la formación de los gobiernos de coalición. Desde luego, el número de casos considerados no permite realizar afirmaciones definitivas al respecto, por lo que resulta importante volver sobre el tema en el futuro. Anexo: Matriz de datos *2%,(512à 35(6,'(17(à 3$5à /37 à 2$/,,21à /37!à *2%à 1(3à 63à 6…tr‡vhÃ'à 6ys‚†tÃ 85à $%à 12à $%à 30à !!à %,3à 6…tr‡vhÃ'(à Hrr€Ã 3-à # à 12à # à 30à !'à 00à 6…tr‡vhÃ($à Hrr€Ã 3-à #%à 12à #%à 30à à 00à 6…tr‡vhÃ((à 9rÃyhÃS~hà 85à (à 85)5(3$62à #'!à 0à à 00à 7‚yv‰vhÃ'!à Tvyr†ÃTˆh“‚à 8'3à %!à 015,0,53%à %!à 8€vÃ #à 0(à 7‚yv‰vhÃ'$à Qh“Ã@†‡r†‚…‚à 015à à 015$1'à %#%à 0à #à 0(à 7‚yv‰vhÃ'(à Qh“Ãah€‚…hà 0,5à !$#à 0,5$'1à $#%à 0à (à 00à 7‚yv‰vhÃ(à Tipur“ÃÃG‚“hqhà 015à #à 015860%/à % $à 0à #à 0(à 7‚yv‰vhÃ(à 7h“r…à $'1à !#%à $'10,58621'(3$à à 0à $$à 0(à 7…h†vyÃ'$à Th…r’à 3)/à !#à 3)/30'%à 'à 0à !à 00à 7…h†vyÃ'(à 8‚yy‚…à 351à ÃÃ'à 12à ÃÃ'à Q€vÃ '%à 0(à 7…h†vyÃ(#à 8h…q‚†‚à 36'%à ! à 36'%3)/37%30'%à %#à 0à ' à 0(à 7…h†vyÃ('à 8h…q‚†‚à 36'%à !$à 36'%3)/37%30'%à $à 0à à 0(à 8uvyrÃ(à 6’yvÃ 'à à '33'3635à $$à 0à $à 0(à 8uvyrÃ(#à A…rvà 36+à 'à '33'3635à $'à 0à #(à 0(à 8uvyrÃà Ght‚†Ã 'à à '33'3635à $'à 0à $ à 0(à 8‚y‚€ivhÃ'à Uˆ…ih’à 3/à $$'à 12à $$'à 30à !à %,3à 8‚y‚€ivhÃ'!à 7r‡hp‚ˆ…à 321à # !à 12à # !à Q€vÃ (à %,3à 8‚y‚€ivhÃ'%à 7h…p‚à 3/à $#à 12à $#à 30à ! à %,3à 8‚y‚€ivhÃ(à Bh‰v…vhà 3/à % 'à 12à % 'à 30à (à %,3à 8‚y‚€ivhÃ(#à Th€ƒr…à 3/à $à 12à $à 30à !'à 00à 8‚y‚€ivhÃ('à Qh†‡…hhà 321à !à 12à !à Q€vÃ ! à %,3à @pˆhq‚…Ã(à S‚yqy†Ã )3à ! à 12à ! à Q€vÃ %à 0(à @pˆhq‚…Ã'#à Ari…r†Ã8‚…qr…‚à 36à !à 363(3/5(à !#à 8€vÃ #(à 0(à @pˆhq‚…Ã''à 7‚…whà ,'à #(à ,''3)$',à $$ à 0à #à 0(à @pˆhq‚…Ã(!à 9ˆ…iÃ7hyypÃ 385à $%à 3853(à !% à 8€vÃ %%à 0(à @pˆhq‚…Ã(%à 7ˆph…i€Ã 35(à !!à 35($35(à !'%à 8€vÃ #'à 0(à @pˆhq‚…Ã('à Hhuˆhqà '3à !'à 12à !'à Q€vÃ $#à 0(à Qh…htˆh’Ã'(à S‚q…ttˆr“à 32/à %%à 12à %%à 30à 'à %,3à Qh…htˆh’Ã(à Xh†€‚†’à 32/à #$à 12à #$à 30à !#à %,3à Qh…htˆh’Ã('à 8ˆih†Ã 32/à $%à 12à $%à 30à !!à %,3à Qr…~Ã'à 7ryh~qrà $3à $##à $333à %à 0à !#à %,3à Qr…~Ã'$à Bh…pthà $35$à $(#à 12à $(#à 30à !à %,3à Qr…~Ã(à Aˆwv€‚…và 8(à !(#à 12à !(#à Q€vÃ $'à 0(à V…ˆtˆh’Ã'$à Thtˆvr‡‡và 3à # #à 12à # #à Q€vÃ !(à 00à V…ˆtˆh’Ã(à Ghphyyrà 31à (#à 31à (#à 0à à 00à V…ˆtˆh’Ã($à Thtˆvr‡‡và 3à !à 331à $$%à 0à à 00à V…ˆtˆh’Ãà 7h‡yyrà 3à !à 331à $$%à 0à à 00à Wrr“ˆryhÃ%à 7r‡hp‚ˆ…‡Ã $'à à $'23(,85'à (#à 0à !à 00à Wrr“ˆryhÃ%#à Gr‚và $'à à $'85')1'à %$à 0à #%à 0(à Wrr“ˆryhÃ%'à 8hyqr…hà 23(,à !%à 23(,0(385'à #!à 8€vÃ #'à 0(à Wrr“ˆryhÃà Qp…r“à $'à $ à 12à $ à 30à !à 00à Wrr“ˆryhÃ'à Cr……r…hÃ8h€ƒt†Ã 23(,à #!!à 12à #!!à Q€vÃ !%à 00à Wrr“ˆryhÃ'à Gˆ†vpuvà $'à $$(à 12à $$(à 30à !#à %,3à Wrr“ˆryhÃ''à Qp…r“à $'à #'à $'23(,à #'à 8€vÃ !à 00à Wrr“ˆryhÃ(à 8hyqr…hà 21à à 2190$6à !%à 8€vÃ #à 0(à Wrr“ˆryhÃ('à 8ui‰r“à 095à !$(à 0950$6337à #(à 8€vÃ $à 0(à FUENTE: Chasquetti (2001: 358-359). Con modificaciones tomadas de: Busquet, Chasquetti y Moraes (1998); Amorim Neto (2000); Alcántara Sáez (1999); Molina Vega (2004). 135
  24. 24. Coaliciones de gobierno bajo regímenes presidenciales: una aproximación a la experiencia latinoamericana Referencias lombia: PL (Partido Liberal), PCON (Parti- do Conservador). Ecuador: CFP PAR (partido del presidente); CLPT1 (con- (Concertación de Fuerzas Populares), ID tingente legislativo del presidente al momen- (Izquierda Democrática), DP (Democracia to de su elección); CLPT2 (contingente le- Popular), FADI (Frente Amplio de Izquier- gislativo del presidente al momento de das), PCE (Partido Conservador de Ecua- asumir el cargo); GOB (tipo de gobierno); dor), PRE (Partido Roldoísta de Ecuador), NEP (número efectivo de partidos); SP (sis- APRE (Acción Popular Revolucionaria tema de partidos). GOB (tipo de gobierno): Ecuatoriana), PSC (Partido Social Cristia- CM (coalición mayoritaria), Cmin (coalición no), FRA (Frente Radical Alfarista), PUR minoritaria), PM (de partido mayoritario), (Partido de Unificación Republicana), PLRE Pmin (de partido minoritario). SP (sistema (Partido Liberal Radical de Ecuador). Pa- de partidos): BIP (bipartidismo), MM raguay: PCOL (Partido Colorado). Perú: (multipartidismo moderado), ME (multipar- APRA (Alianza Popular Revolucionaria tidismo extremo). Americana), IU (Izquierda Unida), C90 (Cambio 90), AP (Acción Popular), PPC (Partido Popular Cristiano). Uruguay: PC Siglas de partidos (Partido Colorado), PN (Partido Nacional). Venezuela: AD (Acción Democrática), CONV Argentina: PJ (Partido Justicialista), UCR (Convergencia), COPEI (Comité de Organi- (Unión Cívica Radical), FREPASO (Frente zación Política Electoral Independiente), País Solidario). Bolivia: MNR (Movimien- partido inspirado en la democracia cristia- to Nacionalista Revolucionario), MIR (Mo- na, MAS (Movimiento al Socialismo), MVR vimiento de Izquierda Revolucionario), ADN (Movimiento Quinta República), PPT (Pa- (Acción Democrática Nacional), UDP tria Para Todos). (Unión Democrática Popular), MBL (Mo- vimiento Bolivia Libre), CONDEPA (Con- ciencia de Patria), UCS (Unión Cívica Soli- daridad). Brasil: PRN (Partido de NOTAS Reconstrucción Nacional), PFL (Partido Frente Liberal), PSDB (Partido Socialdemó- 1 Entre otros, Altman (2000); Amorim Neto crata Brasileño), PTB (Partido Trabajador (2000); Archer y Shugart (1997); Botinelli del Brasil), PPB (Partido Popular Brasile- (1999); Buquet Corleto, Chasquetti y ño), PMDB (Partido del Movimiento Demo- Moraes (1998); Carey (1998); Fernández crático Brasileño), PDS (Partido Democrá- (1998); Filgueira y Filgueira (1997); tico Social), PT (Partido de los Garretón (2001); Lanzaro (1998a, 1998b); Trabajadores). Chile: DC (Democracia Cris- Lamournier (1998); Lazarte (1998); Lessa (2001); Mainwaring (1997); Mayorga tiana), PRD (Partido por la Democracia), (2001); Negretto (2003); Siavelis (2001); PSCH (Partido Socialista de Chile), PRSD Thibaut (1998); Von Mettenheim (2001). (Partido Radical Social Demócrata). Co- 136
  25. 25. José Ruiz Valerio 2 Sobre el tema, ver: Sartori (1994); Linz 11 Los tres presidentes minoritarios que no ter- (1994); Mainwaring y Shugart (1997a); minaron sus mandatos son: Collor (Brasil), Shugart y Carey (1992); Deheza (1998); Mahuad (Ecuador), Fujimori (Perú). Chasquetti (2001), entre otros. 12 Aunque la capacidad de veto presidencial no 3 Loewenstein distingue al menos, cinco for- es igual en todos los países. Sobre el tema mas “empíricas” de parlamentarismo: “clá- ver Mainwaring y Shugart (1997a: 50-53). sica”, típica de la III y IV República France- sa; “híbrido”, propio de Weimar; “frenado”, 13 El caso al que se refiere Altman puntual- de la V República Francesa; “controlado”, mente, es el Itamar Franco, quien siendo propio de la República Federal Alemana; “de gobernador del Estado de Minas Gerais, gabinete”, propio de Gran Bretaña. Ver decidió unilateralmente no pagar los inte- Loewenstein (1964: 89-145). reses de la deuda de su estado, desestabi- lizando así a la economía nacional (Altman, 4 Sobre el tema, el enfoque más difundido es el 2001: 18). de Lijphart (1999). 14 Aunque el argumento aquí reseñado de 5 Sobre el tema, entre otros ver Strom (1990a, Altman posee un carácter lógico innegable, 1990b); Bogdanor (1983); Colomer y Mar- debemos recordar que en el caso de Chile tínez (1993); De Swaan (1973); Riker (1962). es el presidente quien nombra a las autori- dades departamentales, limitando así el 6 Sobre esta cuestión, ver en especial a Deheza carácter autónomo de su accionar. (1998). 15 Esto es, Israel, la Cuarta República France- 7 En este punto, sigo en líneas generales la sa, Finlandia, Países Bajos, Dinamarca, Is- definición de Riker por considerarla lo su- landia, Portugal, Bélgica y Noruega. ficientemente clara como para establecer la especificidad del federalismo. Sin embar- 16 Nuevamente, Israel, Finlandia, Dinamarca, go, le agrego la cuestión de la autonomía Islandia, Portugal, Bélgica, Noruega, Sue- que poseen los distintos niveles de gobier- cia, Luxemburgo, Italia y Mauricio. no para llevar a cabo sus atribuciones y com- petencias, puesto que ésta es elemento cen- 17 Suiza, Alemania, India, Países Bajos, Japón, tral en la definición de federalismo. Ver Austria y Papua Nueva Guinea. Riker (1975: 101). 18 Venezuela, España, Australia, Canadá, Es- 8 Sobre el tema, entre otros, ver Elazar (1968); tados Unidos. Friedrich (1950); Duchacel (1970); Colomer (2001). 19 Colombia, Costa Rica, Grecia, Malta, Fran- cia, Trinidad y Tobago, Bahamas, Jamaica, 9 Los datos utilizados se encuentran en el anexo. Barbados, Botswana, Reino Unido y Nue- va Zelanda. 10 Los dos presidentes que no terminaron sus mandatos con coaliciones minoritarias son: 20 En Argentina existe un sistema proporcio- Siles Suazo (Bolivia) y Bucaram (Ecuador). nal con fórmula D’Hondt, el que actúa en 137

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