El documento aborda cómo España enfrenta una desigualdad intergeneracional, donde el gasto público se distribuye desproporcionadamente entre los mayores y los jóvenes, afectando negativamente el futuro de estos últimos. A pesar de que los jóvenes representan solo el 24% de la población, reciben solo el 20% del gasto público mientras que el 49% se destina a personas mayores, limitando inversiones esenciales en educación y políticas de largo plazo. Esto genera un ciclo de precariedad y deuda que las futuras generaciones de jóvenes deberán afrontar.