Consumed 1

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Consumed 1

  1. 1. 2
  2. 2. CRÉDITOS MODERADORA nElshIA Traductoras Correctoras ஓ¥anliஓ Nony_mo Mir Flor212 Curitiba AriannysG nElshIA bibliotecaria70 Boom Eli25 Angeles Rangel Mona gissyk gracekelly Nanis mokona rihano Malu_12 Nelly Vanessa Recopilación y Revisión Angeles Rangel y Nanis Diseño Otravaga 3
  3. 3. ÍNDICE SINOPSIS 11 1 12 2 13 3 14 4 15 5 16 6 17 7 18 8 19 9 EPÍLOGO 10 SOBRE LA AUTORA 4
  4. 4. SINOPSIS Olivia James nunca ha sido de las que pisan el lado salvaje, al menos no hasta que conoce a Seth Marc… un engreído y atractivo luchador en el gimnasio de su padre. Es exasperante, asquerosamente adictivo y simplemente parece no poder sacárselo de encima. Él ha estado en la ciudad por poco tiempo y su nombre ya está en boca de todos. Es el tipo de hombre sobre el que las madres advierten a sus hijas... de la clase que deja un reguero de corazones destrozados detrás de sí y tiene a Olivia en la mira. Olivia nunca ha conocido a nadie tan confuso como Seth y su actitud temperamental constantemente la desorienta. Nunca en su vida ha deseado el toque de alguien tan desesperadamente, pero habiendo salido recientemente de una relación a largo plazo sumergirse en otra es algo que preferiría evitar. Decidida a tener su toque, pero a no dejarlo meterse bajo su piel, Olivia se embarca en el viaje más emocionante de su vida. 5
  5. 5. 1 DE: BLADE 19:23 Hey, nena. No puedo llegar a la cena. Los chicos y yo saldremos. No me esperes. X Genial, malditamente genial. Lanzo mi teléfono de regreso en mi bolso de mano y echo un vistazo alrededor de la habitación, frustrada por la cancelación de Blade. Lamentablemente, esta no es la primera vez que me planta. Es la tercera vez en este mes que Blade me ha dejado en el restaurante mexicano de salsa esperándolo porque prefiere “pasar el rato con los chicos” sobre su novia por seis años. Para empeorar las cosas, el camarero que ha estado viniendo a mi mesa durante la última hora preguntándome si quiero ordenar es el mismo maldito camarero que ha tratado de atenderme las dos últimas veces que he sido plantada. Echo un vistazo a la barra y me encuentro con la cara de niño y ojos azules del camarero. Él me mira con simpatía. Sorprendida, miro rápidamente hacia abajo en mi menú, dejando las largas hebras chocolate de mi peinado como una cortina entre nosotros. Sólo el sonido característico de alguien despejando su garganta hizo que me asomara alrededor de mi cabello. ―¿Está usted lista para ordenar? ―pregunta el joven camarero, pasándose los dedos por el frente de su largo flequillo rubio. ―Uh. ―Un rubor surge instantáneamente a mis mejillas y me estremezco al pensar en lo roja que debo verme―. No, lo siento… mi pareja no va a venir. Me pongo de pie y enderezo mi corto vestido negro. Saco mi abrigo negro a juego de la parte posterior de la silla, colocándolo sobre mis hombros. Me extiendo a través de la mesa por mi bolso y camino rápidamente hacia la salida. Mis mejillas se ponen más calientes y juro que puedo sentir los apreciativos ojos de todos en mí. Afuera el aire es sorprendentemente frío. Extraño, considerando que estamos bien entrados en la primavera. El aire frío hace a mi nariz correr inmediatamente y siento el calor de mi rubor desvanecerse de mis mejillas. 6
  6. 6. Mis zapatos de tacón alto resuenan e incluso golpean a lo largo del concreto mientras camino a través del estacionamiento. Siempre he encontrado el tiempo tranquilo reconfortante, pero el frío de esta noche, incluso el tiempo no es suficiente para calmar la tormenta rabiando dentro de mí. Mi sombra oscura se refleja en la pintura azul de mi sedán mientras desbloqueo el coche y me subo. Con un gruñido, lanzo mi bolso en el asiento del pasajero. Las lágrimas arden en mis conductos lagrimales, pero no me atrevo a dejarlas caer. No voy a llorar por él nunca más. Me inclino y cavo a toda prisa en el contenido de mi bolso hasta que localizo mi teléfono. Busco su nombre en mi lista de contactos y golpeó marcar. Resuena y soy saludada por su estúpido correo de voz. ―Hola, este es Blade. No estoy aquí ahora mismo, obviamente. Llámame más tarde. No dejo un mensaje de voz, pero sí lo llamo de nuevo. Y otra vez. Y otra vez. Cada vez que pasa al buzón de voz me pongo más y más furiosa, hasta que finalmente contesta. ―Shh. Shh. ―Escucho susurrar a alguien con una risita aguda. El ruido hace a mi estómago caer en mis intestinos―. Hola nena, ¿qué pasa? Eligiendo ignorar el ruido femenino hasta más tarde, le digo lo que pasa. ―¿Qué pasa? ¡Estoy sentada en el estacionamiento de Salsa’s porque me plantaste de nuevo! ―Mi voz es fuerte, pero no me importa. ―¿Puedes dejar de gritar? En realidad no es un gran problema. Tú y yo pasamos el rato juntos todo el tiempo. ¿Qué clase de respuesta es esa? ―Espera. ¿Debido a que nos vemos con frecuencia eso te da el derecho de plantarme? Puedo imaginarlo haciendo ese estúpido encogimiento de hombros que siempre hace. ―Algo así. Sabía que lo entenderías. Él cuelga, dejándome mirando fijamente por el parabrisas delantero. La ira hierve al extremo en mi pecho y puedo sentir mis orificios nasales expandirse mientras mi pecho se eleva y cae rápidamente. Con las manos temblorosas, golpeó remarcar. ―¿Hola? ―responde una ronca voz femenina, atrapándome con la guardia baja. 7
  7. 7. ―¿Estás jodidamente bromeando? ―exijo, sintiéndome enferma instantáneamente―. ¿Quién habla? ―Georgina. ―Pon a Blade en el teléfono ―chasqueo. En el fondo claramente escucho la música del club y las risas. Me alegro de que este fuera teniendo un buen rato mientras yo estoy sentada sola en un maldito estacionamiento. ―Mierda. Olivia, no es lo que piensas. Ella tomó mi teléfono de la barra. He alcanzado el punto de ebullición. He terminado. ―¿Crees que soy tonta? ―ladro en el teléfono. ¿Qué clase de pregunta es esa? Por supuesto que lo cree. ―No, en absoluto. ―Puedo escuchar el leve insulto en su voz. Típico―. Quiero decir, a veces haces cosas que me hacen preguntar… ―¡Sólo cállate! Ya no quiero hablar contigo por más tiempo y no quiero volver a verte nunca. ¡Puedes encontrar tus cosas en cajas y en la entrada de mi casa! ―Dios sabe cuántas veces he dicho eso. ―Olly, vamos. No seas así ―suplica él a través del teléfono, llamándome por mi apodo―. Estás exagerando. Cuelgo. Cómo es eso para jodidamente exagerar. Apoyo mi cabeza en el volante mientras un par de lágrimas caen sobre mi muslo desnudo. Blade y yo hemos estado saliendo desde que teníamos diecisiete. Tenemos veintitrés ahora. Siendo realistas, deberíamos haber salido solo por dos años. Esa fue la primera vez que me engañó. Desde entonces he perdido la cuenta de cuántas veces me ha traicionado. Lo sé. Soy una idiota por aceptarlo de vuelta y debería respetarme más, bla, bla, bla. Escúchame, estar con Blade es todo lo que conozco. Nunca he estado con nadie más. La idea de no tenerlo en mi vida me aterroriza, pero sé que él estando en mi vida va a seguir destruyéndome una y otra vez y no puedo hacerlo más. Si estar con Blade significa que me sentaré en los restaurantes sola por el resto de mi vida o preocupándome de que podría atrapar alguna condenada ETS de él… entonces no quiero ser parte de eso. * * * 8
  8. 8. Voy furiosa alrededor de mi pequeño apartamento, con una gran caja arropada debajo de mis brazos, recogiendo las cosas de Blade. Él no vive conmigo, pero seguro que tiene un montón de artículos alrededor de mi apartamento. Cada uno que recojo me hace sentir más enferma a medida que empiezo a asimilar la realidad. Cuando estoy segura de que he agarrado todo, corro escaleras abajo y coloco la caja en el camino de entrada. Nunca he ido tan lejos como para eliminar realmente sus cosas antes, pero esta vez estoy harta. Ya he tenido suficiente. Me doy la vuelta, pero un conjunto de faros acercándose en el camino de entrada hace que me regrese. Es un taxi. Genial. Blade salta del asiento trasero y saca un puñado de dinero en efectivo del bolsillo delantero de sus pantalones de mezclilla. Arroja el dinero en la ventanilla del conductor y trota hacia mí. ―Nena ―suplica, pasando sus dedos por su cabello rubio oscuro―. No hagas esto. Te amo. Me vuelvo sobre mis talones, sabiendo muy bien que si me lanza esos hoyuelos de niño voy a ceder. Su mano se envuelve alrededor de mi codo y un escalofrío de energía me atraviesa cuando me da la vuelta con una fuerza sorprendente. Bajo su agarre mi codo duele. ―Me estás haciendo daño ―gruño en voz baja para que los vecinos no puedan oír. Él no suelta su agarre. Sus ojos miran dentro de los míos mientras se inclina cerca, para que pueda sentir y oler su caliente aliento alcohólico de lleno en la cara. No hay compasión en su rostro, sólo ira. Echo un vistazo a sus pequeños ojos azules, y luego bajo por su cara a sus labios delgados. Lápiz labial rosado a lo largo de su línea de la mandíbula atrapa mi atención. Mi mirada sigue el conjunto de labios por su cuello, antes de desaparecer debajo del cuello azul de la camisa de polo verde. ―Eres asqueroso ―escupo. Él me aprieta mi brazo más fuerte y me estremezco mientras mi músculo se comprime contundentemente bajo mi carne. ―¿Qué harías sin mí? ¿Dónde estarías sin mí? Yo arranco mi brazo hacia atrás. ―Ya no te necesito más. Necesito a alguien que me aprecie. Blade ríe a carcajadas, echando la cabeza hacia atrás y mostrando sus dientes. Al parecer, dije la broma del año. 9
  9. 9. ―No vas a encontrar a alguien que vaya a estar tan interesado en ti como yo. Eres simple, Olivia, y aburrida. No tienes nada que ofrecer a nadie. Soy lo mejor que alguna vez te ha sucedido. Ouch, y pensar que esta persona amargada se supone que es mi otra mitad. Una extraña sensación de hormigueo se acumula en mi garganta como normalmente lo hace antes de que llore y presiono mi lengua en mi paladar para ayudar a aliviar la acumulación de lágrimas. Y lo hace en un grado. ―Si soy tan poca cosa, ¿entonces por qué estás tan enojado? ―pregunto, mi voz temblando ligeramente. ―No estoy enojado. Estoy feliz. Rompe conmigo, no me importa. Vendrás arrastrándote de vuelta y cuando lo hagas voy a cerrar de golpe mi puerta en tu cara. Me aparto de él. Si no me voy ahora, voy a llorar y no quiero que me vea hacerlo. Me dirijo a las pequeñas escaleras blancas y justo antes de dar un paso en mi apartamento su voz dice en voz alta por última vez. ―¡No te necesito! ¡Maine esta atestado con mejores chicas y me levanté a dos de ellas esta noche! Golpeo mi puerta y me deslizo hacia abajo a la madera dura. ¿Cómo puede alguien que solía ser tan dulce ser tan malditamente hiriente? Si me hubieran preguntado hace un par de años dónde quería estar en la vida hubiera dicho “en cualquier lugar, siempre y cuando tenga a Blade”. Si hacen la misma pregunta ahora, he de responder “cualquier parte donde no vea la estúpida cara de Blade o escuche su estúpida voz”. Mi pecho palpita dolorosamente mientras lágrimas escapan de mis ojos. Las dejé caer con toda su fuerza, porque las había estado reteniendo desde el restaurante y ya no podía más. Me arrastro sobre mis manos y rodillas desde mi puerta principal, atravesando la sala de estar y dentro del dormitorio. Me las arreglo para meterme en mi cama y dejo que la fresca cubierta del edredón de satén acaricie mis mejillas ardientes. Después de unos minutos me doy cuenta que no estoy llorando porque rompí con Blade. Estoy llorando porque sé que esto no es el final. Él va a volver. Continuará chantajeándome emocionalmente y desgastándome hasta que me fisure y lo acepte de nuevo en mi vida, pero eso no va a suceder esta vez. No lo recibiré de vuelta. Soy más fuerte ahora y me he estado preparando para nuestra inevitable ruptura durante mucho tiempo. Sólo porque elijo usar ropa más conservadora no me hace sencilla y sólo porque me gusta quedarme en casa casi todas las noches y leer y 10
  10. 10. escribir no me hace aburrida. Le mostraré que no soy dependiente de él. Le mostraré que no puedo ser controlada. Lo trataré como si lo hubiera superado, porque definitivamente estoy por encima de haber sido tratada como si fuera nada. Yo no soy nada. Soy yo y me encanta ser yo. Que se joda. 11
  11. 11. 2 A la mañana siguiente, me levanto muy temprano para poder conseguir una sesión más larga en el gimnasio antes de trabajar. Mi gimnasio está a sólo unas pocas cuadras, pero conduzco de todos modos. ¿Por qué iba a querer quemar más calorías de las que necesito? Fue duro despertar temprano esta mañana. No conseguí dormir mucho anoche. Terminé apagando mi teléfono después de las 11:00 p.m. y un millón de llamadas perdidas. Sonrío. Blade probablemente se está volviendo loco en este momento y lo tiene bien merecido. Incluso después de que apagué mi teléfono el sueño fue escaso. Me quedé despierta toda la noche pensando, tratando de fijar el punto del momento exacto en el que Blade se dio vuelta y entró a un idiota. No podía, y me pregunto si ha sido así desde el instituto y sólo estuve demasiado ciega para darme cuenta. Me detengo en frente del gimnasio, inclinándome saco mi mochila del asiento del pasajero. En el interior tenía una toalla, un par de zapatos de tacón, un bonito vestido negro de negocios, algo de maquillaje y un cepillo para el cabello. Después de mi entrenamiento necesito una ducha y vestirme para el trabajo. Desde que el gimnasio dispone de regaderas, me imaginé que mataría dos pájaros de un tiro esta mañana. Ajusto mi cola de caballo, tiro de mis mallas un poco más arriba y cubro mi ombligo con mi camiseta de color rosa. No es que eso ayude mucho. Es tan fuerte que sigue volviéndose a deslizar y dejando al descubierto mi barriga plana. Entro en el gimnasio y un olor estéril llena mis fosas nasales. Ayer el gimnasio fue el anfitrión de un campo de entrenamiento y apestaba a sudor y vómito. Desagradable es una buena manera de decirlo. Exploro el gimnasio tratando de decidir dónde quiero empezar hoy. Por lo general, comienzo con la máquina para correr o la elíptica, pero esta mañana me siento algo un poco más… agresiva. Quiero algo que pueda sacar mi enojo. Tengo una gran cantidad de odio que quiero expulsar de mi sistema antes de trabajar. Mi mirada cae sobre el ring de boxeo, donde dos hombres firmes entrenaban. Es un comienzo, supongo, pero a lo mejor voy a ir con algo un poco más personal. Miro a las bolsas de boxeo y lo veo… a él. 12
  12. 12. Guau. Al instante un escalofrío se dispara por mi espina dorsal, encendiendo algo oscuro y siniestro en lo profundo de mi interior. Sin poder hacer nada me como con los ojos los rasgos extraños, boquiabierta hacia él como una idiota. Las hebras de su cabello corto y negro se adherían a su frente por el sudor y tan pronto como lo noto, pasó los dedos a través de él, enviando pequeñas gotas de sudor en todas direcciones. Mi boca se seca y quiero pasar mis labios sobre su húmeda garganta. Repentinamente soy consciente de un extraño calor abrasador atravesando la parte trasera de mi cuello y una corriente eléctrica que nunca he sentido antes hormiguea entre mis muslos mientras observo su pecho sudoroso subir y bajar en un profundo jadeo. Él mira hacia el techo y cierra los ojos, forzando su manzana de Adán a sobresalir un poco. Sus anchos hombros y un lado de su pecho están cubiertos de intrincados tatuajes. A través de la cadera está otro tatuaje, es una frase, pero estoy demasiado lejos como para leerlo. Mi mirada cae sobre sus pantalones de cordón negro que cuelgan de sus estrechas caderas, exponiendo su deliciosa forma en “V”. Nunca he visto a un hombre tan… tan… como él. Es como si viniera directamente de una película o de alguna tórrida revista erótica para mujeres, con six pack 1 y todo. Él flexiona sus dedos y rebota ligeramente en los dedos de sus pies antes de cerrar sus manos en puños. Sus músculos se tensan y se contraen, trabaja y relaja, mientras golpea fuerte sus puños en la gran bolsa azul. Todo mi cuerpo se tensa y vibra de placer cada vez que sus grandes puños conectan. Y la forma en que sus cejas se juntan mientras balancea sus grandes brazos musculosos me hace retorcer donde estoy parada. Miro su rostro, sus ojos son oscuros y su expresión seria, como si la bolsa frente a él es alguien a quien odia. Involuntariamente, mis ojos caen de vuelta a su forma de "V" y reflexiono sobre qué exactamente hay debajo de la delgada tela. El pensamiento por sí solo es suficiente para que el deseo comience a poner humedad entre mis muslos. Pasan unos segundos y me doy cuenta de que el cordel en los pantalones no se balancea más hacia atrás y adelante, no se está moviendo. Lentamente arrastro mis ojos a lo largo de sus delgadas caderas y una cintura estrecha, un pecho bien formado rociado con una fina capa de sudor y, por último, un par de ojos de color marrón oscuro que están… mirando directamente hacia mí. ¡Mierda! Las garras de mi estómago se abren paso hasta mi garganta con una velocidad tremenda y creo que voy a vomitar. Me siento como si estuviera 1 Six pack: abdominales marcados. 13
  13. 13. de pie en el agua, en lugar de en tierra firme y mis ojos se abren mientras mi pulso se dispara instantáneamente. Quiero correr, pero me quedo congelada, clavada en mi lugar. Abro la boca para disculparme, pero estoy al menos a diez metros de él. Cierro mi boca de un golpe. Estoy avergonzada, pero al mismo tiempo, estoy excitada, completamente deshecha sólo porque él me está mirando. Sus seductores y carnosos labios estallan en una sonrisa arrogante, como si oyera todo lo que pensaba de él. Bajo mis mejillas, mi sangre arde. No con miseria, sino de vergüenza, y odio eso. Bajo la mirada hacia mis zapatos deportivos blancos. Tal vez voy a empezar con la cinta de correr hoy. Fuerzo un pie delante del otro hacia las maquinas situadas una al lado de la otra. Le subo la velocidad a la máquina y pongo a trabajar mi trasero. Muy pronto mi cuerpo comienza a gemir y a quejarse, probablemente porque se me olvidó calentar. Pitidos apagados suenan en la trotadora a mi lado. ―Hola, Olly. Es mi papá. No debería estar demasiado sorprendida de encontrarme con él aquí. Es su gimnasio, después de todo. Reprimo un gemido. Papá y yo hemos tenido un camino lleno de unos pocos baches desde que me mudé. La única vez que encuentra el tiempo para hablar conmigo es cuando está tratando de hacerme tropezar en la mudanza de vuelta. Mi hermano mayor Chase logró recorrer el mundo sin ser importunado por nuestros padres porque está sirviendo a nuestro país. Dios no quiera que yo haga algo por mí misma. Pongo mi máquina a un ritmo más lento para que coincida con la suya. Odio mi apodo. He sido referida como Olly durante tanto tiempo como puedo recordar. Papá y Blade son los únicos que se salen con la suya. Ver a papá esta mañana es un poco conmocionante. Él estuvo ausente del gimnasio durante unos días y su asistente Derrick ha estado manejando las cosas. ―¿Papá? No te he visto en el gimnasio por un tiempo. Me estaba preocupando. ―¿Pero no te preocupó lo suficiente como para ir a casa y ver cómo estaba? Ruedo mis ojos mientras él levanta su gorra de jugadores de bolos con una mano y se rasca el aplastado cabello gris con la otra. Él sabía muy bien que si yo apenas apuntaba un dedo del pie en dirección a la casa, nunca me permitirían salir. 14
  14. 14. ―Estuve ocupado visitando a tu tía Kate ―me informa―. Tu prima Tracey dio a luz un niño ayer. Él tiene mi nariz. ―Pobre chico ―bromeo, incapaz de contener una risita. ―Sí, sí, eres hilarante, lo entiendo. Le sonrío. ―¿Que ha estado pasando contigo? ―pregunta. Me quejo y lanzó mi larga cola de caballo sobre mi otro hombro. ―Rompí con Blade anoche. Él me dejó en Salsa's otra vez. Papá sacude la cabeza. ―Te dije que él era malas noticias. Ese chico no tiene respeto. Sabía que era un estúpido ingrato al momento en que puse los ojos en él. ―Pone una mano suave en la parte superior de la mía―. Él se lo pierde, cariño. Eres una buena chica y si los hijos del socio no estuvieran ya casados intercedería por ti. Me río. ―La intención es lo que cuenta. ―Miro más allá de papá y el extraño ha vuelto a la perforación del saco. Sus duros pectorales contrayéndose cada vez que entra en contacto y me imagino pasando mi lengua lentamente sobre sus pezones erectos. ¿Qué está mal conmigo? ―Oye, ¿quién es ese tipo? ―pregunto, moviendo la cabeza en su dirección. Papá se da la vuelta. ―¿El chico con los músculos? ―Él me enfrenta y yo asiento―. ¿De verdad no sabes quién es? ―¿Se supone que deba? ―Es Seth Marc. ―Jesús, incluso su nombre hace que mi interior se funda―. Se acaba de mudar a Portland desde Seattle. Es un gran luchador de las Artes Marciales Mixtas, o por lo menos lo fue. Yo arqueo una ceja. ―El tipo estuvo tan cerca de convertirse en profesional cuando cumplió los veintiuno. Participó en una competición amateur de la AMM, pero abandonó segundos antes de la pelea de campeonato. Tuvo algo que ver con un drama familiar. Su regreso ha estado en todo Internet. Suspiro. ―Honestamente, no reviso mucho Internet. 15
  15. 15. ―Sí, bueno, no distraigas al chico. Él tiene una dura competencia en el próximo torneo del que necesita un triunfo si quiere entrar en los profesionales. ―Papá apaga su caminadora―. Me tengo que ir, chica. Ya hablaremos luego. Antes de alejarse por completo, se vuelve bruscamente. ―Ven a cenar el próximo domingo. Tu mamá me está matando. Quiere verte más a menudo. Asiento. ―Veré lo que puedo hacer. Papá rueda los ojos y me permite mirar hacia Seth. Es, literalmente, sexo envuelto en la mano y de la manera en que él me sonrió quemó mi cerebro. Mirándolo ahora, con la forma en que sus cejas se juntan y sus labios apretados en una línea, nunca habría pensado que él fuera capaz de sonreír. Apago mi máquina de correr y agarro mi mochila. Ya he terminado de trabajar por el día, no es que ayudara en nada. Incluso estoy más tensa ahora de lo que estaba antes de llegar al gimnasio y tengo la extraña sensación de que la única cosa que me va a ayudar es Seth y su lengua. Exhalo, tirando de mi camisa de nuevo. ¿A quién estoy engañando? Nunca me acercaría a un tipo como él. Hay demasiado macho alfa por ahí. Exuda autoridad y agresión. Él es un león y yo soy un ratón, me tragaría por completo y no en el buen sentido. Me vuelvo hacia las duchas para mujeres, manteniendo la cabeza hacia abajo y en línea recta, hasta que una morena enérgica entra en el gimnasio y exige atención. Con su vestido de tubo estrecho y con tacones, sin duda mayor que su moral (soy consciente de que no es una forma aceptable de medición, pero me hace sentir mejor pensar eso), se pavonea directo hacia Seth. Por supuesto que él está con ella. ¿Por qué no iba a estarlo? Su cuerpo es delgado y sus tetas son grandes y falsas. Él me parece el tipo de persona que disfruta de ese tipo de cosas y ella es bonita en esa clase de falsedad. Ella está de espaldas hacia mí mientras envuelve sus largos y delgados brazos alrededor de su cuello, tirando de él hacía sí, por lo que la cabeza de él queda apoyada entre la nuca y su hombro. Desde debajo de su entrecejo, sus ojos parpadean hacia mí y… ¡Maldita sea! Estoy mirándolo fijamente de nuevo, sólo que esta vez no puedo apartar la mirada. Su oscura e hipnotizante mirada me ha atrapado. Ellos se abrazan por un momento y todo ese tiempo me mira con un brillo de complicidad, pero curioso en sus ojos. Seth se aleja de ella y cuando sus ojos finalmente me liberan, me vuelvo sobre mis talones y prácticamente corro a las duchas. 16
  16. 16. El cuarto de baño es un poco estrecho y sólo hay dos cabinas de ducha. Los otros cuatro son de regaderas a la intemperie. No soy lo suficientemente descarada para ducharme delante de otras personas, pero la anciana duchándose libremente cuando entré parecía no tener desacuerdo con que la viera desnuda. Yo, por otro lado, aprieto los ojos con fuerza y me lanzo a la cabina más cercana. El agua es agradable en mi piel. Un poco demasiado fría para mi gusto, pero necesito que lo sea. Si iba a pasar el día sin tocarme a mí misma para aliviar lo que sea que me ha enrollado más apretada que una maldita cajade-sorpresas, entonces necesito algo que me enfríe. Nunca he sido una persona sexual, pero en este momento estoy más caliente de lo que he estado en mi vida y todo es debido a un chico en el gimnasio que me miró. Cuan débil. Me gusta el sexo, pero Blade ha sido mi única pareja sexual y el sexo en realidad no es nada para presumir. Va por unos minutos y luego se acabó. La única manera que he sido capaz de alcanzar el orgasmo es si lo hago yo misma. Me seco y me meto en la ropa interior. Me pongo unas medias negras y luego mi vestido negro antes de ponerme un bonito par de calzados crema. Después de recoger mis cosas, me dirijo a los lavamanos con los espejos empañados. Incluso después de la ducha fría mis mejillas están aún un poco sonrojadas. Me froto la base para disminuir el tono rosado y funciona hasta cierto punto. Después de aplicar un poco de sutil maquillaje en los ojos, me recojo el largo y húmedo cabello en un moño improvisado. Es un poco complicado, pero parece deliberado y realmente no puedo molestarme en arreglarlo. Saco mi teléfono celular y lanzo mi bolso sobre mi hombro. La anciana aún está descaradamente duchándose cuando salgo de la habitación y, mientras me paseo por el pasillo, enciendo mi teléfono e inmediatamente me bombardea con mensajes de texto y mensajes de voz de Blade, mi mamá y mi mejor amiga Selena. DE: SELENA 12:00 a.m. ¿Por qué me está llamando Blade sin parar? Por favor, dime que es verdad y has tirado su arrogante culo. DE: SELENA 12:15 a.m. ¡Contéstame maldita sea! 17
  17. 17. No sé si debería abrir el champán o no. ¡El suspenso me está matando! DE: SELENA 12:30 a.m. Abrí el champán de todos modos. Reír para mí misma. Selena siempre está buscando una excusa para beber alcohol. Creo que ya ha tenido tres cumpleaños este año a causa de eso. Le respondo. A: SELENA 8:15 A.M. Síp, todo ha acabado entre nosotros. El hijo de puta me dejó… ―Unf. ―Gruño cuando camino contra un cuerpo duro. Mi teléfono se desliza de mis manos y golpea el suelo. Afortunadamente, la pantalla permanece libre de grietas―. Lo siento. ―Me quejo, arrodillándome para recoger mi teléfono. Lo tomo del suelo y luego me congelo. Mi mano se aprieta convulsivamente alrededor del dispositivo cuando me doy cuenta de que la persona que está delante de mí es el que llevaba un par de pantalones de cordón negro. Lentamente, mis ojos viajan por su cuerpo. No, no, no, no. Por favor, Dios deja que sea alguien más excepto él. Mi mirada se encuentra con su fuerte y sudoroso pecho y luego se disparan rápidamente hasta un par de ojos de chocolate que tienen pequeños surcos de oro miel que se ramifican a lo largo de ellos. Trago fuertemente. Está a centímetros de mí, de pie tan inmóvil como la piedra y la mirada fija en mí. Siento que mis rodillas comienzan a temblar mientras escudriño tímidamente hacia él entre mis pestañas oscuras. Extiende una mano de dedos largos hacia mí y la tomo instantáneamente. ―¿Te puse mojada? ―pregunta él con una voz que es tan pecaminosamente profunda que tengo inmediatamente un escalofrío bajando por mi columna. Me ayuda a levantarme, pero no me suelta la mano. Su piel está caliente y mi sangre hierve a fuego lento como resultado. Hundo mis dientes en mi labio inferior, mientras un rubor delator aparece en mis mejillas. ―¿Qué? 18
  18. 18. ―¿Te puse mojada? ―repite esta vez más despacio, enfatizando cada palabra―. Estoy cubierto de sudor. ―Oh, correcto. ―Le echo un vistazo a mi vestido. Hay algunas manchas de humedad que son más negras que el resto, pero nada demasiado serio o grave. Ni siquiera creo que la palabra grave pueda ser utilizar en una oración con este hombre―. No mucho. ―¿Cuál es tu nombre? ―pregunta, inclinándose más cerca de mí. ―Olivia. La boca de Seth se moldea en una sonrisa impresionante y fracaso en arrancar mis ojos de los suyos mientras arrastra mi mano a su boca y suavemente coloca sus labios sobre mis nudillos. Jadeo ya que tira de mí acercándome. Mi mano libre vuela y se apoya contra su duro pecho en un intento de detenerme de presionarme completamente contra él. Pura lujuria candente desgarra mi cuerpo y se derrama sobre todos los órganos y todos los huesos antes de establecerse entre mis muslos. Nuestros cuerpos están tan cerca y me quedó mirando fijamente en sus oscuros ojos, completamente desarmada y confundida. ¿Estoy soñando? Puedo sentir el calor de su cuerpo irradiar hacia mí, entrando en mí. Miro más allá de él y la morena, su novia, nos está frunciendo el ceño. Tomo una profunda respiración controlada antes de tirar de mi mano. Si mi mano tuviera una mente propia, sin duda, me habría abofeteado. Parece divertido por la manera en que lo contemplo y se muerde los labios conteniendo una sonrisa. ―Si me disculpas ―digo, dejando caer el contacto visual―. Se me está haciendo tarde para el trabajo. ¡Maldita sea! Si no tuviera que trabajar, me gustaría permanecer en el gimnasio todo el día. Doy un paso por delante de él y mantengo mi cabeza hacia abajo mientras paso a su novia. Detrás de mí, la enojada voz de la morena divaga sobre cuán irrespetuoso es con ella y creo que lo escucho soltando una risita. Sin mirar sobre mi hombro, huyo del gimnasio. 19
  19. 19. 3 Me siento en el trabajo escribiendo nombres y tomando llamadas. Me esfuerzo duro para concentrarme en las tareas a mano, pero no puedo dejar de pensar en Seth, o en su cuerpo. O su cabello negro. O la forma en que sus labios se sintieron en mi mano. O sus ojos oscuros. Aprieto mis muslos más fuerte y, de repente, tengo un deseo insaciable por chocolate y miel. Sacudo la cabeza. Debajo de mi extraño y abrupto deseo por Seth, el desconocido del gimnasio, hay un sentimiento de culpa que gira alrededor de mi estómago como si hubiera hecho algo malo. Rompí con Blade anoche entonces técnicamente soy una mujer soltera… así que, ¿por qué me siento tan sucia? Me gusta trabajar como recepcionista, pero he estado mirando alrededor de la misma sala de espera espaciosa y estéril por los últimos dos años y parece que no puedo encontrar la motivación suficiente para renunciar. Espero que algún día pueda hacer algo realmente diferente con mi vida como convertirme en escritora o dirigir películas. Siempre he querido ser capaz de contar una historia de alguna manera. La escritura parece más factible y, si tuviera opción, me gustaría ser una famosa escritora de romances. Hay algo acerca de un sano final feliz y de amor que me inspira. Por supuesto, mi madre no considera la escritura como una carrera real, ni tampoco Blade. “Escribir es una carrera sin salida. Te quedarás sin historias irreales eventualmente. Conviértete en terapeuta o psicóloga, entonces siempre estarás ocupada. La gente tiene interminables problemas que quieren discutir todo el tiempo”, diría mamá. Al menos tenía un punto, no es que estoy de acuerdo con él. Blade decía cosas como: “La gente ya no lee”, o “Eso apesta”. ¿Desde cuándo leer apesta? ¿Quién dice eso? Si yo gobernara el mundo, las personas que no leyeran serían las primeras en irse. Boom. Los sacaría de su miseria. Paso una hoja de papel a través de la trituradora y mi mente vuelve a caer en Seth Marc. Aún siento sus manos sobre mi piel y sus labios sobre mis nudillos. Nunca he sido tan cautivada por el sexo opuesto antes. Estoy un poco enojada porque él coqueteara abiertamente conmigo cuando su novia estaba en el mismo edificio. Eso no está bien y me odio por ser débil. Nunca quise ser la chica con la que un chico engaña porque sé lo que se siente al ser engañada y eso apesta. Sin embargo puedo fantasear y mirarlo de forma 20
  20. 20. pervertida en el gimnasio, ¿no? Quiero decir, ¿qué hay de malo en eso? La forma en que me observó con esa mirada sin complejos que me hace sentir mareada e inconscientemente aprieto mis muslos. Él es sin duda el tipo de hombre sobre el que las madres advierten a sus hijas; el tipo que rompe corazones y deja una larga lista de ellos a sus espaldas. Curiosamente, no parece el tipo de persona que puedes evitar. Imagino que sería implacable en búsqueda de lo que quiere. ¿A quién estoy engañando? No hay manera de que me quiera a mí. Tengo una imaginación demasiado activa… tal vez eso es lo que es. Golpeo mi pluma contra el escritorio a un ritmo desigual. Pero sí me atrajo hacia él… Una mujer delante de mí se aclara la garganta, exigiendo mi atención, pero sigo mirando a través ella, imaginando todas las cosas enfermas y sexy que dejaría que Seth me hiciera. ―¿Disculpa? ―pregunta ella. Su tono de voz es grueso y con actitud snob. Su arrugado rostro envejecido aparece enfocado y estoy mirando sus labios color cereza que están fruncidos en una línea molesta. Su cabello blanco se sienta en la parte superior de su cabeza, como si fuera un caniche. Sí, me recuerda a un caniche. Preparo mis dedos en el teclado desgastado. ―Nombre, ¿por favor? ―Miriam Matthews. ―Escribo mientras habla. Tildo su nombre como asistida y le digo que tome asiento. Con una exhalación frustrada, se aleja pavoneándose. Su vestido es de color rojo cereza, al igual que sus labios, y es apretado, forzando a sus gigantescas tetas falsas a estar tan altas como les es posible. Me pregunto si viene aquí a hablar de su incapacidad para soltar su juventud. Sonrío para mis adentros. Tratar de leer a la gente sin siquiera conocerlos es una costumbre mía. Frunzo el ceño. No pude conseguir una lectura completa de Seth. Era difícil y eso me molesta. Con la anciana, por otra parte, creo que tengo una idea bastante buena de lo que de ella se trata. Miro por encima de mi escritorio a la mujer y a juzgar por la forma en que se sienta con las piernas cruzadas con fuerza mientras inconscientemente golpea su hermoso dedo cuidado en su reloj igualmente hermoso de diamantes, me dice que es impaciente. Eso no es demasiado sorprendente teniendo en cuenta lo ocupado que está todo el mundo en estos días. El par de tetas falsas duras como roca y sin vida que sobresalen de su vestido me hacen volver a mi punto sobre su incapacidad dejar ir su juventud. Echo un vistazo a sus manos. Hay una línea de bronceado en su dedo anular y voy a asumir que es recientemente viuda del último de sus cinco maridos. Miro la pantalla de mi ordenador y hago clic en 21
  21. 21. su archivo. Casi cerca. Ha tenido tres cambios de nombre en los últimos dos años. Hago clic en “John Matthews” el nombre que está vinculado a su cuenta. Una gran marca de agua color roja que dice “FALLECIDO” atraviesa su archivo. A veces, soy demasiado buena en lo que hago. ―¿No estás violando algún tipo de ley de confidencialidad médicobarra-paciente? ―Salto y apago el monitor cuando Selena se desliza en mi escritorio. ―Jesús ―respiro―. Me asustaste como la mierda. Selena se ríe y me da un codazo, recibiendo algunos ceños fruncidos de los pacientes en la sala de espera. Presiono mi dedo contra mis labios. ―Shsh, este es mi trabajo, ¿recuerdas? ¿Qué estás haciendo aquí? Ella gira sus suaves rizos rubios para que cuelguen sobre su hombro y se inclina más hacia mí. El olor a cigarrillo en su aliento me da náuseas. Ligeramente, la empujo hacia atrás. ―Tu aliento huele a humo. Es repugnante. ―Ups. ―Toma un trozo de goma de mascar de un bolsillo oculto en su bolso―. Lo siento. ―Mete la goma en su boca, arruga la envoltura y la lanza a la papelera, fallando terriblemente. ―¿Qué estás haciendo aquí? ―pregunto de nuevo mientras se aplica brillo labial en sus labios regordetes. ―Pensé en venir a verte. No has respondido a ninguno de mis textos. ―Se desliza fuera de su abrigo color beige y lo mete debajo de ella―. Estaba preocupada. Casi esperaba encontrarte muerta en alguna parte. ―Oh, claro. ―Después de literalmente chocar contra Seth en el gimnasio, me olvidé por completo de responder el texto de Selena―. Apagué mi teléfono anoche y luego esta mañana quedé un poco atrapada en el gimnasio de mi padre. Ella pone los ojos en blanco. ―Aburrido. De todos modos, ¿realmente rompiste con Blade? Asiento. ―Síp. ―¿Y no hay forma de que vuelvas con él? ―No. No esta vez. 22
  22. 22. Ignorando el hecho de que estamos en un lugar tranquilo, Selena chilla como una pre-adolescente que acaba de ganar entradas para el backstage 2 de un concierto de Justin Bieber. De su bolso saca una mini caja con botellas de vino en tamaño bebé. Los pacientes se estremecen con su voz aguda; sólo algunos disfrutan de una rubia delgada bailando sin música y tomando vino de un trago. La puerta más cercana a mi escritorio de recepción se abre bruscamente y Mason Peterson, mi jefe, sale enfurecido de su oficina. Su traje gris se aferra a su cuerpo increíblemente apretado. Está en buena forma para alguien tan viejo como lo es él, de unos cuarenta años, tal vez. Tiene una cara bonita, también. Su cabello es color oro, como pan horneado y sus ojos son de un azul sorprendente. Movió su negocio a Portland, Maine, desde Seattle hace cuatro años, debido a un divorcio abrupto. A mi lado Selena deja de bailar y yo dejo caer mis ojos a la pantalla en blanco, moviendo los dedos sobre el teclado, fingiendo escribir. ―¿Qué está pasando aquí, Olivia? ―pregunta con severidad. Mason es un jefe impresionante. Me deja librarme con un montón de cosas con las que la mayoría de los jefes despediría a sus empleados y ocasionalmente abuso de ello. ―No tengo idea de quién es esta chica ―digo―. Ella debe ser una paciente de aquí. Tomo el teléfono. ―Hola, Guyers y Peterson Psicología; soy Olivia. Mason exhala, colocando firmemente sus manos en sus caderas. Sus ojos azules se estrechan sobre mí y la decepción es evidente en su rostro. ―Olivia, no soy idiota. Sé que el teléfono no sonó y Selena, no está permitido beber aquí. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir? Aprieto mis labios con fuerza para evitar reírme. No ayudó nada. La risa que estoy intentando frenar termina saliendo por mi nariz. Maldita sea, Selena. Ella sabe exactamente cómo hacerme volver a mi viejo yo de la secundaria. ―Vamos chicas. ¿Cuántas advertencias tengo que darles? ―Lo siento, Mason ―me disculpo, secándome las lágrimas de risa de mis ojos y manchando mi máscara ligeramente―. No tenía idea de Selena iba a venir hoy. Acaba de aparecer. ―Sí, está bien. ―Él no me cree. ―Olivia rompió con Blade anoche. 2 Backstage: Detrás del escenario. 23
  23. 23. Vaya, al parecer esa es información que todo el mundo debe saber. Le lanzo a Selena una mirada enojada y ella se encoge de hombros. Selena tiene la costumbre de vociferarle a la gente que no quiero que conozca mis cosas. Mason es un buen jefe, pero también es persistente. He perdido la cuenta del número de veces que me ha invitado a salir a cenar. ―Ya era hora ―suspira Mason―. Ese tipo era un idiota. ¿Cómo lo llevas? Me encojo de hombros. ―Sorprendentemente bien, en realidad. ―Salí de la cama, así que es un comienzo. ―Bien. ―Saca su celular del bolsillo de atrás y marca un número―. ¿Sally? Hola, soy Mason. Sí. ¿Puedes venir hoy? Olivia no se siente bien. Está bien, genial. Nos vemos pronto. Lo miro con la boca y los ojos muy abiertos. ―¿Qué estás haciendo? ―Te voy a dar tiempo para que te relajes. Puedes volver en dos días. Selena salta con entusiasmo, pero cruzo los brazos sobre mi pecho. No me gusta la gente que me hace favores, sobre todo la gente que espera cosas a cambio. 24 ―Es innecesario. ―Está sucediendo, ahora sal de aquí antes de que me cuestes más clientes. Llego debajo de mi silla, agarro mi bolso y me alejo del escritorio. No voy a quejarme por un día libre. Dios sabe que necesito uno. Selena agarra su abrigo, engancha su brazo alrededor de mi codo y me tira hacia la puerta. Miro hacia atrás a Mason que se posiciona detrás del escritorio. Enciende el monitor y el archivo personal de John Matthew se abre justo donde lo dejé. Mason me dispara una mirada molesta. Me encojo de hombros y empujo la puerta antes de que cambie de opinión acerca de dejar que me vaya. * * * Selena y yo entramos en un pequeño restaurante especializado en carnes. Ella luchó con uñas y dientes por comida mexicana, pero creo que he dejado bastante claro que no quiero volver a comer eso de nuevo. Nunca.
  24. 24. Nos sentamos junto a una ventana que muestra un no tan hermoso paisaje del estacionamiento y la plena carretera. ―Estoy harta de vivir en este lugar ―gime Selena, asimilando el estacionamiento. ―Puedes decir eso otra vez. Saca un pequeño vino de su bolso y me lo da. Para evitar el inevitable discurso que viene con negarle alcohol, lo agarro. ―Lo siento chicas ―dice una camarera de mediana edad mientras se acerca a nosotras, sacando un lápiz de detrás de su oreja―. No pueden traer su propia bebida. Tienen que comprar el alcohol aquí. Selena toma mi vino de nuevo y lo mete en su bolsa, a la vez que sonríe dulcemente a la mujer. ―Está bien, más para mí, para más tarde. Me río de ella mientras pide una jarra de cerveza y papas fritas con queso. Yo, por el contrario, pido una hamburguesa de pollo y una guarnición de patatas fritas. Mi estómago gruñe mientras esperamos por nuestra comida. No comí antes de salir de casa esta mañana, la cosa no más inteligente teniendo en cuenta que iba a entrenar. La boca se me hace agua mientras observo camareros y camareras llevando comida a otros clientes. Sólo para tener algo en mi estómago doy unos tragos a mi cerveza. Me estremezco y hago un sonido extraño con la base de mi garganta cuando trago el asqueroso líquido. No me gusta la cerveza y, como resultado, de repente siento náuseas. ―Entonces ―comienza Selena, haciendo caso omiso de mi reacción a la cerveza―. ¿Qué te hizo decidir finalmente que has tenido suficiente de la mierda de Blade? Sinceramente, no tengo ni idea de por dónde empezar. ―Bueno, me dejó en Salsa’s de nuevo para ir a pasar el rato con “sus chicos” y cuando lo llamé otra chica respondió su teléfono. ―Selena pone los ojos en blanco, sin sorprenderse―. Me di cuenta de que probablemente iba a ser así durante el resto de mi vida y eso es todo lo contrario de lo que quiero y lo que merezco. ―Por supuesto. ¡Si yo fuera hombre, te trataría bien! Sonrío. ―Gracias, Sel. 25
  25. 25. Segundos más tarde, la camarera trae la comida y Selena se sumerge con avidez en sus patatas con queso. Para una chica tan delgada y en forma, come y bebe demasiada mierda. Estoy bastante en forma y la mayoría de los días como bien, pero eso no adelgazaba las curvas de mi cuerpo. No importa cuánto lo intentara, las caderas querían quedarse. Tristemente, no hay ejercicios para adelgazar tus huesos. Selena se anima, como si acabara de tener una idea genial. ―¿Quieres salir esta noche? ―No ―respondo de inmediato. Odio los clubes. Odio a los clubes más que a los tramposos. Los clubes me ponen nerviosa. Ser molida por un montón de viles tipos al azar y que ellos lancen su aliento a alcohol/cigarrillos sobre ti es repugnante. ―Oh, vamos, O. Nunca sales conmigo. Ya no tienes más a Blade, vive un poco. Lanzo algunas papas en mi boca y hablo con ella a través del puré de patatas. ―No se trata de eso. Odio los clubes y lo sabes. Ella hace pucheros con sus labios y noto un salpicón de sal a través de ellos. ―No me hagas ir sola. ―Selena, ya has comenzado a beber y son apenas las once de la mañana. Tú y yo sabemos que estarás fuera de combate para las cuatro de esta tarde. ―Está bien, voy a hacer un trato contigo. ―Hace una pausa, agarra su cerveza y se toma el resto antes de dejar el vaso vacío de nuevo sobre la mesa―. Si dejo de beber ahora, saldrás conmigo esta noche. Piensa en mi hígado. Si dices que no, voy a tener que golpearlo con el resto de esa jarra de cerveza, pero si dices que sí no voy a tocar una gota hasta esta noche. Suspirando, pongo un trozo de lechuga en mi boca. ―Está bien, saldré contigo, pero no quiero ir a Heaven’s. Blade siempre va allí. Heaven’s es la discoteca más grande de nuestra ciudad y la odio. El tintineo de la campana conectada a la puerta delantera suena, sacándome de mi tren de pensamientos y miro como un grupo de chicos alborotados entran. Selena endereza su espalda y se da vuelta en la silla para 26
  26. 26. poder ver al grupo. Ama a los chicos casi tanto como a la bebida, aunque por lo general vienen de la mano. ―Yum, mira qué altos son. ―Prácticamente puedo oír su boca llenándose de baba. Mientras no está mirando tomo una fritura de queso de su plato y la meto en mi boca. ―Sí ―estoy de acuerdo, sin mirar en su dirección. Estoy decepcionada. En realidad no es una fritura de queso… Es sólo un grueso corte de papa con un poco de rara salsa de queso. Selena se vuelve hacia mí. ―¿Siquiera estás mirando? ―No. Ella se acerca más. ―Oh, deja de ser una lesbiana y mira como pervertida a los chicos que acaban de entrar. Empiezas a preocuparme. Rápidamente, miro hacia ellos y luego de vuelta a mi plato sólo para mantenerla feliz. ―Eso no cuenta ―espeta en voz baja―. Hazlo de nuevo. Y, de hecho, mira como si lo apreciaras esta vez. Exhalo y miro al grupo de muchachos que se sientan unos puestos más allá de nosotras. Dos de ellos tienen sus espaldas hacia mí, así que no puedo comentar sobre sus rostros. Uno lleva una sudadera azul con capucha y tiene hombros amplios y anchos. El otro es un poco más pequeño, con una camisa negra ajustada y una gorra roja. Mirando más allá de ellos veo a los dos chicos enfrente a mi dirección. No son nada especial, y uno tiene un molesto bigote. ―¿No son calientes? ―jadea, pateando mi espinilla un poco demasiado fuerte y haciéndome estremecer. ―Por supuesto ―gruño con los dientes apretados. Cuando el dolor desaparece, continúo―: Quiero decir, no son feos. Selena se ríe un poco demasiado alto y dos pares de ojos caen sobre mí. Mis mejillas al instante se vuelven de color rosa. ―¿Están mirando? ―pregunta ella, susurrando. No queriendo provocarla, miento: ―No. 27
  27. 27. Dejo caer mi mirada de nuevo a mi hamburguesa y la levanto para tomar un bocado. Todos los sabores del pollo y la salsa inundan mi boca: tomate, alioli, condimento de salmuera, casi gimo en voz alta. Es así de increíble. ―Voy a ir allí. ―Se vuelve para deslizarse fuera de la cabina y yo dejo caer la hamburguesa en el plato cuando alcanzo su brazo. Me las arreglé para engancharla, obligándola a quedarse. Me trago lo que llena mi boca. ―No seas idiota. Hay cuatro. Ella me guiña el ojo. ―Cuantos más, mejor. Selena se encoge de hombros fuera de mi alcance, y endereza su corto vestido gris. Ahueca su cabello largo y se vuelve hacia mí. ―¿Cómo me veo? Pongo los ojos en blanco, sabiendo muy bien que ya he perdido. ―Ve por ellos. No hay razón para que no se interesen por Selena. Ella es perfecta. Se pavonea hacia ellos y yo saco Expiación de Ian McEwan de mi bolso. Cuando Selena “habla” con chicos, nunca es una cosa de cinco minutos. Se tarda todo el tiempo que puede y por suerte he venido preparada. No estoy muy adelantada, pero si es algo como la película, me encantará. Risitas tiran mi mirada de nuevo hacia el grupo. Le han hecho espacio para que se sentara con ellos, ella me mira y yo le arrugo la nariz. Está sin duda en su elemento. Su hermosa sonrisa, de labios rosados está en su lugar y para mi sorpresa, ella señala con un delgado dedo índice en mi dirección. Niego hacia ella mientras mi estómago se agita dolorosamente. El chico de espaldas a mí, el de la sudadera con capucha, coloca su brazo sobre el respaldo de la silla y pone sus ojos oscuros en mí. Yo tomo aire mientras la sangre se drena de mi cara. Me quedo mirando fijamente la sonrisa con exceso de confianza y el familiar par de iris chocolate. Seth-jodido-Marc. 28
  28. 28. 4 Abro mi libro y lo levanto para cubrir mi cara ardiente. Mis mejillas son de color rojo brillante, puedo sentirlo. Seth es intimidante con su marco ancho, físico ideal y rostro molestamente hermoso. Por favor, por el amor de Dios, no dejes que me recuerde. No hubo suerte. Dos largos dedos callosos se curvan en la parte superior de mi libro y lo sacan de mis manos. Lo primero que noto es un par de holgados jeans azul marino y una sudadera azul que estaba por encima de su cabello negro. La cremallera está abierta, apoyada en su duro torso y exponiendo una franja de su deliciosa y desnuda sección media. Me aclaro la garganta con nerviosismo mientras mis ojos se encajan en los suyos y me esfuerzo al máximo absoluto por mantener mis ojos en él y no en la increíblemente dura, e increíblemente tentadora franja de carne. ―¿Hay lugar para uno más? Abro la boca para decirle que está tomado, pero se deja caer en el asiento frente a mí de todos modos, colocando mi libro sobre la mesa. Un palillo de dientes cuelga de su tentadora boca y nunca he querido tanto ser un objeto inanimado en mi vida. Seth empuja las papas fritas de Selena fuera del camino y me inclino ligeramente para mirar más allá de él. Me encuentro con los ojos verdes de Selena. Ella sonríe, y me da los pulgares para arriba. Lucho con el impulso de fruncirle el ceño y dirijo mi atención a Seth que me está mirando, fijamente. Él tiene el mismo brillo en sus ojos que me deshizo en el gimnasio esta mañana. Su dedo índice golpea la mesa y mi centro caliente late cada vez que su dedo golpea contra la madera. Él no dice nada, pero puedo sentir sus ojos penetrando mi ropa y lamiéndome por todos lados. Tomo una inhalación profunda por la nariz en un intento por controlarme. ―Soy Seth, por cierto ―dice, sacando el palillo de su boca. ―Sé quién eres. ―Me estremezco interiormente. No quería que mi voz saliera tan groseramente. 29
  29. 29. Gira su cabeza en ángulo hacia un lado como si estuviera estudiándome detenidamente y la comisura de su boca se convierte en una sonrisa. ―¿Es aquí donde trabajas? ―No, yo, eh, yo trabajo como recepcionista de un psicólogo. ―Bajo la mesa, juego con mis dedos. Estoy muy nerviosa y no tengo ni idea de cómo manejar esta situación―. Estoy aquí para almorzar con mi amiga. ―Asiento hacia Selena con sus amigos en la cabina, pero no gira para mirar. Sus piernas rozan contra la mía, enviando una ola de electricidad a través de mi cuerpo y me aparto. Si se tratara de cualquier otra persona, me hubiera ido ya, pero con Seth… Parece que no puedo reunir el valor para alejarme. El placer llamea en las oscuras profundidades de sus ojos y me pregunto si voy por el mal camino. Él parece estar atraído por la manera en que yo lo considero. El problema es, que no sé de qué otra manera tratarlo. Es sexy como el infierno y por un lado no quiero nada más que él rasgue mis ropas, pero por otro, me niego a ser esa clase de chica por no mencionar el hecho de que tiene novia. ―Si no te conociera mejor, Olivia, diría que te repugno. Siento que mis labios forman una fina línea y pienso con cuidado acerca de mi respuesta. ―No me repugnas. Simplemente no soy esa clase de chica. Seth empuja la capucha fuera de su cabeza, dejando al descubierto su sexy cabello oscuro y se inclina hacia adelante sobre la mesa con los codos. Su cabello es corto, pero desordenado y mi dedos se contraen con el impulso de correr mis manos a través de él. ―¿Y qué clase de chica es esa? ―pregunta con una voz que es tan dura que hace vibrar todas mis partes sensibles. Me encojo de hombros. ―El tipo que coquetea con un chico que tiene novia… Sorprendentemente, la sorpresa no se registra en su rostro. En cambio, sonríe una sonrisa completa que expone sus perfectos dientes blancos y puedo sentirme con el ceño fruncido. Se recuesta contra la cabina y los brazos de su sudadera se aprietan cuando cruza sus brazos gruesos y fuertes. ―¿Quién? ―La guapa morena con las grandes tetas falsas… 30
  30. 30. Mira mi pecho antes de mirar de nuevo mi cara, sonriendo sin pedir disculpas. Mi ceño fruncido se profundiza porque a él no parece importarle que lo haya visto hacerlo. ―No tengo novias. Sus palabras desinflan un globo en el pecho que ni siquiera sabía que existía y miro por la ventana hacia el estacionamiento. ―Tengo chicas con las que me acuesto, pero ese es su alcance. Arrastro mi mirada hacia el rostro de Seth, mis cejas se juntan. ―Así que, ¿eres soltero? Se encoge de hombros. ―Prefiero el término libre. Libre Me gusta eso. Desde anoche, soy libre también y mi Dios es refrescante. Meto una papa en mi boca y miro torpemente alrededor del restaurante. Me siento tan fuera de lugar teniendo a este gran hombre sexy hablando conmigo. ―Ahora que hemos aclarado la cuestión de la novia. ―Su pierna se inclina contra la mía y mete el palillo de nuevo en su boca. Lo mueve sutilmente por el húmedo labio inferior un par de veces, su lengua apenas se ve detrás de sus flexibles labios―. ¿Qué hacemos ahora? Su tono implica muchas cosas, pero no tengo ni idea de lo que realmente quiere decir. Lo observo mientras está sentado delante de mí con sus hombros anchos y un fragmento de su tatuaje en el pecho se asoma por debajo de su chaqueta. Sus ojos se caen de los míos y se quedan fijamente en mis labios. El brillo juguetón que tenían hace unos momentos desapareció, y parecen estar ardiendo, a fuego lento, oscuramente hacia mí desde el otro lado de la mesa. Abro la boca dispuesta a obedecer con lo que sea que él quiera hacer, hasta que Selena se aclara la garganta, trayéndome de vuelta a mis sentidos. Incluso si está “libre” no soy el tipo de chica que tiene sexo con alguien a quien apenas conoce… o por lo menos creo que no lo soy. Seth se lame los labios en señal de frustración antes de volver su atención a Selena. Veo el pecho de ella subir y bajar rápidamente bajo su mirada. Por lo menos no soy la única afectada por su presencia. ―O ―dice, volviendo sus ojos hacia mí―. Nos tenemos que ir. Ella está agitada. Puedo decirlo por la forma en que se frota los dedos contra los costados y hace una mueca con sus labios rosados. Me pregunto lo que le dijeron esos chicos. ―Lo siento ―le digo a él por segunda vez en el día―. Me tengo que ir. 31
  31. 31. Me estiro a través de la mesa y agarro mi libro antes de deslizarlo de nuevo en mi bolso. Miro mi plato. Sólo pude tomar un bocado de mi hamburguesa y todavía tengo hambre. Arrastro los pies para salir de la cabina, manteniendo los ojos en la mesa. Cuando me alejo de la cabina todavía siento sus ojos en mí… analizándome. ―Te veré por ahí ―dice. Echo un vistazo por encima de mi hombro y le doy una ligera sonrisa. Sus palabras me emocionan porque suenan casi como una garantía. Selena tiene un firme agarre sobre mi antebrazo mientras me arrastra fuera del restaurante. Antes de que saliéramos se voltea hacia el grupo de los chicos y ellos se ríen ruidosamente. Cuando estamos afuera y fuera del alcance del oído le pregunto qué pasó. ―Son groseros ―dice con sencillez. No presiono el botón de desbloqueo en mis llaves y ella se pone de pie en la puerta del pasajero esperando impacientemente para que la desbloquee. ―¿Por qué son groseros? ―Pensaron que era una prostituta y querían pagar por mamadas en el baño. La forma en que sus cejas se juntan, formando una pequeña arruga en el puente de la nariz me hace estallar en carcajadas. Apoyo mi espalda contra el auto, apuntalando todo mi peso sobre ella mientras mi estómago comienza a arder. ―No es gracioso ―gime Selena. Lágrimas exprimen su camino por el rabillo de mis ojos. ―No me estoy riendo por lo que dijeron. ―Me las arreglo para decir entre respiraciones profundas de aire―. ¡Me río porque te ves tan disgustada! ―Estoy disgustada. ―El viento sopla un rizo suave y rubio en su rostro y lo aparta de un golpe―. ¿Puedes desbloquear el maldito auto de Dios para que podamos salir de aquí? Al pulsar el botón, ella no pierde tiempo en saltar dentro del auto. Aspiro un par de veces antes de abrir mi puerta y deslizarme detrás del volante. ―Oh, mierda ―maldice Selena, dejando caer su rostro entre sus manos. 32
  32. 32. ―¿Qué? ―pregunto mientras mi pecho hipa con una risita restante. ―Dejé mi bolso adentro. ―Bueno, no voy a volver a buscarlo. ―De ninguna manera. Selena se vuelve en su asiento por lo que la mayor parte de su cuerpo está frente a mí. Sus grandes ojos verdes tienen un brillo suplicante mientras presiona sus palmas juntas. ―¡Por favor, O! Por favor, no me hagas volver allí. Ya estoy lo suficientemente avergonzada así como está. ―¿Te parece que estoy ansiosa por volver ahí? ―Deberías. Tu chico era una total ricura y le gustabas mucho. No, a él le gustaba el hecho de que tengo una vagina, no yo como persona. Aprieto el volante. ―Él no es mi chico. ―Es lo único que logro decir. ―Sólo hazlo por mí y no tendremos que ir al club esta noche. Nosotras… Antes de que termine su oración estoy fuera del auto y marchando de nuevo hacia el restaurante. Haría cualquier cosa por evitar ir de clubes. Abro la puerta y suena la campana. Me permito una profunda e irregular respiración antes de levantar la mirada del suelo. Varios pares de ojos parpadean hacia mí, pero el único par que veo son los marrones conectados a un rostro muy hermoso. Mi boca se seca al instante y me odio por ello. Él está apoyado en la parte posterior de la cabina de sus amigos con el bolso de Selena escondido muy bien bajo su brazo. Tiene las manos metidas en los bolsillos de sus vaqueros y por dentro, me sacudo la cabeza a mí misma. Realmente necesito comportarme como hombre. Odio sentirme tan pequeña y vulnerable frente a él, frente a un extraño. Me obligo a caminar hacia él, sosteniendo mi mano hacia la bolsa de Selena. Mira mi palma con una sonrisa, que es más como la contracción de la esquina del labio, pero aun así quiero chupárselo de la cara. Me aclaro la garganta. ―¿Puedo tener el bolso de mi amiga, por favor? Sorprendentemente, él me lo da sin decir nada y lo tomo. Rápidamente, me vuelvo sobre mis talones y me dirijo hacia la puerta, pero antes de hacer eso, su amigo me llama. ―¡Oye, tú! 33
  33. 33. Dejo escapar una exhalación lenta y me giro, forzando mi sonrisa más cortés. El tipo con el asqueroso bigote me sonríe, dejando al descubierto sus dientes. ―¿Sí? ―Dile que le vamos a pagar extra si vuelve y le agregaré el doble si esos labios carnosos y rosados tuyos están dispuestos a participar. ―Él me sonríe como sí que yo estuviera en el precio fuera correcto y acabara de recibir un acuerdo impresionante. Parpadeo hacia él, repetidamente. Qué. Cretino. El hombre de la gorra roja mira sobre su hombro y me sacude la cabeza, avergonzado por el comportamiento de su amigo. Miro a Seth y su expresión divertida se convierte en asesina mientras se vuelve a su amigo. ―Muestra un poco de maldito respeto ―exige con una voz que es baja y agresiva, sorprendiéndome. La cara de bigote se desploma un poco en su asiento y cuando sus ojos color avellana caen de nuevo en mí, vuelvo la atención a Seth. ―Gracias, pero puedo defenderme. Salgo como una fiera del restaurante y no escucho que la puerta se cierre detrás de mí cuando bajo por la pequeña escalera de hormigón. El temor se escurre a través de mi estómago porque sé que él está detrás de mí. ―¡Olivia! ―llama Seth, obligándome a caminar más despacio. Me giro para enfrentarlo―. Lo siento por mis amigos. Tienden a ser un poco… estúpidos, en presencia de mujeres hermosas. Mi estómago revolotea y mi vista cae al soso hormigón por una fracción de segundo. Nunca hubiera esperado que me considerara como una “mujer hermosa”. ―No es tu culpa. No podemos controlar la estupidez de nuestros amigos, no importa lo mucho que queramos ―digo con una sonrisa―. Nos vemos. Alejarme de él es difícil, pero me las arreglo muy bien. Me aseguro de mantener mi mirada baja mientras me subo al auto y tiro la bolsa de Selena en su regazo. Ella me mira cuando salgo en reversa del estacionamiento hacia la carretera. Pretendo no notar su mirada fija en mí, pero lo hago y me está volviendo loca. ―¿Hola? La miro brevemente. 34
  34. 34. ―¿Qué? ―Um, un bombón te persigue desde el restaurante y no me dices nada. Me encojo de hombros. ―No hay nada que decir. Él tenía tu bolso y yo lo recuperé. Él me siguió hasta el estacionamiento para disculparse por la actitud de su amigo. Ella aprieta su mano sobre su pecho. ―Qué amor. ¿Te estás viendo con él? Me burlo y tal vez empujo un poco demasiado fuerte el acelerador. ―¿Qué? No, nos conocimos brevemente en el gimnasio esta mañana y… ―¡Cállate! ―chilla―. ¿Él es lo que te hizo olvidar responderme el mensaje de texto? ¿Lo hicieron, tú sabes? ―¿Tú sabes? ¿Qué edad tenemos, doce? Ella estalla en un ataque de risa y siento mis mejillas ardiendo. ―No, no lo hice. No soy tú. Selena no tiene el libro de registro de relaciones sexuales más corto o más limpio y ella lo sabe. Selena levanta las manos, en señal de derrota. ―Está bien, está bien, pero si lo haces, será mejor que me lo cuentes. Pongo los ojos en blanco. 35 ―Lo que sea. * * * Después del restaurante Selena y yo nos quedamos en mi casa por el resto del día. No hicimos mucho. Me ayudó a limpiar y preparar la cena y luego nos fuimos a la tienda a comprar bocadillos para nuestra noche de películas. Cuando regresamos a casa, extrañamente no podía dejar de pensar en Blade. Desplazo su nombre en mi lista de contactos y lo miro fijamente. ―Tal vez debería llamarlo… ―le digo a Selena mientras pone el pollo en la parrilla portátil. ―¿Llamar a quién? ―A Blade. Deja de hacer lo que está haciendo y me enfrenta. Sin previo aviso, su mano golpea firmemente mi mejilla, lanzando mi cabeza hacia un lado. Mi piel quema y la ira hormiguea a través de mi carne.
  35. 35. ―¿Qué demonios, Selena? Saca el teléfono de mis manos y lo arroja al salón. Rebota en un mullido almohadón azul y luego cae en mi alfombra peluda color turquesa. ―No puedes llamarlo. Usará cualquier mierda astuta que pueda para hacer su camino de regreso a tu vida. Te engañó, un millón de veces. Te mereces a alguien mejor que él. ―Lo sé, pero debería llamarlo y ver si está bien. Negaba mientras se ataba los rizos en un moño en la parte superior de su cabeza. ―Él está bien. No te convenzas de que está sentado en casa mirando el teléfono esperando a que llames, porque no lo está. Va a estar fuera en algún lugar ligando chicas y bebiendo hasta desmayarse. Al diablo con ese ruido. Me aparto de ella para verter la salsa César a la mezcla de ensalada. Sé que no soy la que hizo algo malo, pero, ¿se supone que deje que seis años se vayan por el desagüe como si no significaran nada? ¿Es así como funciona? Seis años de tu vida es mucho tiempo para darle a alguien. Al menos debería aclarar las cosas entre nosotros, así me sentiré mucho mejor sobre perder tanto tiempo. Selena termina de mezclar el pollo con la ensalada y deja que se enfríe. ―Tengo que hacer pis ―anuncia, dejando la cocina en busca del baño. Tan pronto como escucho cerrarse la puerta del baño corro hacia mi teléfono y salgo. Llamo al número de Blade y por primera vez en la historia, responde inmediatamente. ―¿Estás follando con un tipo llamado Seth Marc? ―No hay calidez en su voz y eso me sobresalta. ―Hola a ti también… ―Respóndeme. ―¿Quién te dijo eso? ¿Y cómo es que sabes quién es? Es nuevo en la ciudad. ―Un amigo te vio con él en el restaurante de carnes y todos los que siguen la MMA de aficionados saben quién es. No quiero que lo veas. La demanda en su voz me molesta al instante. ¿Cómo se atreve a decirme qué hacer? ―Puedo ver a quien quiera. No estamos más juntos, ¿recuerdas? Rompí contigo. 36
  36. 36. No niego si estoy o no estoy viendo a Seth. Blade piensa que soy aburrida y sencilla, así que quiero que vea que otros hombres, hombres sexy, me desean. Quiero que vea que lo arruinó. ―Olly. ―Blade respira en el teléfono―. Este tipo golpea personas para ganarse la vida. No quiero que estés cerca de él. ―Su tono tiene un borde más suave y casi me llega hasta que oigo una chica en el fondo diciéndole que vuelva a la ducha. No voy a mentir, eso dolió. ¿Por qué siquiera lo llamé en primer lugar? Me gusta el aire entre nosotros así como está, sucio, como él 3. ―Voy a continuar viendo a Seth si quiero. ―Estoy segura de que puede oír el temblor en mi voz, pero estoy agradecida de que no pueda ver mis manos temblorosas―. ¡No te pertenezco, a nadie! ―Cuelgo cuando la puerta del cuarto de baño se abre. Selena entrecierra sus ojos verdes hacia mí, cruzando los brazos sobre su pecho. ―Por favor, dime que no acabas de llamar a Blade. Empujo más allá de ella. ―Sí, y te alegrarás de saber que todavía está todo terminado entre nosotros. Lanzo mi teléfono en el sofá y me dejo caer en una silla en la mesa de la cocina. El aspecto del pollo grillado en la ensalada me hace la boca agua. A pesar de lo cabreada que estoy, una chica tiene que comer. Mi estómago gruñe y estoy más allá del punto de tener hambre. Me siento un poco mareada, pero todo huele tan bien. Ataco mi ensalada comiendo grandes bocados de pollo y lechuga, tragando con gratitud. ―Entonces ―comienza Selena, recogiendo en su ensalada―. ¿Vas a decirme lo que pasó con Blade? ―Como que le dije que tenía un nuevo novio ―digo con la boca llena de comida. Sus ojos se abren. ―¿Qué dijo? ―Que no quiere que lo vea. ―¿Qué lo veas? ―Le dije que estoy saliendo con Seth. 3 Juego de palabras, ya que antes usa la expresión “clear the air between us”, limpiar el aire entre nosotros, al decir que quiere llamar para aclarar las cosas entre ellos. 37
  37. 37. ―¿Quién es Seth? ¿Qué? Estoy a punto de tirarle mi tenedor. ―El tipo del restaurante de carnes. Coloca una cuidada mano sobre su boca y se ríe a través de sus delgados dedos. ―Jesús, O. ¿Por qué hiciste eso? Casi me hizo gracia. ―Porque Blade parece pensar que soy simple y nadie más me querría. Quiero que vea que soy deseable para los hombres, sobre todo para alguien como Seth que, seamos sinceras, tiene una cara y un cuerpo esculpidos por Dios mismo. Él puede tener cualquier chica que quiera. ―No todas las chicas ―dice Selena, tratando de hacer una declaración. Inclino mi cabeza y estrecho mis ojos hacia ella, desafiándola. Incluso Selena sabe que cualquier chico guapo que hace batir una pestaña hacia ella y ella irá con él, ni siquiera tiene que ser guapo la mitad del tiempo. Mastica un pedazo de lechuga, riendo. ―Mentí totalmente. Le dejaría tomarme. Maldición, si hubiera sido él el que pedía una mamada en el baño, lo hubiera hecho y le hubiera pagado. Escupo ensalada por toda la mesa, sin poder contener la risa. Selena se ríe también y pronto, la conversación entre Blade y yo sale de mi mente. Todo lo que quiero hacer es pasar el rato con mi mejor amiga. 38
  38. 38. 5 Pasar la noche comiendo bocadillos y viendo Mean Girls 4 fue exactamente lo que me recetó el doctor. Después de dejar a Selena en la firma de abogados de su padre, me fui al gimnasio. Voy a tener que pasar más tiempo en la cinta de correr hoy si quiero quemar todos esos azúcares y grasas trans que me comí anoche. Sin embargo, valió la pena. Me acerco al edificio y mientras mis dedos se enrollan en la manija de la puerta, me doy cuenta de que estoy sosteniendo la respiración. La dejo salir lentamente y abro la puerta. No lo mires. No lo mires. Fallo miserablemente y mis ojos me traicionan, lanzándose directamente a donde se encontraba ayer. Hago una mueca cuando mi mirada cae sobre el espacio vacío. Seth no está aquí. De repente, mi motivación para estar en el gimnasio disminuye. ―¡Olivia! ―Mi papá me llama desde la ventana en el centro de la pared, al menos dos pisos más arriba. Hace señas con su mano, haciendo un gesto para que suba las escaleras. Voy a la oficina de mi padre, deseando estar de vuelta en la cama para dormir. Entro y cierro la puerta detrás de mí. La oficina de papá es su lugar sagrado y me siento incómoda estando aquí rodeada de recuerdos de sus artistas marciales y boxeadores preferidos, en cajas de cristal en la pared. Mamá no le permitiría tener una “cueva de hombres” en casa, por lo que comenzó una en el trabajo. A veces me preocupa que lleve las cosas demasiado lejos. ―Hola, papá ―digo, dejándome caer en una silla cómoda frente a su escritorio. Se levanta de su silla y se coloca una chaqueta. ―Olly, necesito un favor. 4 Mean Girls: (Chicas pesadas, en Latinoamérica, y Chicas malas, en España) comedia adolescente norteamericana dirigida por Mark Waters. Está basada en el libro Queen Bees and Wannabes de Rosalind Wiseman Y tiene como protagonistas a Lindsay Lohan, Rachel McAdams, Tina Fey y Amanda Seyfried. 39
  39. 39. Sus palabras dejan una sensación inquietante en mi estómago, o tal vez es el uso de mi apodo. Agh. ―… Está bien. ―Necesito que atiendas el gimnasio por mí hoy. Derrick está de vacaciones y no tengo a nadie que ordene este lugar. Tengo unas cuantas citas médicas para pruebas al azar. ―Revisa su muñeca como si no fuera gran cosa y de repente me pongo preocupada―. Pero debería estar de vuelta en un par de horas. ―¿Está todo bien? ―Sí, todo está bien. Tu madre está preocupada por mi salud. ―Saca sus enormes ojos de cachorro y sonrío. ―Claro, puedo hacer eso por ti. ―Eres una buena chica. ―Extiende sus brazos hacia mí para que le dé un abrazo y yo salto en ellos. Sus brazos se envuelven a mi alrededor y soy atrapada por ese típico olor a padre. Ni siquiera sé cómo describirlo. En cualquier caso, es reconfortante―. Nunca pondría este estrés en ti si tu hermano estuviera aquí. ―No es estrés, papá. Es sólo por un día. Creo que puedo manejarlo. Me entrega una larga lista de todas las cosas que tengo que hacer, cosas por las que se niega a contratar a alguien para que las haga cuando abrió este tugurio cuando yo era pequeña. Cosas como, limpiar los equipos, recoger las toallas, vaciar los cubos donde escupen, evaluar las máquinas y un montón de otros trabajos de mierda que mi padre no debería tener que hacer. Ajusta una foto de mi hermano y yo de niños antes de colocar un suave beso en mi mejilla. ―Gracias. Lo sigo desde la oficina y mientras cruzamos el piso del gimnasio hacia la puerta principal, veo a Seth. Él está aquí. Se abre la cremallera de la sudadera con capucha negra y la tira sobre una silla vacía. Sus dedos se curvan alrededor del borde de su camiseta blanca lisa y se la saca por la cabeza, dejando al descubierto una deliciosa e interminable cantidad de músculos. Sus labios están apretados en una delgada línea cuando toma la bolsa con las manos sin guantes. La forma en que sus puños se conectan con fuerza bruta e ira me hacen pensar que algo está mal con él. Muestra sus dientes ligeramente cada vez que los puños golpean la bolsa y sus cejas están fruncidas, envejeciéndolo. 40
  40. 40. Empujándolo a la parte posterior de mi mente, continuo caminando con papá al coche y lo saludo antes de volver a entrar en el gimnasio. Mi teléfono vibra y lo saco de mi bolsillo trasero. DE: BLADE 08:59 A.M. Esta es la última vez que te advierto Deja de ver a ese tipo. Vaya. No hay nada como un texto de un ex que te diga cómo vivir tu vida para ponerte de mal humor. Siento mi cara con el ceño fruncido y me duele. Odio el ceño fruncido. PARA: BLADE 9:00 A.M. Déjame tranquila. Siento que mi teléfono vibra una y otra vez en el bolsillo, pero no contesto. Tengo mierda que hacer. Son sólo las nueve de la mañana y ya hay unas toallas cubriendo los equipos. Hago una ronda rápida por el piso, recogiendo las toallas y limpiando el equipo húmedo. Pronto, voy a tener que rociarlos para que estén limpios y estériles para la siguiente persona. Alegría. A propósito dejo las salas de entrenamiento y boxeo para el final. En secreto, espero que Seth haya terminado para cuando tenga que ir a esa sección. No quiero sentir… lo que sea que siento cuando estoy cerca de él. No soy esa clase de chica, pero me hace desear que lo fuera… y odio eso. Me hace sentir barata y… sucia. De mala gana, entro en su área. Hago un rápido escaneo y por suerte no hay toallas. Me vuelvo sobre mis talones, sonriendo. Creo que es hora de un merecido descanso en la oficina de papá. ―Espera ―la profunda voz de Seth me llama y me congelo mientras el pavor se desliza a través de mi estómago. Me vuelvo hacia él y su expresión sería totalmente sexy, si la mirada en sus ojos no fuera tan ilegible. La toalla blanca que sostiene en su mano cae al suelo. ―Se te olvidó una. 41
  41. 41. Echo un vistazo a la toalla y luego de vuelta al rostro severo de Seth. No tengo idea de lo que está haciendo o qué juego está jugando. Lentamente, me dirijo hacia él. Su rostro no tiene remordimientos, como de costumbre. Frunzo el ceño. No hay movimiento de su labio o calor en su mirada. Debe estar realmente enojado. Por desgracia no me siento con ganas de hacer lo que él dice, hoy no. Estoy enojada, también. Podría haber recogido la toalla si otro masculino ya no me hubiera demandado que hiciera algo, o dejara de hacer algo en el caso de Blade. Estoy parada ante el enorme trozo de músculos y de ninguna manera soy repentinamente inmune a la autoridad que emana de él, pero no me gusta la forma en que me habló. Presiono mi dedo índice contra su pecho duro y húmedo, haciendo todo lo posible por ignorar la corriente eléctrica disparándose a través de la punta de mi dedo y produzco mi mejor sonrisa de “vete a la mierda”. ―Recoge tu maldita toalla. No me alejo, a pesar de que lo planeaba en mi cabeza. No puedo y no tengo ni puta idea de por qué. Él está en mi espacio personal de nuevo y no creo que vaya a ser capaz de escapar esta vez. Nuestros ojos permanecen fijos, manteniendo al otro en su lugar. Su mano encuentra mi cadera y mi respiración queda atrapada en mi garganta cuando la agarra, tirando de mí hacia él. Estoy sin aliento por su contacto y él no parece en lo más mínimo afectado por mí. Se siente como si mi pecho estuviera a punto de explotar mientras mi corazón tartamudea, se detiene, y luego se acelera de nuevo en un ritmo errático. Me quedo mirando sus labios, sabiendo exactamente cómo se sienten contra mi propia piel. Su cara todavía está enojada, pero un toque de placer destella en sus ojos oscuros mientras sigo a su mano y doy un paso más cerca de su cuerpo. El dedo que tenía en su pecho se aplana por lo que toda mi palma presiona firmemente contra su carne y puedo sentir el latido de su corazón, golpeando tan rápido como el mío. El silencio entre nosotros se carga de electricidad y una sensación de hormigueo comienza en el centro de mi estómago, irradiando hacia el sur. A nuestro lado, una mujer se aclara la garganta y yo salto, sin saber que he perdido completamente la noción de dónde estoy. Seth tensa la mandíbula perceptiblemente cuando desplaza su mirada hacia ella. La chica es rubia y hermosa, definitivamente material de supermodelo. Su vestido azul ajustado se aferra perfectamente a su construcción y acentúa sus tetas falsas de tamaño medio. Síp. Definitivamente está aquí por él. Mueve sus largas pestañas negras hacia él, pero incluso puedo ver los ojos azules que brillan fijamente desde debajo de ellas. Miro a Seth, pero él no quita su mano de mi cadera y ahora que ella está aquí decido que me siento incómoda. 42
  42. 42. Hago palanca en sus dedos apartándolos de mi cadera y él deja caer su mano de nuevo a su costado. Me aparto de ellos y hago mi mejor esfuerzo por parecer casual, mientras camino fuera de esa sección. Él habla en voz baja con la chica y ella responde en una voz que es tan vinosa y azucarada que me da náuseas. Mis pasos casuales se vuelven rápidos cuando muevo las piernas tan rápido como puedo, sin llamarlo correr, todo el camino a la oficina de mi padre. Una vez allí, cierro la puerta y me apoyo contra ella. Ni en un millón de años hubiera pensado que la espeluznante oficina-santuario MMA de papá me traería comodidad. Siento presión en mi cadera, como si su mano todavía estuviera allí y estuviera irradiando placer a través de todo mi ser. Cierro los ojos y tomo unas cuantas respiraciones profundas. Cuando recupero la compostura, me dirijo a la ventana. Seth se dirige a las duchas con sus ropas en la mano y la chica está abandonando el gimnasio con líneas de rímel corriendo por su rostro. Pobre chica. Realmente siento pena por ella y la que vino por él ayer. Nunca quiero ser una de esas chicas. ¿Él siquiera les deja claro de antemano que no quiere tener nada que ver con ellas después de tener sexo… suponiendo que siquiera han tenido sexo? Niego. Por supuesto que ha tenido sexo con todas las chicas que han venido por él hasta ahora. Seth parece una persona muy sexual y probablemente tiene un apetito sexual que yo nunca sería capaz de saciar. Caigo en la silla de mi padre y pongo mis pies sobre su gran escritorio de roble. Reflexiono sobre lo que voy a hacer esta noche cuando salga de aquí. Selena no va a querer sentarse a ver películas de nuevo. Incluso ayer por la noche estaba teniendo dificultades para sentarse en un solo lugar. Normalmente me paso las noches esperando por Blade o con Blade. Generalmente, vemos películas y cocinamos juntos. A veces, jugamos a las cartas o un juego de mesa… Me doy cuenta de que estoy atascada en una zona de confort, una rutina. La idea de ir a casa para hacer nada me aterra. Me pone ansiosa y por eso decido hacer algo completamente impropio de mí. No puedo romper mi “rutina Blade” en casa sola. Tengo que salir. Saco el teléfono de mi bolsillo y borro todas las llamadas perdidas de Blade de mi barra de notificaciones. Luego, le envío un mensaje de texto a Selena. PARA: SELENA HORA: 9:40 A.M. En mi casa a las 10 esta noche. ¡¡Vamos a salir!! 43
  43. 43. Ella responde al instante. DE: SELENA HORA: 9:40 A.M. ¡Mierda, sí! ¡Cuenta conmigo! Te quiero, O. XO En el gimnasio, me quedé en la oficina de mi padre hasta que volvió. No vino mucha gente hoy así que nada estaba fuera de lugar. Seth se fue después de la ducha y me las arreglé para pagarle siete dólares a un niño para que limpiara las máquinas con un antiséptico bueno para el medio ambiente, mientras su madre corría en la cinta. ―Gracias de nuevo, Olly ―dice papá cuando abro la puerta para salir de su oficina. ―En cualquier momento, pa. Sabes que estoy aquí siempre que me necesites. Voy a salir de la puerta, pero su voz me detiene. ―¿Has pensado en la cena del domingo? Mierda. Es incómodo cuando alguien te lleva a un gesto vacío. Quiero ir a cenar a casa de mis padres, lo hago, pero no quiero tratar con ellos uniéndose contra mí para que vuelva a casa sólo para llenar su nido vacío. ―Te prometo que no te voy a molestar sobre mudarte ―dice, metiendo sus manos en los bolsillos de sus pantalones de chándal―. Aunque no puedo hablar en nombre de tu madre. Ya sabes cómo es. Suspiro. ―Bueno, iré a cenar, pero dile a mamá que no tiene que dejarlo todo y una pequeña cena estará bien. Además, si puedes decirle que mantenga las películas infantiles en su caja será más probable aparezca. Papá sonríe. ―Veré lo que puedo hacer. Te quiero. Se vuelve para mirar por la ventana. ―Yo también te quiero ―digo mientras cierro la puerta detrás de mí. * * * 44
  44. 44. No me gusta ir a las discotecas. La última vez que fui a una discoteca, era el cumpleaños (real) de Selena, hace seis meses y porque no suelo ir a bailar, mi gama de vestidos cortos y atractivos, es limitada. Tengo que elegir entre uno negro de cuello sin mangas y un vestido de coctel color coral sin hombros. Personalmente, preferiría no ponerme ninguno. Tiro ambos vestidos en el suelo y me dejo caer de nuevo en la cama con un fuerte suspiro. El sol se puso hace una hora y Selena tiene la intención de estar aquí dentro de tres horas. Me pregunto si me odiará si cancelo. Un golpe en la puerta me saca de mis pensamientos. Me pongo una bata encima de mi ropa interior de encaje negro y me dirijo a la puerta. Cuando la abro, veo a Selena con la cara libre de maquillaje. Eso es una primera vez para ella. No necesita maquillaje, tiene uno de esos rostros de belleza natural. ¿Saben?, los que tienen pestañas espesas, pómulos altos, labios gruesos y una perfecta tez para arrancar. ―Llegas temprano. Muy temprano. Se encoge de hombros. ―Estoy muy emocionada por esta noche. Deja de mirarme. Estoy horrible. Me ahogo con una carcajada mientras se empuja más allá de mí. Selena tira de una pequeña maleta púrpura detrás de ella. ―¿Tu papá finalmente te dio una patada en el culo a la acera? ―pregunto, cerrando la puerta. ―No, esto es para esta noche. ―Selena hace rodar la maleta en mi habitación y la sigo muy de cerca. Ella toma un vistazo de los vestidos en el suelo y me sonríe―. Gracias a Dios que no estarás usando ninguno de esos. Fingiéndome insultada, exijo: ―¿Qué hay de malo con ellos? ―Son del año pasado. Eso es lo que hay de malo. Abre la cremallera de su maleta y saca un corto vestido rojo y ajustado, sin duda. Lo veo y lo único que viene a mi mente es: PUTA. ―No voy a usar eso. Ella pone mala cara. ―¿Por qué no? ―Porque es demasiado escandaloso… Quiero divertirme y hablar con chicos, no terminar en una zanja al final de la noche. 45
  45. 45. Pone los ojos en blanco. ―Dios, suenas como tu madre. ―Abro la boca para protestar, pero levanta la mano―. Tienes que relajarte. Este es manso en comparación con lo que otras chicas visten, confía en mí. Selena sostiene el vestido delante de ella y en un examen más minucioso puede que haya exagerado. No es tan malo. Es decir, el pequeño recorte en medio de los pechos no expone demasiado, supongo. Y asumo que Selena no me está dando opción. Tomo el vestido y dejo caer mi bata. ―¡Mírate, bombón! ―Rió Selena―. Ir al gimnasio está realmente dando sus frutos. ¡Estás tan en forma y has logrado mantener animados esos grandes pechos ole' tuyos! Tal vez debería empezar a ir al gimnasio. Da un paso hacia adelante, con las manos extendidas para tocarme y yo la aparto de un golpe, incapaz de evitar la risa en mis labios. ―Eres una lesbiana, basta. Me deslizo en el vestido y hago que Selena suba la cremallera. Cuando está puesto y hago un pequeño giro, su boca se abre y coloca las manos sobre su pecho. ―¡Te ves increíble! ―chilla―. Sabía que este vestido se vería bien en ti. Me acerco a mi espejo y estoy absolutamente anonadada por lo bien que se ve en mí. El rojo es sin duda mi color. ―Ahora siéntate ―demanda Selena y doy unos pasos hacia atrás para sentarme en el borde de mi cama. Saca una gran caja de metal de la maleta y la abre. Estoy sorprendida por la cantidad de maquillaje que tiene. Inmediatamente se pone a trabajar con sus bases, polvos, cosas rosadas y cosas negras. Estoy segura de que tienen nombres formales, pero se pierden en mí. No tengo ni idea. Cuando Selena termina la creación de su obra maestra se aleja de mí, dándome la vista de mí misma en el espejo. No me reconozco. Mi piel cremosa es perfecta y mis ojos verdes están resaltados por un color negro al que Selena se refiere como “ónix reluciente”. Mis labios están brillantes y mi largo cabello chocolate cae en cascada en línea recta por mi espalda. ―Vaya. ―Es todo lo que puedo decir. ―Lo sé. Soy buena. Encuentro un par de tacones de aguja blancos en mi armario y me deslizo en ellos. No soy de halagarme, pero joder que me veo sexy. De hecho, me siento tan bien conmigo misma que podría incluso considerar la idea de traer un extraño a mi casa conmigo. 46
  46. 46. O no. Lo más probable es que no. Selena pasa casi dos horas preparándose y si me veía como una supermodelo cuando terminó conmigo, ella parecía una súper-supermodelo. Su vestido violeta oscuro sin tirantes tiene un corte en forma de corazón y termina a mitad del muslo. Sus largos rizos rubios caen rectos contra su espalda y sostiene su cabello a ambos lados mientras se coloca dos aros de oro. ―Programé un taxi para que venga por nosotras a las nueve. Miro el reloj. ―Eso es ahora. Efectivamente un bocinazo suena en el exterior y Selena me lleva por el codo. Ansiosamente me arrastra desde la casa antes de tener la oportunidad de cambiar de opinión acerca de esta noche. Estamos en el taxi y cuanto más me alejo de casa, más fuerte crece la inquietante sensación en mi estómago. Ahora que estoy fuera y de camino a un club, me hubiera gustado no haberle enviado el mensaje a Selena y sugerirlo. * * * Llegamos al Bar Lux Lounge y el guardia de seguridad nos permite entrar directamente porque él y Selena son amigos. Por supuesto que lo son. Probablemente es amiga de todo el personal dentro. Nunca he estado en Lux antes y cuando entramos en el club estoy impresionada. No es como los otros clubes en los que he estado. Exclusivo es un eufemismo. Hay gente en los sofás que lo rodean y el piso está iluminado por luces LED azules que conducen hasta el bar justo delante de nosotras. Es imposible pasarlo por alto. Es enorme, blanco y brillante. Cinco camareros atienden el bar y están rodeados de gente gritándoles órdenes. Ni una vez las sonrisas salen de sus caras. Este lugar rezuma elegancia estéril y tal vez voy a pasarlo bien después de todo. Selena entrelaza sus dedos con los míos y me tira a su lado en el bar. Pasamos mucho tiempo allí, recibiendo bebidas gratis de los chicos que quieran bailar. Algunos son calientes y otros… no lo son. De cualquier manera, les prometemos que bailaríamos después. Sólo esperaba que se desmayaran antes. Cuando probablemente tuve demasiado de beber, 47
  47. 47. dejamos el bar y nos dirigimos a la pista de baile. Bailamos fuerte y rápido, balanceando nuestras caderas y sólo bailando una con la otra. Me doy cuenta de que Selena está realmente tratando de hacerme pasar un buen rato. Ni una sola vez ha bateado un párpado hacia un chico a pesar de que un montón de ellos le daban su atención. Quiere que vea que esta noche se trata de mí, ella y nuestra amistad. Eso es exactamente lo que necesito. Hablé demasiado pronto cuando grandes manos agarran mi cintura alejándome de Selena. ―Baila conmigo ―murmura él en mi oído. La miro con los ojos abiertos mientras el tipo me agarra fuerte. “Ayúdame” le gesticulo a Selena, pero ella levanta sus cejas y se encoge de hombros, señalándome que me dé la vuelta. De mala gana, me doy la vuelta y el hombre que prácticamente me está manoseando no está tan mal. Tiene el cabello oscuro y largo que se enrosca debajo de la barbilla y sus ojos son de un hermoso azul que refleja el suelo radiante debajo de nosotros. Bajo su traje de negocios, siento su cuerpo duro como roca. Mi cabeza nada por el alcohol y a mi habitual ser cuidado en realidad no le importa. A la mierda. Voy a aceptar. Bailo con él, dejando que sus manos recorran todo mi cuerpo. No provoca una emocionante sensación en mi estómago como lo hacen los ojos de Seth, pero es lo suficientemente caballero como para no sumergirse en mi sujetador o mi ropa interior y lo agradezco. El desconocido me gira por lo que quedó mirando a la otra dirección y mi culo presiona contra su… ya saben. De repente me siento incómoda y me las arreglo para espabilarme un poco. Esta no soy yo. Trato de alejarme del hombre, pero sus manos me mantienen firme en el lugar. Ansiosamente busco a Selena en la multitud, pero no puedo verla. Las luces parpadean encima de mí, capturando mi atención. Es la zona VIP. Unas pocas personas se inclinan en la barandilla mirando a los bailarines debajo de ellos. Otros están descansando en sofás riendo debajo de candelabros inmaculados. Los examino con la visión borrosa hasta que atrapo un par ojos familiares, deteniéndome en seco al instante. Seth. Su aspecto me golpea como una tonelada de ladrillos y me vuelvo aún más sobria. De repente, me da vergüenza estar moliéndome contra un extraño. El desconocido no se da cuenta que ya no quiero bailar y me jala aún más cerca de él. Coloca su cabeza en ángulo y su lengua caliente viaja por el lado de mi cuello antes de presionar sus labios con impaciencia contra mi piel. Siento que voy a vomitar. Mi cabeza gira y mis piernas se tambalean. Los ojos de Seth permanecen en mí todo el tiempo y su amigo, el 48
  48. 48. que llevaba una gorra roja en el restaurante, se acerca a hablar con él. Su mirada es intimidante y una vez más no puedo mirar hacia otro lado excepto él. Se ve positivamente increíble en una camisa de manga larga negra levantada hasta los codos, exponiendo sus gruesos antebrazos. Lleva su botella de cerveza a los labios y bebe un sorbo. Desearía ser esa botella de cerveza. Una mano cálida se envuelve con dureza alrededor de mi brazo, apartándome de las manos del desconocido y lejos de la cara de Seth. Me tropiezo a través de la multitud, dejando que quien sea que esté tirando de mí me arrastre fuera de la pista de baile. Cuando nos separamos de los bailarines, me sorprende no haber trastabillado con mis tacones ridículamente altos. La persona que me arrastra se vuelve hacia mí. ―¿Blade? ―le pregunto, confundida de que esté aquí. Nunca viene aquí. Lleva su habitual equipo de levante: una extraña camiseta con chicas desnudas en ella y un par de jeans sueltos. Sus labios se mueven rápido, pero no puedo escuchar nada. La música está ahogando sus palabras. ―¿Qué? Me toma del brazo de nuevo y me tira fuera del club a través de una puerta lateral. Tropiezo hacia un callejón vacío que huele a alcohol, orina y vómito. Sus ojos se estrechan hacia mí, sus fosas nasales están dilatadas. Vaya, uno pensaría que acabo de engañarlo. ―¿Qué demonios estás haciendo, Olivia? ―Estaba bailando. ―Eso no es bailar. ¡Tenía la boca sobre ti! ¿Es repugnante que me sienta un poco contenta de que Blade esté tan enojado? ―¿Y? Puedo hacer lo que quiera. Soy soltera. ―No, no lo eres. ¡Eres mía! Doy un paso hacia él, apuntando mi dedo a menos de un centímetro de su nariz. Él agarra mi mano, presionándola contra su pecho. Su cuerpo se siente completamente diferente ahora que he tocado el enorme pecho de Seth. Blade se siente como un niño bajo mis nudillos. ―No soy tuya. No soy algo que se puede poseer. ―Trato de alejarme de él, pero su mano libre se apodera de mis caderas y me tira hacia él. 49
  49. 49. ―Bebé, por favor. Lo siento… verte con ese tipo me hizo daño. Me estás haciendo daño. Aprieto los puños hasta que la piel sobre mis nudillos se vuelve blanca. ¿Cómo se atreve decir una cosa así? Lo empujo con fuerza y se tropieza lo suficiente como para soltarme. ―¿Te estoy haciendo daño? ¿Y yo qué? ―Estoy gritando y ni siquiera me importa. Las lágrimas llenan mis ojos, pero me niego a dejarlas caer―. ¡Tú me has hecho daño! Es por eso que estamos en este lío. No te importo. Sólo estás cómodo… atrapado en una rutina. ―Olly, bebé… Tengo que hacerle ver que no estoy jugando esta vez. Tengo que golpearlo donde más duele. ―No te amo y no lo he hecho desde hace un tiempo. Sólo me tomó mucho tiempo darme cuenta de ello. Voy a alejarme, pero él me agarra otra vez, sosteniéndome con fuerza contra él. ―No voy a dejar que vuelvas ahí. ―Que yo sepa este sigue siendo un país libre. ―La voz profunda de Seth suena en todo el callejón. Blade me libera y tropiezo hacia atrás cuando unas cálidas manos femeninas se envuelven alrededor de mis hombros. ―¿Estás bien? ―susurra Selena, tirando de mí hacia ella y yo asiento. Ella me tira hacia atrás hasta que estoy de pie con seguridad al lado de Seth. ―Se me olvidó que tenías novio ―expone Blade, escupiendo el suelo. Mierda. Seth me mira, con la ceja levantada. Gracias a Dios que el callejón no está iluminado de lo contrario todo el mundo vería más mi rostro, sin duda, de color escarlata. Asiento rápidamente, suplicante. La última cosa que quiero es parecer estúpida frente a Blade. Ya me he visto bastante estúpida por su culpa. ―Sí. ―La gran mano callosa de Seth se envuelve alrededor de mi muñeca y me tira un poco por detrás de él. Suspiro ante el contacto de nuestra carne. Blade cruza los brazos sobre el pecho sin lucir en lo más mínimo impresionado. 50
  50. 50. ―¿Dónde te encontrabas tú cuando estaba prácticamente follando a un tipo en la pista de baile? Seth se encoge de hombros. ―Dando una vuelta. ―Casi puedo oír la sonrisa en sus labios―. Me gusta mirar. Los ojos azul hielo de la mirada furiosa de Blade van de Seth y luego a mí. ―Tú sí que sabes cómo elegirlos, Olivia. Me las arreglo para sonreír, cada vez más cerca de Seth, tan cerca que mis pechos se frotan contra su brazo. ―Tú eres la prueba de eso ―contesté, recordando respirar. Da un paso más y me pongo rígida. Seth aplastaría absolutamente a Blade y aunque él es un idiota, no quiero que lo lastime. Una sonrisa confiada se extiende sobre los labios de Seth, desafiando a Blade intentar algo. Blade tiene su inteligencia con él esta noche porque no hace nada para provocar a Seth. En cambio, gruñe: ―No te pongas demasiado cómodo porque seguimos juntos. Sólo estamos teniendo un desacuerdo. ―No ―exclama Selena―. Han terminado. Blade se aleja enojado y lo observamos hasta que desaparece del callejón. Seth suelta mi muñeca y me dirijo a Selena. Ella envuelve sus brazos alrededor de mis hombros de nuevo, tirando de mí en ella. Me sostiene por un rato. ―No te preocupes por él. Me aparto de ella y limpio mis ojos. ―¿Quieres ir a casa? ―me pregunta. ―Sí. ―Mi noche está arruinada. No hay vuelta atrás de esto y más alcohol sólo lo hará peor. ―Yo puedo llevarla ―ofrece Seth. Abro la boca para protestar, pero Selena me interrumpe. ―¿Cuánto has bebido? ―Una cerveza. Estoy bien para conducir. Doy un paso lejos de Selena e intento volverme hacia Seth, intento es la palabra clave. Mi zapato se atora en algo y me caigo. Cierro los ojos con fuerza y me preparo para el impacto que nunca llega. Cuando me doy 51
  51. 51. cuenta que no he golpeado el suelo noto la mano de Seth envuelta alrededor de mi cintura y la otra que tiene un firme control sobre mi brazo. Está tan cerca de mí que su delicioso aroma hace que mi cabeza esté aún más atontada. Selena está desplomada y riendo porque casi me caigo. Típico. ―… gracias ―murmuro mientras me ayuda a volver a estar de pie. Miro cualquier parte menos su rostro, que estoy segura que está sobre mí con diversión. ―Puedes llevarla. Si ella va conmigo probablemente nos romperemos el cuello antes de que lleguemos a casa. ―Selena tiene una sonrisa en su rostro y yo amplío mis ojos hacia ella, tratando de insinuar que no quiero estar a solas con Seth. Apenas puedo mantener mi mierda junta en público. Si estamos en un auto solos, Dios sabe lo que haré. Selena pone los ojos en blanco hacia mí y me besa en la mejilla. ―Gracias por venir conmigo esta noche. Te llamaré mañana. ―Selena, pero… yo… nosotras… ¡maldición! ―Ella se desliza a través de la puerta del club y me tengo que quedar afuera con Seth. Después de unos segundos, gano el coraje para mirarlo. Él mete las manos en los bolsillos de sus jeans mientras sus ojos oscuros siguen cada uno de mis movimientos como si me fuera a caer de nuevo. ―Bueno ―comienza―. Tu ex-novio es un idiota. ―Eso es decirlo agradable. ―Me quejo, pasando mis manos sobre mi cara―. ¿Podemos irnos? Realmente no estoy de humor para pasar el rato por aquí. Él saca un juego de llaves de su bolsillo trasero y hace gestos para que lo siga. En comparación con el aire en el club, el exterior es fresco y sopla refrescante a través de mi piel. Mis pies duelen en mis zapatos mientras camino detrás de Seth por la calle y hacia su auto. ¿Quién conduce a un club de todos modos? Cuando Seth desbloquea y se acerca a una gran tracción blanca de cuatro ruedas, tengo que decir que estoy sorprendida. Me imaginaba a Seth conduciendo una motocicleta o un auto deportivo, o algo completamente peligroso e innecesario. En su lugar, conduce una hermosa Range Rover. Es grande, fuerte y totalmente no lo que yo esperaba. Él abre la puerta para mí. ―Gracias. Sus labios se contraen bruscamente hacia arriba, moldeado su boca en una impresionante sonrisa, un poco torcida, y siento que mi pecho se contrae mientras intento, sin éxito, apartar los ojos de sus labios carnosos. 52
  52. 52. ―No me des las gracias ―dice cuando estoy cómoda en mi asiento―. Es lo que hacen los novios. ―Su sonrisa se ensancha en una arrogante en toda regla, y cierra la puerta. Mis manos vuelan automáticamente a mi cara para cubrir mi vergüenza. Nunca debí haber intentado provocar a Blade. Ahora me veo como el bicho raro que va por ahí diciéndole a la gente que Seth es mi novio cuando en realidad sólo hemos hablado un puñado de veces. Abre la puerta del conductor y se sube. Aparto las manos de mi cara, pero no me atrevo a mirarlo mientras acelera lejos del club. ―Lo siento mucho… ―Pido disculpas después de un tiempo. La honestidad es la mejor política, ¿no?―. Él me preguntó si nos estábamos viendo y para molestarlo no lo negué. Él se ríe. ―No es gran cosa. Me alegro de haber estado allí para ayudarte a salir de esta tormenta de mierda. ―Sí, yo también. ―Sin embargo no lo culpo por estar enojado. ―Se pasa la mano por el cabello rápidamente, mirándome antes de volver su atención a la carretera―. Te hubiera sacado de ese hombre yo mismo, si tu ex no hubiera aparecido. Me mofo. ―Lo habrías hecho, ¿verdad? ―Maldición, por supuesto que lo habría hecho. Ese tipo era un idiota de mierda. Eres demasiado… no sé… buena para dejar que un tipo como él ponga sus manos sobre ti. Estoy molesta por sus palabras. Odio cuando la gente actúa como si me conociera… pero, al mismo tiempo, estoy asombrada y no puedo evitar que una estúpida calidez se propague a través de mi estómago. ―¿Buena? Él asiente. ―Sí, quiero decir, ese vestido está un poco en el lado malo, pero puedo decir que eres una chica buena en el fondo. ¿Él puede decir? Hasta ahora todo lo que he hecho en su presencia es mirarlo fijamente, tocarlo y dejar que un tipo baile conmigo en un club. Eso no grita exactamente “chica buena”. Cruzo los brazos y decido no continuar con la conversación porque uno, probablemente diré algo estúpido. Dos, me siento como para vomitar y tres, porque cualquier hombre que te dé ganas de quitarte la ropa y permitir que él haga algo para ti dentro de los primeros 53

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